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Ruedan cabezas en el Vaticano

Las cabezas comienzan a rodar en el escándalo de abuso de niños en la Iglesia Católica.

Semanas después de que Europa escuchó los reportes de que sacerdotes estaban cometiendo abusos contra menores en esa región, el papa Benedicto XVI aceptó el jueves la renuncia de un obispo irlandés por su papel en el encubrimiento del abuso de niños en Dublín, mientras que otro obispo alemán también ofreció renunciar.

Los sucesos parecen ser parte de una nueva estrategia del Vaticano para deshacerse de los obispos que buscaron proteger a la Iglesia Católica del escándalo en vez de proteger a los niños.

James Moriarty de Kildare es el tercer obispo irlandés que renuncia en los últimos cuatro meses como resultado del escándalo sexual en la Iglesia de su país, y otros dos han ofrecido sus dimisiones y se espera que el Papa las acepte. Dijo que renunciaba por la necesidad de aceptar las responsabilidades del pasado. Hay crecientes llamados al cardenal irlandés Sean Brady para que renuncie por su mal manejo del caso de un violador de niños.

Cientos de personas en meses recientes han revelado los abusos, incluso en Alemania, patria de Benedicto, acusando a los sacerdotes de violarlos y abusar de ellos, mientras otros altos cargos de la Iglesia hacían la vista gorda.

Moriarty, de 73 años, presentó su renuncia en diciembre después de admitir que no había objetado la práctica de la Arquidiócesis de Dublín de ocultar las denuncias de abusos a la policía. Se desempeñó como obispo auxiliar de Dublín de 1991 al 2002 y después fue promovido a obispo de la diócesis vecina de Kildare.

"La verdad es que la prolongada lucha de los sobrevivientes por hacerse oír y respetar por las autoridades eclesiásticas ha revelado una cultura dentro de la Iglesia que muchos describirían sencillamente como no cristiana'', dijo Moriarty en una declaración. "Esto ha sido muy desalentador para todos los que se preocupan por la Iglesia''.

El prelado germano, Walter Mixa de Augsburgo, fue acusado de golpear a niños hace décadas cuando era sacerdote, así como por las irregularidades financieras en un orfanato católico donde prestó servicios, acusaciones que negó por semanas antes de admitir que pudiera haber abofeteado a niños.

Aunque no fue acusado de abuso sexual, el caso contra Mixa, miembro prominente de la Conferencia de Obispos de Alemania, centró más atención en la Iglesia alemana, ya sacudida por el escándalo.

Los defensores de las víctimas no se impresionaron con las acciones del jueves, y dijeron que un puñado de renuncias de obispos de bajo nivel no conlleva un peso moral cuando el alto liderato católico, incluyendo a Benedicto, ha sido cómplice en los encubrimientos pero nunca ha asumido responsabilidad.

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