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Dos rehenes de las FARC relatan su martirio

Ricardo Calvo permaneció secuestrado por las FARC durante 14 largos meses.
Ricardo Calvo permaneció secuestrado por las FARC durante 14 largos meses.

Cuando los empresarios colombianos Hernán Marino Ossa y Ricardo Calvo escucharon que el jefe militar de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Víctor Julio Suárez Rojas, alias "Mono Jojoy", había muerto, la noticia los hizo retroceder en el tiempo hasta la Sierra de La Macarena.

En esta zona selvática y montañosa, Suárez cayó abatido en la madrugada del miércoles por uno de los bombardeos más intensos y precisos que se hayan conocido en la lucha antiterrorista. Fue aquí precisamente entre campamentos de caminos enlodados, cuevas que servían de búnkers y vegetación espesa, donde los dos hombres de negocios, antiguos rehenes de las FARC, permanecieron en cautiverio durante 14 largos meses.

"En esas épocas comenzaron a dedicarse con más fuerza a los secuestros extorsivos'', dijo Ossa, de 54 años, en una entrevista a El Nuevo Herald en su apartamento de Aventura. "Es un tema indignante, un tema que te golpea en lo más íntimo porque el secuestro corta uno de los principios fundamentales de la persona: la libertad''.

El recuento personal de Ossa, padre de familia de 54 años, y Calvo, inversionista de 61 años, sobre el correr de los días, las semanas y los meses que les tocó vivir en la jungla colombiana es una pincelada dramática del conflicto interno que azota a esa nación por casi medio siglo. Pero es también un testimonio crudo de supervivencia y convicción de dos hombres que no se derrumbaron ante las adversidades, luego de que fueran secuestrados por guerrilleros izquierdistas el 26 de mayo de 1999.

Aquella noche, los dos amigos amigos fueron interceptados en una calle del barrio bogotano 7 de agosto por subversivos que se hicieron pasar por policías. El reloj marcaba unos minutos después de las 6 p.m. La afición colombiana esperaba con ansias el encuentro de entre el Deportivo Cali y el Palmeiras correspondiente a la final de la Copa Libertadores. Pero lo que aparentaba ser una operación de rutina policial era realmente una emboscada de las FARC, conocida en el lenguaje popular de los guerrilleros como "pesca milagrosa''.

La captura de rehenes mediante esta modalidad ha permitido a los rebeldes seleccionar a determinados grupos de colombianos, mantenerlos cautivos durante largos períodos de tiempo y exigir a sus familiares abultadas sumas de dinero. Los rescates, sin embargo, están sujetos a cambios de opinión o decisiones de último minuto de los jefes de las FARC.

La pesca milagrosa continúa en marcha. En junio pasado varios hombres vestidos de civil, encapuchados y con armas largas, detuvieron a una caravana de cinco vehículos y separaron a siete personas en una carretera poco transitada del municipio colombiano de Junín, una vía que conecta al poblado de Tumaco.

Las FARC se llevaron al grupo que tenía documentos de propiedad de vehículos y tarjetas de crédito. La acción tomó por sorpresa a los pobladores y alertó a las autoridades que, desde finales del 2005, no registraban una pesca milagrosa en esa región del Nariño.

Los secuestros masivos fueron alentados consistentemente por Henry Castellanos, alias Romaña, responsable del llamado Frente 53 de las FARC, uno de los cuerpos armados más activos, peligrosos y sanguinarios de la guerrilla. Inicialmente, Romaña había sido incluido entre los insurgentes muertos en el bombardeo de esta semana, pero después la información fue descartada por las propias autoridades colombianas. El cadáver, que supuestamente pertenecía a Romaña, no correspondía con las características y datos del servicio de inteligencia militar.

Calvo recordó que el día del secuestro no temieron por sus vidas y reaccionaron con naturalidad cuando los uniformados les ordenaron detenerse. Siguieron las órdenes a pesar de que la calle por la que transitaban era algo oscura.

Las estadísticas apoyaban los temores de Calvo y Ossa.

De hecho, Colombia ocupó durante mucho tiempo el primer lugar en el mundo con el mayor número de personas secuestradas. En la década del 2000, aproximadamente 3,000 se encontraban en esta situación, la mayoría en poder de los temidos frentes de las FARC.

"Ibamos hasta distraídos, pensando en ver el partido de fútbol del Deportivo Cali en la casa de Marino a las 8:30 p.m.", dijo Calvo, residente en Miami y dueño de una lavandería en el área de Kendall. "Creíamos que se trataba de una requisa como cualquier otra pero cuando detuvimos el vehículo aparecieron cuatro o cinco personas armadas. Aquí empezó todo''.

Siguiendo la línea operativa de las FARC, Calvo y Ossa fueron encarcelados en jaulas con mallas y alambres de púas, en medio de la selva, la humedad y las altas temperaturas, junto a una veintena de personas que esperaban ser liberadas por sus captores, explicó Ossa.

"Lo cierto era que ellos [las FARC], nos manejaban como si fuéramos cabezas de ganado. Nos desplazaban de un lado a otro cuando querían. Nos tuvieron amarrados varias veces, sobre todo cuando uno tenía mal comportamiento'', precisó Ossa, quien tuvo que emigrar con su familia a Estados Unidos cuando salió libre.

Calvo, su socio comercial, también optó por abandonar Colombia.

Ossa dijo que el campamento estaba enclavado en una de las llamadas zonas de distensión, un mecanismo aprobado por el ex presidente colombiano Andrés Pastrana hace casi una década con el objeto de lograr una paz de largo aliento con las FARC a través de la negociación política.

Sin embargo, el esfuerzo de acercamiento y búsqueda de una solución integral resultó un fracaso y duró poco. Los guerrilleros utilizaron las áreas de despeje para rearmarse, esconder a los secuestrados y traficar con drogas.

"Lo más aberrante era ver el dominio de las FARC en estas zonas aledañas. Era decepcionante ver ese sometimiento y la incapacidad de reaccionar'', aseveró Ossa. Dijo que los abusos de las FARC no sólo se concentraban en el trato denigrante a sus subordinados, sino en la presión sicológica a la que eran sometidos.

"En el séptimo mes de secuestro, Romaña llegó al campamento para negociar con nosotros, diciendo que éramos muy ricos. Pero yo le decía que por el 10 por ciento que reclamaba por mi rescate me podían ir pelando. No le gustó mi respuesta'', agregó Ossa.

El enclave estaba lejos de la acción de las fuerzas de seguridad del gobierno. No obstante, los insurgentes tenían rodeada la zona y al menos un grupo de 30 hombres fuertemente armados estaban a cargo de la vigilancia de los rehenes. Día y noche.

"La idea de escapar estaba presente, pero nunca tuvimos la oportunidad. Dimos todo lo que pudimos'', comentó Calvo, quien tiene el recuerdo de Romaña como un individuo arrogante y con ínfulas de grandeza.

"Antes de salir en libertad ese hombre me dijo que tenía escondida en la selva unas 20 toneladas de la mejor cocaína y que nos daba permiso para que le consiguiéramos clientes. Todo lo que decía Romaña era una barbaridad'', relató Calvo.

El cautiverio le pasó factura al grupo. Calvo bajó alrededor de 20 kilos. Ossa perdió más de 40 kilos. La comunicación con sus familiares se concretó 11 meses después del secuestro.

Para matar el tiempo y mantener ocupada la mente, los rehenes organizaron grupos para ejercitarse en las jaulas de encierro.

"Era una preparación artesanal que hacíamos en pequeños círculos por si acaso, por si había un rescate'', puntualizó Ossa. "Eso también ayudaba a superar la convivencia, que era difícil y que podía llegar a ser conflictiva en un estado de tensión''.

Calvo y Ossa fueron liberados sin la intervención del gobierno colombiano, es decir, sus familias debieron pagar un rescate y negociar directamente con las FARC. Calvo nunca más regresó y en el sur de la Florida empezó una nueva vida dedicado a los negocios. Ossa pasa temporadas entre Estados Unidos y Colombia.

Ambos se mostraron satisfechos por los avances del gobierno colombiano tras el bombardeo inicial del miércoles, considerado como el golpe más demoledor a la organización desde que en el 2008 cayó su vocero, Raúl Reyes.

"Creo que este bombardeo puede ser el final de las FARC. El Mono Jojoy era su líder, y nadie tiene su historial y liderazgo. Eso lo vimos y lo vivimos'', apuntó Calvo.

El gobierno del presidente Juan Manuel Santos, que asumió el cargo el 7 de agosto, ha dicho que están dispuestos a transitar caminos de pacificación, pero sólo si las FARC da señales concretas de paz.

Las exigencias del gobierno incluyen el cese de los ataques armados, secuestros y extorsiones.

"Las FARC tuvieron su cuarto de hora de gran poder y de sometimiento'', expresó Ossa. "Pero ahora la verdad es otra: están desmoronándose''.

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