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Cuba juzgará mañana a Alan Gross en nuevo episodio de fricción con EEUU

Alan Gross y su esposa en una foto familiar del 2005.
Alan Gross y su esposa en una foto familiar del 2005.

Cuba celebrará mañana el juicio contra el estadounidense Alan Gross, para quien el fiscal pide 20 años de cárcel por delitos contra el Estado cubano y cuyo caso se ha convertido en un nuevo episodio de fricción en la larga confrontación que mantienen La Habana y Washington.

Quince meses después de su arresto, este contratista estadounidense se sentará en el banquillo del Tribunal Provincial del Poder Popular de La Habana, acusado de "actos contra la independencia o la integridad territorial'' del país por distribuir equipos tecnológicos a comunidades judías en la isla.

Alan Gross, de 61 años, es un subcontratista de la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional (Usaid) y trabaja para la empresa Development Alternatives (DAI), con sede en Maryland, que se dedica a labores de desarrollo en otros países.

Su detención se produjo el 3 de diciembre de 2009 por distribuir equipos de comunicación satelitales a una comunidad judía, según Cuba de forma ilegal y para alentar la subversión en la isla.

Raúl Castro, pocos días después del arresto, consideró este caso como un ejemplo de que Estados Unidos "mantiene intactos los instrumentos de su política de agresión'' hacia la isla.

En numerosas ocasiones, de forma directa o indirecta, Estados Unidos ha reclamado la inmediata liberación de Gross, sostiene que lo que hizo no es delito y que Cuba ha obrado contra todas las obligaciones en materia de derechos humanos al haberlo mantenido preso más de un año sin presentar cargos.

La reacción de condena de Washington sobre este caso se hizo especialmente patente cuando se conoció, a primeros de febrero, la petición fiscal de 20 años de cárcel: incluso la Casa Blanca emitió un comunicado para denunciar "la injusticia sufrida por un hombre que estaba ayudando a aumentar el libre flujo de información de, hacia y entre el pueblo cubano''.

Así las cosas, el "caso Gross'' no solo se ha sumado a la larga lista de tensiones que jalonan medio siglo de enemistad entre Cuba y Estados Unidos sino que ha frenado posibles avances tras las señales de "deshielo'' que se produjeron con la llegada de Barack Obama a la Presidencia, tales como la eliminación de algunas restricciones para los viajes y envíos de remesas a la isla.

Entre otros, el secretario de Estado adjunto para Latinoamérica, Arturo Valenzuela, ha comentado en varias ocasiones que la falta de voluntad de Cuba para liberar a Gross ha complicado el diálogo con las autoridades de la isla.

Washington ha reclamado a Cuba un juicio justo para Gross, cuyos familiares podrán acudir a la vista, y también representantes consulares de Estados Unidos y abogados de la familia del contratista.

Los delitos de que se acusa a Gross están recogidos en el artículo 91 del código penal cubano donde se señala que "el que, en interés de un Estado extranjero, ejecute un hecho con el objeto de que sufra detrimento la independencia del Estado cubano o la integridad de su territorio, incurre en sanción de privación de libertad de diez a veinte años o muerte''.

Se trata de un artículo por el que también fueron detenidos y condenados numerosos disidentes cubanos del Grupo de los 75.

Desde que la semana pasada se conoció la fecha del juicio, el Gobierno cubano no ha vuelto a emitir más detalles sobre el caso. Una fuente oficial indicó hoy a Efe que la vista será a puerta cerrada.

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