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El Puerto de La Habana en la historia de EEUU

Con la llegada del 4 de julio, el fervor nacional inunda las calles de EEUU en honor a los “patriotas” que declararon y lucharon por la independencia frente a Gran Bretaña, homenajes que a menudo olvidan la ayuda brindada por el entonces gran rival de los ingleses en ultramar, España.

Como Francia (el mayor enemigo de Gran Bretaña en la Europa continental), el reino de España no dudó en posicionarse del lado de los revolucionarios americanos nada más estallar el conflicto, proveyéndoles de suministros desde los puertos de Bilbao, La Habana (Cuba) y Nueva Orleans (por aquel entonces en la Louisiana española).

“El destino de los intereses de las colonias (estadounidenses) nos importa mucho, y vamos a hacer por ellos todo lo que las circunstancias nos permitan”, proclamó al poco de ser nombrado secretario de Estado, equivalente al actual ministro de Exteriores, en 1777 el político ilustrado José Moñino, conde de Floridablanca.

Efectivamente, los intereses de España estaban estrechamente ligados a los de los revolucionarios estadounidenses, en la medida en que Gran Bretaña rivalizaba con los españoles por el control del Caribe, amenazaba las rutas comerciales por mar con América y controlaba desde principios de siglo los estratégicos enclaves mediterráneos de Menorca y Gibraltar.

Además de proveer de suministros a los rebeldes, España y las que por entonces eran sus colonias también aportaron destacados guerreros y estrategas a la causa revolucionaria, siendo uno de los casos más curiosos el del navegante menorquín Jordi Ferragut, quien más tarde anglicanizaría su nombre para pasar a la posteridad como George Ferragut.

Nacido en una familia de tradición marinera de Ciutadella (isla de Menorca), Ferragut llegó a los actuales EEUU en 1775, donde enseguida se unió a los revolucionarios como teniente de la armada de Carolina del Sur, con la que combatió a los británicos en Savannah (Georgia) y fue capturado en el sitio de Charleston (Carolina del Sur) en 1780.

Liberado más tarde en un intercambio de prisioneros, el navegante menorquín siguió luchando como voluntario al lado de los estadounidenses, llegando a perder por completo la movilidad en uno de los brazos.

Según el historiador Marshall Delancey en su libro “Comandante George Ferragut”, el marino podría haber llegado a salvar la vida al primer presidente de EEUU y héroe de la revolución, George Washington, dado que entre los descendientes del general “siempre se dijo que Ferragut era el oficial que, junto a un corneta, lo rescató de una situación peligrosa”.

Tras la guerra, Ferragut se estableció permanentemente en los nuevos EEUU, donde contrajo matrimonio y tuvo varios hijos, entre ellos el héroe de la guerra civil estadounidense David Farragut (que cambió la vocal de su apellido) y a quien sigue dedicada hoy día una plaza en Washington, DC, a escasos metros de la Casa Blanca.

Pero no fue Ferragut el único español que jugó un papel destacado en la guerra de la independencia de EEUU, y junto a él cabe recordar a figuras como la del agente sevillano Francisco Saavedra de Sangronis, la del comerciante vasco Diego de Gardoqui o la del gobernador de la Luisiana española, el conde Bernardo de Gálvez.

Saavedra, enviado por España a La Habana, logró recaudar más de 500,000 pesos de plata en pocas horas para financiar a las tropas americanas y francesas en la decisiva batalla de Yorktown, librada en 1781 y que supuso una estocada definitiva para el ejército británico, que se vio obligado a negociar el fin de la guerra.

Por su parte, el comerciante Diego de Gardoqui envió, desde el principio de la guerra, armamento y munición a los rebeldes, lo que le valió, al término del conflicto, ser el primer embajador de España en EEUU, así como la amistad de George Washington, junto a quien marchó en el desfile de investidura del recién elegido presidente.

Desde territorio americano y tras la entrada formal de España en la guerra en 1779, el gobernador Bernardo de Gálvez lideró varios ataques contra las tropas británicas en las áreas del golfo de México, que culminaron con la invasión de la Florida Occidental, entonces en manos inglesas.

Así, con hombres, suministros y, sobretodo, la fraternidad que deriva de compartir un enemigo, España contribuyó a la creación de la que actualmente es la primera potencia económica mundial y que este 4 de julio celebrará el 237 aniversario de su declaración de independencia.

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