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Vivir racionados: la libreta cumple medio siglo en Cuba

El gobierno cubano la llama “libreta de abastecimientos”. Los cubanos le dicen “libreta de racionamiento”, o simplemente “la libreta”.

De un modo o de otro, medio siglo después de su creación, la libreta ha pasado a simbolizar el enorme fracaso del sector agrícola de Cuba y la tenaz insistencia del gobierno comunista de Cuba en un subsidio igualitario para todos y cada uno de los 11 millones de habitantes del país.

Las tiendas estatales de alimentos que distribuyen las raciones están celebrando su 50 aniversario el viernes, aunque el decreto que creó el sistema fue hecho en marzo de 1962, en un momento en que las sanciones económicas de Estados Unidos a Cuba empezaban a causar escasez de alimentos, medicinas y otros suministros.

El gobernante cubano Raúl Castro hizo hace dos años un llamado al fin “ordenado” de un sistema de racionamiento bajo el cual “dos generaciones de cubanos han pasado su vida que a pesar de su nocivo carácter igualitarista, brindó durante décadas a todos los ciudadanos el acceso a alimentos básicos a precios irrisorios, altamente subsidiados”.

Castro ha estado fomentando una serie de reformas orientadas hacia el mercado para sacar su economía del pantano, recortando subsidios y otros gastos públicos, reduciendo las nóminas estatales y permitiendo más empresas privadas.

En realidad, la libreta ha estado reduciéndose durante décadas, especialmente después del comienzo de los años 90, cuando Cuba perdió sus subsidios de entre $4,000 y $6,000 millones al año de la Unión Soviética y tuvo que apretarse el cinturón hasta el último agujero.

En la actualidad, se estima que el gobierno gasta alrededor de $1,000 millones al año en el sistema — único en el mundo por su nivel de detalle y cobertura — una cifra enorme en una nación donde el sueldo oficial promedio es de menos de $20 al mes.

Con un sector agrícola estancado después de medio siglo de control centralizado del gobierno, Cuba tiene ahora que importar hasta el 80 por ciento de los alimentos que consume, lo cual hace que la factura de importaciones de alimentos pase de los $1,500 millones por año.

Los cubanos pagan menos de $2 por los artículos que reciben bajo la libreta de racionamiento —lo que se calcula como el 12 por ciento de su valor real—, una tabla de salvación para los pobres más pobres de la isla y una ayuda para cada hombre, mujer o niño más allá de sus ingresos.

Pero las raciones de alimentos sólo duran alrededor de 10 días de cada mes. El resto del tiempo, los cubanos tienen que comprar en mercados donde las leyes de la oferta y la demanda fijan precios mucho más altos.

En estos momentos, se supone que cada cubano reciba una ración mensual de siete libras de arroz, media botella de aceite de cocina, un pedazo de pan del tamaño de un sándwich al día, además de pequeñas cantidades de huevos, frijoles, pollo o pescado, espaguetis, y azúcar blanca y morena. Los niños reciben un litro de leche y algún yogur, los diabéticos reciben libretas especiales para sus dietas, y existen raciones especiales para ocasiones especiales: tortas ( cakes) para cumpleaños, ron y cerveza para las bodas, uniformes, lápices y libretas para el comienzo del curso escolar.

Pero no todas las raciones están disponibles cada mes, y el número de artículos y el tamaño de las raciones ha ido disminuyendo con los años. Ya no se incluyen papas, jabón, pasta dental, sal, cigarros y tabacos ni detergente líquido, entre otros artículos.

En la actualidad la libreta, impresa en un papel barato que se pone pardo, se entrega a cada una de los 3.6 millones de familias de Cuba y tiene 20 páginas, en lugar de 28 como en años anteriores.

Y, aunque las raciones representan sólo una pequeña parte de su consumo, los cubanos afirman que temen que la eliminación total del sistema dé un duro golpe a los jubilados cuyos ingresos promedian $12-$14 al mes.

Un axioma cubano afirma: “Con la libreta nadie puede vivir, pero sin la libreta hay mucha gente que no puede vivir”.

Se ha hablado en La Habana de reemplazar la libreta de los pobres con algo parecido a los cupones de alimentos, pero Castro ha puesto muy en claro que él quiere eliminar el sistema de racionamiento por completo.

El racionamiento se introdujo “con una vocación igualitaria en tiempo de escasez”, declaró en el 2011. Pero con el paso del tiempo, dijo, se ha convertido “en una carga insoportable para la economía y en un desestímulo al trabajo”.

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