Últimas Noticias

Material nuevo en libro sobre el Che

Icono de la Revolución cubana. Símbolo de la rebelión juvenil. El rostro en camisetas a la moda.

Esas son algunas de las percepciones públicas de Ernesto “Che” Guevara, el médico argentino que ayudó a Fidel Castro a derrocar a Fulgencio Batista el Día de Año Nuevo de 1959 y después a ejecutar a cientos de cubanos en la prisión de La Cabaña en La Habana.

Pero parecía un indigente cuando lo capturaron y ejecutaron en Bolivia en 1967, con su cabello y barba despeinados y llenos de mugre, y usando una camisa sin botones, al final de una larga persecución por parte de tropas bolivianas entrenadas por EEUU y agentes de la CIA nacidos en Cuba.

Esa es la persecución descrita en el nuevo libro de dos periodistas, Mitch Weiss, ganador del Premio Pulitzer; y Kevin Maurer, de The New York Times y coautor de No Easy Day ( Un día nada fácil), un éxito de librería sobre la misión de los Navy Seal que dio muerte a Osama Bin Laden.

Incluso los que han leído muchos libros anteriores sobre Guevara encontrarán nuevo material en HUNTING CHE: How a US Special Forces Team Helped Capture the World’s Most Famous Revolutionary ( PERSIGUIENDO AL CHE: Cómo un Equipo de las Fuerzas Especiales de EEUU ayudó a capturar al revolucionario más famoso del mundo), de Berkeley Hardcover; julio 2, 2013.

Aquí está la historia de los 16 Boinas Verdes de EEUU que entrenaron a los 640 hombres del Segundo Batallón de Rangers del ejército boliviano, para específicamente perseguir y enfrentar a Guevara y sus guerrilleros, una mezcla de veteranos luchadores cubanos y partidarios bolivianos.

Aquí está el papel del embajador de EEUU en La Paz, Douglas Henderson, quien supuestamente restó importancia a la amenaza comunista contra Bolivia y pareció obstaculizar los esfuerzos de los Boinas Verdes.

Y aquí está el papel de la burocracia del Departamento de Estado y la CIA en Washington, aun no seguros de que el Che estaba muerto incluso un día después que uno de los miembros cubanos de la CIA había oído los disparos que lo mataron y otro había enterrado su cuerpo.

Los detalles que Maurer y Weiss desentierran agregan una comprensión más clara y leíble a la persecución del Che que versiones anteriores, muchas de ellas relatos muy personales escritos por los principales participantes, pero que carecen del acceso de los autores a muchos de los actores y los archivos de EEUU.

Los autores rinden un homenaje especial al mayor Ralph “Pappy” Shelton, el Boina Verde a punto de retirarse que se hizo cargo de una última y militarmente arriesgada tarea de entrenar a las unidades de los Rangers bolivianos en 1967.

En un año en que 400,000 efectivos estadounidenses en Vietnam hacían esfuerzos para luchar una guerra esencialmente de guerrillas, Shelton mostraba cómo un pequeño grupo de Fuerzas Especiales de EEUU podía entrenar a los efectivos locales para luchar con éxito contra las guerrillas en el país.

Shelton escogió a un inteligente capitán el ejército boliviano, Gary Prado, no para hacer que los Rangers obedecieran las órdenes estadounidenses, sino para aconsejar a los entrenadores, desde abajo hasta arriba, cómo progresaba el programa de 19 semanas. Shelton los protegió cuando La Paz quería cortar el entrenamiento, pero apresuró a los Rangers hacia el combate después que se confirmó la presencia del Che en el área de Ñancahuazú.

El nativo de Mississippi también insistió en construir una escuela en la aldea de La Esperanza donde entrenaban los Rangers y tocaba su guitarra por las noches en el bar donde los Boinas Verdes, Rangers y locales se reunían para unas cervezas.

El Che había desaparecido de la vista pública en 1965, después de prometer que la Revolución cubana desencadenaría “dos, tres o muchos Vietnams” y estuvo en una guerra de guerrillas en el Congo antes de llegar el 3 de noviembre de 1966 a La Paz.

Bolivia parecía perfecta para su campaña “oprimidos del mundo levántense”. Era un país pobre, políticamente inestable, con fronteras porosas con cinco países y una fuerza militar desafortunadamente inepta formada por 6,200 conscriptos y 1,500 soldados profesionales.

Pero, al final, los campesinos del país no respondieron a su llamado a la revolución, el Partido Comunista Boliviano no llegó con su ayuda prometida, Fidel Castro presumiblemente lo abandonó a su propio destino y los Rangers lo hicieron bien –aunque a veces de forma brutal.

Y aunque no se permitió a los Boinas Verdes seguir a sus entrenados a la zona de batalla, Félix Rodríguez y Gustavo Villoldo, los dos cubanos exiliados enviados por la CIA para aconsejar a los bolivianos en la persecución, estaban allí.

Dos semanas después que los Rangers terminaron su entrenamiento y se desplegaron en la región de Ñancahuazú en su primera misión, la mayoría de los hombres de Guevara habían sido capturados o muertos. Solo tres pudieron escapar a través de la frontera con Chile.

El Che fue capturado por la compañía B de Prado y ejecutado de inmediato el 9 de octubre de 1967 por órdenes del presidente René Barrientos. Rodríguez fue uno de los últimos que habló con él y Villoldo enterró su cuerpo en secreto. Sus restos se recuperaron 30 años después.

  Comentarios