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Miriam Ramos, por primera vez en Miami

A pocas horas de reencontrarse con su público en el On.Stage Black.Box Theater del Miami-Dade County Auditorium, la cantante cubana Miriam Ramos dice en entrevista telefónica con El Nuevo Herald: “No quisiera caer en frases comunes, pero debo confesar que estoy muy emocionada con mi primera presentación en Miami”.

El sábado y el domingo, Ramos, que reside en La Habana, alternará con el pianista cubano Ulises Hernández en el concierto Danzas para piano y la canción cubana, producido por FUNDarte.

Entre otros títulos, la cantante interpretará Habana (Fernando Mulens) y En La Habana (Julio Gutiérrez), de su disco dedicado a la capital cubana, con el respaldo de Rolando Luna, pianista de Buena Vista Social Club. También incluirá Enamorado desatino, de su propia firma, que aparece en La canción cubana (2012), triple CD nominado recientemente al Grammy Latino 2013, que se suma a la labor de rescate musical emprendida por la intérprete desde hace varios lustros.

“Quiero ser vocera de la cultura cubana y todo lo que exprese la ‘cubanidad’ en la música”, explica Ramos, tras aclarar que el concepto, sinónimo de “elegancia” para ella, abarca la vieja trova, el filin y la obra de grandes artistas como Ernesto Lecuona y Bola de Nieve, sobre la que basó sus producciones Siempre en mi corazón (2011) y Estás conmigo (2002), respectivamente.

Ramos se jacta de grabar con “los mejores músicos” de su país y no repara en hacerlo con los nuevos valores para demostrar la vigencia de esas canciones “desde un punto de vista fresco”. De hecho, a su regreso a Cuba continuará en la preparación de un álbum junto con Harold López- Nussa, que incluirá temas de Eduardo Sánchez de Fuentes y Luis Casas Romero popularizados por Esther Borja.

Entretanto, la intérprete sigue conduciendo “desde hace más de 20 años” los espacios culturales de radio La esquina del jazz, No hacen falta alas y Desde este mundo.

“Solo me presento ante un público cuando concluyo un disco”, enfatiza la intérprete de 67 años. “A estas alturas de mi vida me interesa dejar una obra a través de mi discografía”.

Ramos lleva más de media vida en la música. Y cuando repasa su trayectoria comprueba que su amor por la canción cubana se ha mantenido intacto desde aquel concierto en el Palacios de Bellas Artes en que se probó como solista –“el 11 de mayo de 1964”–, siendo aun integrante del Coro Nacional de Cuba.

“En el programa de mano aparece Perla marina, una canción de la vieja trova que a ninguna joven de 17 años se le hubiera ocurrido cantar”, evoca la cantante, cuyos modelos a seguir por aquellos tiempos eran Elena Burke, Frank Sinatra y Nat King Cole. “Recuerdo que cada vez que me llamaban de la televisión me peleaban porque consideraban que esos temas eran ‘para viejos’ ”.

Sus primeros seguidores identificaron a Ramos con las composiciones de antaño y las de Martas Valdés ( Canción desde otro mundo, Hacia dónde, etc). Con el tiempo, el gran público asimiló sus versiones de los boleros de Beny Moré ( Oh, vida), y parte del quehacer de jóvenes trovadores como Pedro Luis Ferrer ( Mariposa) y Amaury Pérez ( Acuérdate de abril) que cohabitaban en su amplísimo repertorio.

La cantante, reacia a dividir su trabajo entre “un antes” y “un después”, compara su obra con un río en el que abundan los pasajes “serenos y profundos”.

“Soy un ser humano que canta. Todo lo que ocurre a mi alrededor se refleja en mi trabajo”, asevera Ramos. “Si me acerqué al movimiento de la Nueva Trova fue porque sentía afinidad con sus puntos de vista en un momento en que estaba en boga la música comercial, en el peor sentido de la palabra. Pero yo abordé la canción de amor, desde otra línea, mucho antes de que lo hiciera el movimiento”. Aunque prefiere omitir nombres, Ramos reconoce que esa tendencia dejó huellas en muchos cantautores jóvenes que siguen cultivando “la canción inteligente” desde la óptica de su generación.

Sobre la posible conexión entre aquel movimiento contestario, surgido al calor de las utopías revolucionarias de la década de 1960, y las propuestas irreverentes de los reggaetoneros de la isla, la intérprete prefiere dejarle esa labor a los sociólogos.

“Existen muchas zonas de la música actual que no consumo”, admite. “Pero todo lo siento como un fluir. Y para que el río fluya tiene que haber de todo. La vida se encarga de dejar las cosas valiosas”.

A medio siglo de carrera, ¿qué queda de aquella adolescente que mandó a volar sus sueños de estudiar arquitectura seducida por la herencia musical de su isla?

“Sigo siendo demasiado exigente, pero ya no puedo cambiar. Desde pequeña mi familia me inculcó que debía ser coherente y vertical, tal como me lo enseñaron en el Colegio Baldor, donde me formé”, dice la cantante, tras confesar que le asusta la idea de escribir sus memorias porque “malamente” puede hacer la letra de sus

canciones. • 

‘Danzas para piano y la canción cubana’. On.Stage Black. Box Theater de Miami-Dade County Auditorium. Sábado 18, 8:30 p.m., y domingo 19, 6 p.m. (786) 252-1544/ www.fundarte.us

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