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EN NUESTRA OPINION: La debacle de los préstamos estudiantiles

La medida sobre los préstamos estudiantiles que se presentó en el Senado la semana pasada fue modesta. Permitía a los prestatarios sobrecargados refinanciar sus préstamos a las tasas del mercado más bajas de hoy.

Y sin embargo, fue víctima de la política del obstruccionismo en el Capitolio. La medida, a la que se opusieron todos los republicanos menos tres, no logró los 60 votos necesarios para superar el obstáculo. No fue a ninguna parte.

Esta muestra de partidismo es una medida de la disfunción del Congreso.

El año pasado, los legisladores llegaron a un acuerdo con el presidente Obama para evitar que las tasas de los préstamos estudiantiles se duplicaran al vincular el reembolso a una tasa variable determinada por el interés en una nota del Tesoro a 10 años, en vez de una tasa fija (alta).

Esa fue una victoria para los que creen que ayudar a los estudiantes a mejorar su educación representa una inversión en el futuro de Estados Unidos. Tanto demócratas como republicanos entendieron la justicia de la medida y trabajaron juntos para promulgarla. Fue una rara victoria del sentido común.

La propuesta de la semana pasada también era buena, y necesaria. Unos 40 millones de norteamericanos tienen una deuda combinada por sus estudios de $1.2 billones (casi el doble de la deuda de tarjetas de crédito), y de esos, 25 millones habrían sido elegibles para refinanciar.

La deuda ha tenido un enorme incremento en la década pasada debido a que la matrícula universitaria aumentó el 79.5 por ciento entre el 2003 y el 2013, según el Departamento del Trabajo, mientras que el Índice de Precios del Consumidor subió el 26.7 por ciento.

Cuando se emitió la mayoría de los préstamos pendientes de pago, la tasa federal de préstamos era del 6.8 por ciento o más alta. La ley que se estancó en el Senado habría permitido que las personas con préstamos estudiantiles federales y privados refinanciaran a las tasas de los que reciben un préstamo por primera vez: aproximadamente el 3.86 por ciento.

La diferencia en los reembolsos a las agencias federales habría sido cubierta por impuestos más elevados a individuos que ganan $1 millón o más. Por eso es que los republicanos protestaron, diciendo que era un truco de los demócratas en un año de elecciones.

Esa es una objeción política, no práctica. Además de recompensar a los estudiantes que tratan de mejorar y elevar el nivel general de la educación, reducir las tasas de interés sobre los préstamos estudiantiles también mejoraría una economía debilitada al liberar ingresos para graduados universitarios que no pueden comprar una casa o invertir de otra manera en la economía.

Un día antes de la votación en el Senado, el presidente Obama aprobó una orden ejecutivo que limita el reembolso de los préstamos estudiantiles al 10 por ciento del ingreso mensual de los prestatarios. Eso abarca a 5 millones de norteamericanos más jóvenes, mucho menos que la medida del Senado habría abarcado, pero al menos es algo.

Si la política partidista condena a los legisladores a la inacción, no deben poner objeciones cuando el Presidente aborda por su cuenta problemas serios.

Los cambios en la situación de los estudiantes y la deuda vendrán cuando se actualice la Ley de Educación Superior. Pero eso podría ser dentro de varios años, suponiendo que se alivien las pasiones partidistas. Entretanto, los legisladores han perdido una buena oportunidad de ayudar a los jóvenes norteamericanos con sus deudas estudiantiles.

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