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EN NUESTRA OPINION: Ante la crisis de Irak

Ante el remolino de violencia que sacude a Irak, la mayoría de los norteamericanos preferiría sin duda dejar abandonados a su suerte al primer ministro Nuri al-Maliki y a los iraquíes, en vez de acudir al rescate.

No es un reflejo de la fatiga del público con Irak, sino más bien el impacto acumulativo de una guerra de diez años junto a un gobierno que no ha mostrado la disposición a los sacrificios y los compromisos necesarios para alcanzar la estabilidad política y la armonía. Si los norteamericanos no quieren ayudar a Irak, tienen muchas razones:

• Al-Maliki y su mayoría chiita causaron esta situación por jugar a la política sectaria en vez de incluir a todos. Por eso es que los soldados sunitas de Irak huyeron del campo de batalla la semana pasada en vez de pelear.



• El gobierno de Al-Maliki se negó a aceptar que una fuerza norteamericana residual se quedara en Irak a cambio de concederles inmunidad, una demanda mínima del presidente Obama. Cualquier gobierno habría requerido lo mismo.



• Aun así, el Pentágono ha seguido dando ayuda: un paquete de $14,000 millones que abarca cazabombarderos F-16 y helicópteros Apache.



El renovado conflicto en Irak forma parte de la guerra mayor por el control del Medio Oriente. Lo mismo ocurre con la contienda en Siria, el catalizador que ha atraído a combatientes a la región y ha extendido la conflagración. El martes, la Comisión de Investigación de la ONU sobre Siria dijo al Consejo de Derechos Humanos en Ginebra que el conflicto en Siria “ha llegado a un punto que amenaza a toda la región”. Una victoria para los militantes en Irak cambiaría el equilibrio de la región a su favor, y también crearía un refugio para terroristas ansiosos de crear el caos en Europa y Estados Unidos.

El gobierno de Obama no tiene otra opción que evitar que los militantes islámicos ocupen el poder porque son una amenaza directa a nuestro país, aun si eso significa apuntalar al gobierno de Al-Maliki. Pero no puede hacerlo a menos que el presidente le dé toda su atención al problema y comprometa lo necesario, menos enviar tropas de combate a la región. El martes, envió 275 soldados a Irak para proteger a los norteamericanos.

Una mayor participación norteamericana en Siria, una idea a la que el presidente Obama se opone desde hace tiempo, debe ser parte del esfuerzo. Una ayuda oportuna a la oposición moderada habría sido decisiva en la guerra contra Bashar al Assad. No puede haber una solución en la región sin secar este pantano.

Dar una ayuda militar directa en Irak es un requisito de cualquier esfuerzo, nos guste o no, pero debe planearse y ejecutarse adecuadamente. Los ataques aéreos podrían detener el avance de los extremistas, pero solo con una dirección cuidadosa. Pueden hacer más mal que bien si no se cuenta con los datos necesarios para guiar los proyectiles a los blancos apropiados. Muchos civiles han huido de las ciudades iraquíes más por temor a los bombardeos del gobierno que a los invasores.

Quizá más importante, el gobierno de Obama debe buscar la unidad de las fuerzas anti-extremistas en la región. Los sauditas, los jordanos y los turcos están dispuestos a ayudar, pero solo Estados Unidos puede unir a todas las partes y crear una estrategia coherente para derrotar a los militantes.

La inversión en tiempo y esfuerzo no podrá ser a corto plazo. Las soluciones en el Medio Oriente no son indoloras ni baratas. Los norteamericanos ya lo saben. Pero también saben que ignorar los peligros, como hicimos en Afganistán, es una invitación al desastre.

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