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El Supremo protege la privacidad

El derecho a la privacidad de todo estadounidense acaba de recibir una protección adicional, gracias al Tribunal Supremo de EEUU.

En un fallo histórico anunciado el miércoles, el Supremo afirmó que nuestros teléfonos inteligentes son tan privados como el hogar mismo en que vivimos, y los agentes de la policía necesitarán ahora una orden judicial para escudriñarlos.

Los magistrados —todos y cada uno de ellos, en un fallo de 9-0 como se ven pocos — reconocieron que, en el siglo XXI, un teléfono celular, una iPad u otra tableta cualquiera no son sólo medios de comunicación, sino además espacios de almacenamiento de mensajes, fotos familiares, recibos y mucha más información de tipo personal. Es como esa gaveta del escritorio que está en el pasillo. Es como uno de esos Rolodex a la antigua usanza. Es un archivo de nuestras vidas y hechos cotidianos, ya sean buenos o malos. Y el Supremo tuvo razón en dictaminar que eso debe ser privado.

“La policía en general no podrá, sin una orden judicial, registrar la información digital en un teléfono celular confiscado a un individuo que haya sido arrestado”, escribió el presidente del Tribunal Supremo John G. Roberts Jr..

Es una afirmación alentadora de la privacidad digital en esta era de espionaje de NSA, recolección de datos y aviones militares no tripulados. Es decepcionante que el Departamento de Justicia se haya opuesto, alegando que se puede registrar los teléfonos celulares como todo lo demás que lleva encima una persona que haya sido arrestada.

Pero el Supremo se puso de parte de la realidad: los celulares son hoy día algo tan íntimo como la sala de una familia; hasta dormimos con ellos cerca. Y cuando se sospecha que alguien ha violado la ley, los celulares no deben ser tratados como carteras, billeteras o vehículos, los cuales tradicionalmente pueden ser registrados por la policía sin necesidad de una orden judicial.

En esta opinión de enormes consecuencias que afecta prácticamente a todos los estadounidenses, el magistrado Roberts escribió: “El hecho de que la tecnología permite ahora que un individuo lleve toda esa información en su mano no hace que esa información sea menos merecedora de la protección por la que lucharon los Fundadores del país”. El Supremo no pudo haber comprendido este asunto de un modo más preciso ni pudo haber tomado una decisión más resoluta.

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