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Banco no se merece escrutinio del Congreso

Dada la gran cantidad de problemas que enfrenta Estados Unidos, es terrible ver a prominentes miembros del Congreso centrándose en el Banco de Exportaciones e Importaciones de EEUU como un blanco de oportunidad. ¿Por qué una útil agencia gubernamental que funciona exactamente como se esperaba tiene que convertirse en un football político?.

Relativamente pocos estadounidenses han oído del Ex-Im Bank, o su propósito, pero desde su creación bajo Franklin Roosevelt, la agencia ha sido una fuerza crítica detrás del éxito de las empresas estadounidenses que compiten en los mercados extranjeros.

Su papel es doble. Suministra seguros a los créditos de exportación, de forma que las compañías estadounidenses que venden bienes hechos en su país tienen protección contra los riesgos de hacer negocios en el extranjero. Y suministra financiación para compradores extranjeros que obtienen bienes estadounidenses. Por razones obvias, esto no es un papel que los bancos privados están entusiasmados en desempeñar. Los riesgos se consideran demasiado grandes para una institución privada, mientras que una agencia gubernamental tiene la influencia y los medios para actuar en el extranjero.

Los servicios no son gratis. La agencia cobra tarifas e intereses, como cualquier otro banco — y regularmente logra un beneficio anual. El año pasado ayudó a reducir el déficit de EEUU en $1,000 millones.

Así que ¿por qué el próximo líder de la mayoría en la Cámara de Representantes, Kevin McCarthy, republicano por California, y otros miembros de su partido de la misma mentalidad buscan la extinción del Ex-Im Bank? La respuesta corta es que lo ven como un facilitador del “capitalismo favoritista”, que ayuda a las grandes empresas como Boeing, Caterpillar y General Electric, que no tendrían que confiar en la total fe y el crédito del gobierno estadounidense para obtener beneficios.

Eso, en el mejor de los casos, es un débil argumento. Sí, las grandes empresas estadounidenses reciben ayuda del gobierno estadounidense, pero sus competidoras extranjeras reciben ayuda de sus propios países. Los gobiernos, desde Rusia y China hasta los países eruopeos, apoyan activamente los intereses empresariales nacionales de la misma forma, a menudo con mayor financiamiento del que ofrece el gobierno de EEUU.

Ni tampoco está limitado el banco a tratar con las grandes empresas, como acusan los críticos. De acuerdo con cifras del banco, el 90 por ciento de sus transacciones beneficia a las pequeñas empresas.

También está el argumento de que el Ex-Im Bank no hace tanto para crear empleos como para ayudar a asignarlos, y que escoge “ganadores y perdedores” al decidir dónde brindar asistencia.

Dígale eso a los más de 200,000 trabajadores estadounidenses que deben sus empleos en el último año fiscal a exportaciones apoyadas por el banco — muchos de ellos en la Florida. Este estado es el hogar de 58,000 exportadores, de acuerdo con el Ex-Im Bank, el segundo mayor número en el país.

El banco respaldó a un estimado de $37,400 millones en ventas de exportación estadounidenses en el año fical 2013 — incluyendo $7,000 millones en la Florida. De acuerdo con las cifras suministradas por el representante federal Joe García, eso incluye más de $1,500 millones en el sur de la Florida, donde el comercio internacional desempeña un papel vital en la economía. ¿Cuántos de estos empleos desaparecerían si no estuviera el Ex-Im Bank?

En resumen, el banco promueve a las empresas estadounidenses, protege empleos, permite a los bienes hechos en EEUU competir en el extranjero — y logra un beneficio para los contribuyentes en el proceso. ¿Tiene el Congreso un problema con eso?

La carta de la agencia expira el 30 de septiembre. Destruir el Ex-Im Bank podría significar una forma de desarme unilateral en la competencia por el comercio internacional. Seguramente los legisladores pueden detener su enemistad incesante y su guerra ideológica lo suficiente para renovar su autoridad y que se mantenga funcionando antes de que se pierdan empleos estadounidenses.

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