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Independencia de la Patria y el alma

Con vívidos desfiles, fiestas vecinales, picnics familiares, conciertos al aire libre, excursiones a disfrutar la Madre naturaleza y destellantes fuegos artificiales al filo de la noche, los ciudadanos de Estados Unidos nos unimos hoy a celebrar el Día de Independencia. El 4 de julio de 1776, los Fundadores de la Patria firmaron la Declaración cuyo preámbulo encarna el espíritu de la gran nación norteamericana: “Todos los hombres nacen iguales y están dotados por el Creador de ciertos derechos inalienables; entre los cuales están el derecho a la vida, la libertad y la consecución de la felicidad”.

Partiendo de estos principios morales para una sociedad libre, una de las bendiciones de vivir en este país es la potestad de ir al encuentro de la felicidad por la vía que cada uno considere predilecta y escoger el modo de vida que cada cual desee, con la condición de respetar los derechos iguales de nuestros semejantes.

El pueblo que sopla las velas del cumpleaños nacional se torna cada día más diverso y las tradiciones se enriquecen de una generación a la otra. El crisol de razas y culturas abriga lo mismo un asiático recién naturalizado que a un descendiente de los esclavos emancipados en la Guerra Civil. Adheridas a la pluralidad, están las diferencias que causan fricciones y discrepantes puntos de vista políticos. Sin embargo, en nuestra sociedad civilizada, a menudo son suavizadas mediante el diálogo y el respeto mutuo.

Si bien formalmente se conmemora la disolución de los nexos políticos que unían a las trece colonias con Gran Bretaña, intrínsecamente el asueto celebra la libertad. Y la verdadera libertad de nuestros tiempos no es la emancipación de la autoridad opresiva de los ingleses, sino la liberación de otros poderes negativos: los miedos sin fundamento, las conductas adictivas y compulsivas, las relaciones tóxicas y el apego al materialismo. Algunos de los poderes que subyugan a la nación son la indiferencia por el sufrimiento del prójimo, la indigencia, la epidemia de la obesidad, la violencia callejera y doméstica, y el secularismo.

Revestidos en el recuerdo agradecido de los patriarcas de nuestra historia; en el ejemplo de rectitud que nos legaran; en la actitud de Acción de gracias a Dios que hemos heredado, celebramos la Independencia nacional. Los héroes de la Patria –los del pasado y los contemporáneos– reciben hoy nuestro reconocimiento y amor.

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