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EN NUESTRA OPINION: El fracaso de las reformas en Cuba

Las reformas económicas en Cuba están lejos de dar los resultados que se esperaban. No han logrado dinamizar la estancada economía cubana. Lo reconoció el sábado pasado el propio artífice de las reformas, el gobernante Raúl Castro, en un discurso ante la Asamblea Nacional del Poder Popular en La Habana.

Castro dijo que está insatisfecho con la marcha de la economía nacional, aunque no desanimado. ¿Y por qué está insatisfecho? Pues porque, pese al entusiasmo con que anunció las reformas a inicios de su mandato, el crecimiento económico solo ha sido del 0.6 por ciento en los primeros seis meses de este año. Y la economía necesita crecer más del cinco por ciento para aumentar el Producto Interno Bruto.

La desaceleración, según Castro, se debe a diversos factores, como incumplimientos en las exportaciones, problemas climatológicos y la crisis económica internacional. Entre las causas tampoco podía faltar el embargo norteamericano, el bloqueo, como le llaman los Castro.

La realidad es que la economía cubana no levanta cabeza por sus propios males internos. Las reformas de Castro han sido muy modestas, y en eso el embargo de Estados Unidos no tiene nada que ver. Las autoridades estatales regulan excesivamente y limitan las actividades por cuenta propia con las que los cubanos pueden ganarse la vida. Los 467,000 cubanos que trabajan por su cuenta lo hacen mayoritariamente en el sector servicios, porque otros campos apenas están abiertos a la iniciativa privada. Los empleados en la esfera estatal ganan en promedio el equivalente de menos de 20 dólares al mes. Y la inversión extranjera no ha sido tan cuantiosa como el régimen hubiese deseado.

El gobierno ha calculado que Cuba necesita de $2,000 a $2,500 millones anuales para mantener su modelo económico, reformas incluidas. Ese dinero solo puede aportarlo una financiación foránea que todavía no alcanza ese volumen monetario.

Castro anuncia planes como la unificación de la moneda (que hace temer a muchos cubanos que los precios al consumidor se disparen) y la intención de dar garantías a los depósitos bancarios de nacionales y extranjeros. Pero todos los proyectos se mueven con una lentitud reconocida por el propio gobernante.

Castro intenta salvar su dictadura socialista con tímidas concesiones a la economía de mercado. Pero sus reformas no funcionan y en Cuba muchos siguen optando por la vía de emigrar, de la forma que sea, ante un presente insoportable y un futuro deprimente.

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