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Buscan aclarar el misterio sobre héroe del Holocausto

La familia de Raoul Wallenberg, célebre diplomático sueco que salvó a decenas de miles de judíos húngaros, sigue buscando empecinadamente la verdad sobre su muerte casi siete décadas después de su desaparición en una cárcel soviética.

“Nunca hubo explicaciones”, dice con tristeza su cuñada, Matilda von Dardel, de 91 años, mostrando las últimas cartas enviadas por Wallenberg desde Moscú.

El miércoles, Matilda dejará su domicilio a orillas del lago Leman, en Suiza, e irá con sus dos hijas a Washington para participar en una ceremonia en honor de su cuñado en el Congreso estadounidense.

Gracias a Wallenberg, decenas de miles de judíos de Budapest se salvaron de ser deportados en 1944-1945 a los campos de exterminio nazis, obteniendo pasaportes que los identificaban como ciudadanos suecos en espera de ser repatriados.

El 17 de enero de 1945, tras la entrada de las tropas soviéticas en Hungría, el Ejército Rojo lo convoca a su cuartel general y desde entonces no se tienen noticias directas de él. Se señala en un momento su presencia en la siniestra cárcel de la Lubianka, en Moscú, pero luego los testimonios inverificables se multiplican y hasta hoy día se ignora dónde, cuándo y cómo murió.

Ni siquiera el acceso a algunos archivos después de la desaparición de la URSS en 1991 y su rehabilitación póstuma por la justicia rusa en el año 2000 permitieron develar esos misterios.

Matilda von Dardel emplazó en enero al presidente ruso Vladimir Putin a actuar para poner fin a “un suplicio” familiar que dura desde hace siete décadas.

Los soviéticos admitieron en 1957 que Wallenberg había fallecido en prisión diez años antes, el 17 de julio de 1947, de un paro cardíaco, a la edad de 34 años. Pero “como no tenemos el más mínimo documento oficial que certifique su fallecimiento, hemos seguido buscándolo”, afirma una sobrina del diplomático, Louise von Dardel, de 63 años.

Louise y su hermana Marie Dupuis, de 61 años, irán con su madre a Estados Unidos. Ambas recuerdan con emoción a su abuela, Maj Wising, llorando ante la ausencia de respuestas a las gestiones para localizar a su hijo, vivo o muerto.

Los pocos documentos que el hermano de Wallenberg y los investigadores pudieron consultar en Moscú a inicios de los años 1990 permiten pensar que el diplomático sueco fue interrogado en la Lubianka seis días después de la fecha de su presunto fallecimiento.

“Sabemos que hay documentos” que no se han podido consultar, afirma Louise, que reclama el acceso a los archivos.

La familia se topa con otro obstáculo: las gestiones exigen tiempo y dinero. “Hemos gastado todo” en esta búsqueda, admite Matilda.

Los familiares también muestran amargura con los países que honran a Wallenberg como un héroe pero que no han hecho gran cosa para hacer avanzar el expediente.

Las críticas apuntan en primer lugar a Suecia, que no habría hecho gran cosa para tratar de liberar a su diplomático y que actualmente tarda en atender a las demandas de la familia, cuando, dicen, se digna a atenderlas.

Pero también apuntan a Israel.

Marie Dupuy recuerda que la familia viajó a Israel cuando Ariel Sharon era primer ministro. “Nos recibieron con una alfombra roja, pero cuando nos fuimos la enrollaron y desde entonces, solo el silencio”.

Wallenberg fue declarado ciudadano de honor de Estados Unidos en 1981. El presidente Barack Obama le prometió en septiembre a su hermanastra Nina Lagergren hablar del caso con Putin. La familia ignora si lo hizo.

“Le rinden honores, pero al mismo tiempo nadie se ocupa de él”, sostiene Louise.

“Pedimos que la humanidad se movilice por un hombre que se movilizó por ella”, agrega.

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