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EN NUESTRA OPINION: Un acto de salvajismo

Los extremistas del Estado Islámico añadieron un nuevo capítulo a su larga historia de horror con el asesinato a sangre fría del periodista norteamericano Steven Sotloff, que era vecino del Sur de la Florida.

La salvaje decapitación del joven corresponsal de las revistas Time y Foreign Policy demuestra el nivel de barbarie al que es capaz de descender la organización que hace poco mató con idéntica crueldad a otro periodista estadounidense, James Foley.

De nada les importaron a los terroristas las súplicas de la madre de Sotloff, en un emotivo mensaje dirigido a Abu Bakr Al Baghdadi, el caudillo del Estado Islámico, que se hace llamar califa y que ha pedido obediencia a todos los musulmanes del mundo, aunque su autoridad no ha sido reconocida más allá de su grupo.

El verdugo declaró que la muerte de Sotloff era una represalia por los bombardeos aéreos que Estados Unidos ha lanzado contra el Estado Islámico, al igual que el asesinato anterior de Foley. O sea, que mientras la aviación norteamericana siga tratando de contener el avance del Estado Islámico, el grupo terrorista seguirá ejecutando rehenes.

El gobierno norteamericano afronta una difícil coyuntura. Plegarse a las exigencias del Estado Islámico para salvar las vidas de los prisioneros equivaldría a dejar solo al débil gobierno de Irak frente a una horda de extremistas que no se detendrían hasta llegar a Bagdad, dejando a su paso una estela de muerte, horror y destrucción. Y pagar rescates, como han hecho varios países europeos, llenaría las arcas del grupo terrorista y les permitiría financiar su guerra sin cuartel.

La brutalidad del Estado Islámico exige una respuesta radical, pero esa respuesta no debe tomarse a la ligera, sino que debe basarse en una estrategia bien trazada y efectiva. El pasado 21 de agosto, el general Martin Dempsey, jefe del Estado Mayor del Ejército de Estados Unidos, dijo que derrotar al Estado Islámico requiere “una variedad de instrumentos, de los cuales los ataques aéreos son solo una parte”. Tarde o temprano habrá que derrotar al Estado Islámico, pero para eso hace falta, indicó el general, “la aplicación de todas las herramientas del poder nacional: diplomáticas, económicas, de información y militares”.

El Estado Islámico, un engendro de la guerra y la crisis en el Medio Oriente, aleja la posibilidad de alcanzar la paz en la región y es una amenaza para la seguridad de Occidente. Estados Unidos y los países europeos deben unirse en un frente común para evitar más muertes de inocentes y eliminar a una organización con vocación de salvajismo.

La respuesta occidental no debe esperar.

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