Artes y Letras

Marina Font y el hilo de la memoria femenina

Untitled (Doilies), 2016. Una de las piezas de la artista Marina Font en su exposición “Mental Maps”, en Dina Mitrani Gallery.
Untitled (Doilies), 2016. Una de las piezas de la artista Marina Font en su exposición “Mental Maps”, en Dina Mitrani Gallery. Imagen de cortesía

La fotografía en blanco y negro de una mujer de edad mediana completamente desnuda y captada de frente, con las palmas de las manos extendidas, se repite una y otra vez en las obras intervenidas con hilo, yeso, textiles y hojilla de oro en la exhibición Mental Maps (Mapas mentales) de Marina Font (Argentina, 1970) en Dina Mitrani Gallery. Esa incesante repetición del retrato de la mujer, ajena a cualquier afectación, y su despojamiento de toda cualidad erótica o dramática, revisten su desnudez de una cualidad ontológica: ella expone su ser de un modo tan esencial que parece contener el de todas las mujeres.

Un lenguaje profundamente personal y a la vez arquetípico, colectivo, nos habla del universo femenino y nos remonta en el tiempo, a partir de la experiencia de transitar en el espacio habitado por ese desnudo omnipresente. Reproducido a escala natural en tres obras, es posible verlo de frente, con el trasfondo intervenido con pintura negra, y desde atrás, donde se expone el revés de las costuras hechas a mano con un interminable hilo rojo que Font entreteje en las imágenes, de tal modo que reaparece en configuraciones siempre cambiantes.

Font extiende cuadro a cuadro el ovillo en busca del hilo que va de la matriz al hijo, un hilo que es la sangre, pero que también puede tomar el color de la leche y de todos los líquidos a través de los cuales fluyen la memoria y la vida. Puede ser un cordón blanco y rojo que cae sobre un platón, o enrollarse en una imagen sucedánea de la visión microscópica de las células madres.

Ese hilo apareció en su obra a comienzos de esta década, mientras hacía un máster en arte en Barry University, donde dos mentoras la marcaron profundamente con la exigencia de la entrega absoluta y sin concesiones a su arte: María Martínez-Cañas, de quien recibió el rigor investigativo en la expansión de las fronteras de lo fotográfico, y María Britto, con su honestidad visceral en la creación. Fue también justo cuando, de forma temprana, experimentó la pérdida de la fertilidad biológica y se abocó a un nuevo ciclo vital que la llevó a transformar el hilo de la memoria de todas las mujeres que la antecedieron en una urdimbre de creación propia.

Su serie anterior se titulaba Continentes oscuros, como la expresión con la que Freud designaba el continente no explorado de la sexualidad femenina. En Mapas mentales usa las intervenciones de hilados o flores bordadas en crochet, o telas para puntuar el universo de redes y relaciones que contienen y son contenidos en el pensamiento, la biología y el cuerpo social de las mujeres. Font señala que la obra expuesta tiene correlación con el procedimiento literario de la corriente de consciencia que intenta reproducir la complejidad del ser que piensa, siente, percibe y se mueve entre los otros con un lenguaje que rompe las estructuras de contención temporal. Lo que vemos, lo que está expuesto, no es una desnudez exterior: es una aproximación visual al infinito interno.

Cuando ella tenía 20 años vivió un tiempo en Buenos Aires, con su abuela, Emma Giro Gibson, una mujer descendiente de inmigrantes ingleses y suecos que había crecido, como ella misma, corriendo al viento en el paisaje de Córdova y que terminó casándose con un general adusto bajo cuyo régimen se fue haciendo invisible, una presencia que ordenaba el mundo doméstico desde un silencio que era aún mayor en la mesa, donde sólo él hablaba. Tras la muerte del general, la abuela empezó a hacer archivos de la historia de la familia, a recolectar fotos, a crear collages con acuarelas encontradas y poemas surgidos del fondo de todo ese silencio. Ver y oír ese diario de recuerdos superpuestos de una mujer que había tardado 70 años en nombrar a su manera el mundo, fue una revelación que está en el origen de sus obras.

“No es una coincidencia que la artista use antiguas telas encontradas en mercados de pulgas o dados por sus amigas. Esos tejidos representan a nuestras madres y abuelas, sus historias, sus hogares y hábitos”, destaca la galerista Dina Mitrani, puntualizando que tanto los tejidos que usa en sus intervenciones como la minuciosidad con la cual los cose a las fotografías, son labores consumidoras de tiempo que reflejan las labores tradicionales femeninas.

Algunas obras suyas evocan particularmente historias familiares muy personales, como las conversaciones sobre el café y el té que reflejan los dilemas de las ramas de ascendencia española e inglesa de la familia, que en la Guerra de las Malvinas veían lados opuestos del conflicto; otras nos acercan a la conexión, desde la biología, entre todas las mujeres, o equiparan el cuerpo femenino a la Amazonía representada en un árbol que hace más claro el aire de la tierra entera. En todos los casos, su lenguaje nos anuda, más allá de las palabras, al hilo atemporal de la memoria femenina.

‘Mental Maps’ de Marina Font en Dina Mitrani Gallery. 2620 NW 2da Ave., (786) 486-7248. Hasta el 18 de marzo.

Adriana Herrera es crítica de arte y curadora independiente.

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