Artes y Letras

Fernando de Szyszlo, lo sagrado es la vida

‘Camino a Mendieta’, 2014.
‘Camino a Mendieta’, 2014. Durban Segnini

Fernando de Szyszlo cumple 90 años y lo celebra con una exposición de 16 pinturas de mediano y gran formato –todas del 2014– y cuatro esculturas de bronce, de 1995. Szyszlo, nació en Lima en 1925 y ostenta una de las grandes y más originales trayectorias dentro de la vanguardia abstracta latinoamericana. Pero también este limeño de origen polaco, es depositario de una memoria viva providencial sobre la historia de su generación.

La exposición Elogio de la sombra –título tomado de Jorge Luis Borges– viene a confirmar una obsesión que ha recorrido toda la obra de Szyszlo desde su primera exposición, en 1947. “En general, siempre me ha interesado lo oscuro, lo misterioso o, mejor dicho, lo sagrado. Me he preocupado por sorprender, eso que André Breton llamaba ‘lo sagrado laico’, aunque yo soy católico. Siento que hay algo que no es explicable por la razón. Eso es lo que he estado siempre intentando buscar en mi pintura. Expresar un sentimiento interno que toda mi vida he perseguido [y] que es una forma. Una forma que sé que está ahí, una forma a la que me acerco, pero que se me escapa en el preciso momento en que voy a tocarlo”.

Y ese sentimiento inaprensible y misterioso es el que se percibe al recorrer la exposición, articulada fundamentalmente, a partir de tres series de pintura: Camino a Mendieta; Trashumantes; Paracas. La noche y Ceremonia. Pero es un sentimiento que también está presente en las esculturas, en el enigma figurativo de su lenguaje tridimensional. En las pinturas destaca a primera vista la fuerza de los fondos rojos, azules que transmiten una intensidad teatral. Son fondos y planos que dan soporte a una abstracción mediada por elementos figurativos, inspirados, como dice Szyszlo, “no tanto en las formas del surrealismo, como sí en el pensamiento surrealista”. Vale la pena resaltar esta observación porque, en la obra de Szyszlo, la figuración que se yuxtapone a la abstracción, más expresionista que surrealista. Estas obras llevan inscritas, a través de trazos firmes y gruesos, un gesto, una energía espiritual y vibrante que refuerza la individualidad.

Hay en la obra de Szyszlo una mirada especial hacia el mundo de lo rural, hacia los territorios de lo ignoto, hacia un imaginario que liga la tierra y el hombre como elementos de un mundo ceremonial premoderno. Un mundo donde lo ancestral, lo sagrado, como manifestación de la relación entre la vida y la muerte, entre lo material y lo espiritual, no estaban aún escindidos. Por ejemplo, la serie Trashumantes, Ceremonia, o Paracas… nos sumerge en representaciones totémicas donde se suceden ambientes mágicos religiosos con referencias a las culturas precolombinas del Perú como Nazca o Paracas.

Mario Vargas Llosa, citado por Juan Gustavo Cobo en el catálogo de la exposición, acierta cuando dice que la obra de Szyszlo es “una ceremonia que parece a veces de inmolación o sacrificio y que se celebra sobre un ara primitiva. Un rito bárbaro y violento, en el que alguien se desangra, se desintegra, entrega y acaso goza. Algo, en todo caso, que no es inteligible que hay que llegar a aprehender por la vía tortuosa de la obsesión, la pesadilla, la visión”.

En Szyszlo, lo heterogéneo es interpretado como aquellos elementos, maneras de vivir y habitar que se resisten –y en muchos casos se oponen– a ser asimilados por una forma de vida burguesa. Se oponen, en palabras de Habermas, a las rutinas de la vida cotidiana que escapa, por tanto, a la intervención metódica de las ciencias. Elogio de la sombra, muestra a un artista nonagenario, audaz en el dominio de la poética abstracta e imaginativo en su propuesta discursiva, que entiende su creación como una búsqueda continua y vital del sentido de la vida.

Dennys Matos es comisario y crítico de arte independiente.

dmatos66@gmail.com

‘Elogio de la sombra’. Hasta finales de abril, en Durban Segnini Gallery. 3072 SW. 38th Ave. Miami. www.durbansegnini.com

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