Artes y Letras

José Abreu Felippe: lecturas de un escritor

121 Lecturas (Neo Club Ediciones) es la clase de libros que giran como satélites luminosos y oscuros, en torno a la obra de su autor. La pentalogía El olvido y la calma o los poemarios Cantos y elegías y El tiempo afuera (Premio Internacional de Poesía Gastón Baquero, 2000) han delineado la figura de José Abreu Felippe en el canon de la literatura cubana: un escritor marginal, que desprecia las convenciones del mundo de la cultura. Un autor que, raro en estos tiempos en que todo es espectáculo, no se disfraza de artista ni usa la literatura para hacer turismo.

Abreu Felippe, como el poeta que es, vive en estado literario. Esta definición se mimetiza con 121 Lecturas, volumen de casi 500 páginas que recopila las reseñas que publicó en el suplemento Artes y Letras de el Nuevo Herald.

A través del enfoque del indudable lector que es Abreu Felippe se suceden figuras de la talla de Cabrera Infante, Roberto Bolaño, César Aira, Bukowski, Virgilio Piñera, Javier Marías. Muchas veces la reseña es una excusa para hablar de lo que realmente quiere el autor, como el caso de Antes del fin, de Ernesto Sábato, donde Abreu Felippe reflexiona sobre lo amargo de la vejez. En otras, un libro ajeno sirve para recordar momentos íntimos en La Habana, junto a amigos como Reinaldo Arenas.

121 Lecturas no tiene esa pretensión de teoría literaria ni análisis académico, en tal caso, es la mirada de un escritor sobre obras que eligió o que en su momento le sugirió el editor del medio para el que trabaja. “En efecto, no hay intención de establecer ninguna teoría literaria o análisis académico, es simplemente una mirada sobre algunos de los libros que comenté en determinado período. Si hay algo en común entre estos autores tan diferentes sería el interés que despertaron en mí”.

Muchísimas veces antes de entrar por completo en la obra, señala algunas circunstancias biográficas del autor. ¿Lo hace por una generosidad hacia el lector? “Pienso que ayuda a comprender mejor la obra y que el lector lo agradece”.

Hace algunos años escribió junto a sus hermanos Habanera fue. ¿Cómo recuerda la elaboración de ese libro? “Tuvo un nacimiento muy doloroso. Mi madre acababa de morir en un accidente y sus hijos pensamos que era la mejor manera de recordarle. También fue algo mágico porque no nos pusimos de acuerdo sobre qué aspecto tocaría cada uno –solo un detalle que se debía mencionar– y al confrontar nuestros trabajos vimos, con alegría, que cada uno había escogido algo diferente, que complementaba al otro. El relato de Nicolás tocaba la infancia, yo el exilio en Madrid y Juan el accidente, en ese orden”.

El autor más reseñado en 121 Lecturas es Reinaldo Arenas. A través de sus escritos se siente una gran admiración por la obra y el amigo perdido. ¿Cree que Arenas ha encontrado el lugar que se merece? “Cuando Arenas logró escapar de la isla en 1980, las grandes editoriales europeas lo acogieron. Poco a poco, principalmente debido a su activismo político, fue cayendo en desgracia. Sus últimos libros, ya muriéndose, se los mandó a Salvat de Ediciones Universal en Miami. Cayó en el olvido. No es hasta que en 2000, Julian Schnabel lanza su película basada en la autobiografía de Arenas, que su nombre y su obra, comienzan a conocerse por el gran público. Mucho reconocimiento ha alcanzado desde entonces.

¿Qué es lo que más extraña de su amigo? “Su sentido del humor”.

Cuba siempre está presente en su literatura. ¿Qué opina de los aparentes buenos cambios políticos que se avecinan? “No me los creo. Amanecerá y veremos”.

hveraalvarez@yahoo.com

@HVeraAlvarez

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