Artes y Letras

‘Hierba nocturna’, conexión sutil con la realidad cubana

Hay autores que alcanzan su mayor notoriedad a partir de un texto muy particular. No importa lo relevante que pueda ser lo que escribió antes, o publicó después. Ese trabajo gigantesco y monumental será siempre su sello. Ese es el caso del relato Después de la gaviota, del maestro José Lorenzo Fuentes (Santa Clara, Cuba, 1928), uno de los cuentos más enigmáticos y sorprendentes de la literatura cubana.

La narrativa de José Lorenzo, en especial sus cuentos, se valen de un engranaje muy propio, estructurados de forma tal, que al contar, domina; que al hilvanar palabras, inquieta; que, en esencia, conquista… añadiría, no solo al lector inmediato, algo que siempre es apreciado, sino al del futuro, aquel que va más allá de generaciones y corrientes literarias. Esa es la verdadera literatura, la que permanece, la que admira la posteridad.

Los 12 textos de Hierba nocturna (Alexandria Library, 2014), irrumpen desde una prosa tan sólida, que precisamente por esa solidez tienden a sobrecoger aún más. Los primeros tres cuentos del libro están interrelacionados conformando un tríptico histórico. Abre con el titular del volumen, una historia de amor en tiempos de guerra, espera y destrucción, que se remonta a la época de la conquista y colonización de América. En este cuento el protagonista, Alfonso Humara, se une a Hernán Cortés en México. Algunas líneas describen la atmósfera con precisión: “…pudo corroborar algo que estaba poco a poco aprendiendo a saber, que las contrariedades de la vida son inagotables y por tanto el final de cualquier travesía es siempre un nuevo comienzo, un nuevo punto de partida”. En estas narraciones, y creo que en general en toda la obra de José Lorenzo Fuentes, las relaciones de pareja y los encuentros sexuales tienden a repetirse como una ecuación: hombres algo inexpertos en los lances amorosos. “Alfonso Humara empezó a disfrutar, por primera vez en su vida, de los favores de una mujer”.

En el segundo relato, El verde secular de los Humara, dos siglos después de silencio y calamidades, otro Humara, Esteban de la Caridad, aparece en Colombia, en tiempos de Bolívar. El personaje llega incluso a entablar amistad con Manuela Sáenz. Como en el relato anterior, la relación de amor, con una mujer que lo engaña, es parte esencial del relato.

El tríptico de historia-amor lo cierra Mejor que imaginarlo. En este cuento ambientado en La Habana, Pastor Humara intenta sobrevivir, y también afronta dificultades con las mujeres: “La noche en que Pastor Humara regresó a casa […] se dio cuenta que al fin lograba entender el amor mejor que cuando trataba de imaginarlo”.

Estos cuentos, así como otros muy puntuales de Hierba nocturna, entre ellos El cielo del general (Premio Literario Plural, en México, 1983), conectan sutilmente con la realidad cubana más contemporánea. Cada uno de estos textos asombra, ejerce una influencia en el lector, que disfruta la vitalidad de una prosa siempre cálida, moderna y poseedora de un lenguaje sorprendentemente fresco.

En Hierba nocturna sobresalen varios otros cuentos, entre ellos Mesa de tres patas, relato ambientado en los días del asalto al Palacio Presidencial, y en particular La estación de la sorpresa, un texto muy mágico, lleno de sabiduría, ternura y amor filial.

Hierba nocturna, ocupa dentro del conjunto narrativo de José Lorenzo Fuentes, su lugar. Pero también este libro constituye una clase magistral de cómo escribir cuentos. Son tan precisos que todo cuentista debería leerlos con atención para conocer a fondo los recursos más valiosos del género.

delapazl@aol.com

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