Artes y Letras

Grettel J. Singer y las tempestades del exilio

A los 12 años Grettel J. Singer abandonó Cuba. Luego de una estancia de dos años en Venezuela, llegó a la ciudad de Miami. Aquí hizo su vida, estudió Filosofía y Literatura en FIU, tuvo hijos, publicó Mujerongas –su primer libro tomado del blog homónimo– y se marchó a Nueva York, donde reside en la actualidad.

En el centro de estos datos biográficos hay un circuito de fugas hacia adelante. Amalia, la protagonista de Tempestades solares (Sudaquia editores), el debut de Grettel como novelista, también construye su identidad que se proyecta inalterable y fragmentaria sobre la geografía de La Habana como la del espíritu.

Una travesía, en conclusión, donde Amalia padece múltiples experiencias. Tempestades solares es un modo de mirar el exilio sin dejar de lado el país que recibe al viajero si no con las manos abiertas, al menos con la esperanza de que todo es posible.

Por lo general son las mujeres las protagonistas de tus historias. “Las mujeres son seres mágicos, impredecibles, llenos de poderes y una fuerza insospechada. Durante varios años trabajé como voluntaria en el Lotus House Shelter, situado en Overtown. Llevaba un pequeño cuaderno de apuntes en el que escribía mis vivencias entre aquellas mujeres de distintas nacionalidades, colores y situaciones tanto emocionales como mentales. De las incontables experiencias, el descubrimiento, o más bien lo fundamental para mí, fue la solidaridad, nobleza y lealtad entre la mujeres cuando se encuentran en situaciones precarias. Tuve la dicha de compartir momentos muy personales en los que aprendí a valorar la materia de la que está compuesta la naturaleza femenina. Inspirada por esas historias, y por todas las mujeres que me rodean, desde entonces no he dejado de reparar en sus infinitos matices”.

Mujerongas saltó de tu blog al libro. ¿Cómo fue la elaboración de Tempestades solares? “Tempestades solares es una novela que explora la adolescencia en el exilio. Desde una perspectiva existencial, considero que es la edad más compleja en la que te ves obligado a dejar atrás la identidad que apenas has comenzado a adquirir, forzado a ajustarte a un mundo completamente nuevo. En algún momento te das cuenta que eres una especie de híbrido y no perteneces del todo a ningún lugar, y a su vez te identificas con ambas culturas. Desde muy joven escribía sobre esas experiencias, aunque no fue hasta que cumplí los 30 cuando decidí llevar esos apuntes al formato ficción. El resultado terminó siendo un libro muy personal que engaveté por varios años. Luego lo retomé en el verano del 2012. Impulsada por la publicación de Mujerongas, envié el manuscrito a Sudaquia, quienes enseguida se mostraron interesados. Aunque al principio estaba algo renuente a soltar ese primer bebé y que tanto tiempo llevaba empolvado, firmé con ellos seducida por el hecho de que iba a ser la primera autora mujer que se uniera a la editorial”.

En la novela hay un capítulo donde la protagonista regresa a La Habana. Es una descripción triste, por momentos sombría, aunque el narrador intente ver a través del filtro de los recuerdos, ciertas cosas bellas. Usted volvió a esa ciudad para presentar su primer libro. ¿Qué sintió cuando estuvo allí? “La presentación de Mujerongas en La Habana fue una grata y muy acogedora sorpresa. Cuando te has ido tan joven del lugar en el que naciste, siempre surge la ilusión y una cierta vanidad de volver con algo por lo cual sientes orgullo. El libro fue recibido mejor de lo que imaginé, e interactuar con la audiencia fue una experiencia inolvidable. La circunstancia actual en Cuba a veces nos hace pensar que los lectores no pueden identificarse con la vida fuera de la isla, pero las preocupaciones y dilemas cotidianos de la mujer moderna aunque con menos o más recursos, son universales”.

Tus dos primeras obras las has escrito en español. ¿Qué encontraste en ese idioma que no te daba el inglés para expresar tus historias? “La verdad es que literariamente nunca me he debatido entre un idioma o el otro. Ambos los manejo con similar fluidez. Dejé el español bastante joven y comencé con el inglés bastante tarde. Por lo tanto, me siento tan natural como tan desahuciada escribiendo en ambos idiomas”.

Desde la adolescencia viviste en Estados Unidos. ¿Qué has aprendido de la sociedad norteamericana? “Es una sociedad fascinante, en especial para quien viene de un país como el mío. La cultura aunque joven y cambiante, constantemente discurre entre mil aguas; sin embargo, marcha con determinada precisión. Además, existe un pragmatismo sobre el presente y a su vez una visión del futuro mucho más concreta que aquella con la que me crié. Si tuviera que reducir mi aprendizaje a una sola frase, que además se ha convertido en una especie de mantra para mí, es que lo imposible son apenas fantasmas escondidos en el armario”.

hveraalvarez@yahoo.com

@HVeraAlvarez

  Comentarios