Artes y Letras

OLGA CONNOR: Confesiones de Lorena Feijóo: Vida en familia(Primera parte: Luciana)

En los últimos tiempos varias bailarinas han experimentado el glorioso episodio de la maternidad, algo difícil para su carrera, pero la euforia que les ha causado ha ido más allá de todo el arte del mundo.

Cuando venía para Miami a participar en la gala del Ballet Clásico Cubano de Miami la semana pasada, donde bailaría Les Sylphides, la prima bailarina del San Francisco Ballet Lorena Feijóo hablaba de la función, pero mayormente de la alegría que le ha traído su hija Luciana con Vitor Luiz, el primer bailarín brasileño que se le ha unido en el San Francisco Ballet.

Lorena le mantiene la lactancia aún, después de dos años. “Es impresionante, y ese no era mi plan”, dice. “Simplemente, me gustaría darle el pecho un año, pensé, pero como no se ha enfermado, sigo, porque es reconfortante para la niña, y yo voy a usar mi lógica, ya que hay tantas recetas, pero yo voy a usar mi intuición de mamá y de persona, lo que nos cause el bienestar emocional”.

Luciana le habla a la madre en portugués, el idioma del padre. Le dice: “un poquiño, mamiña”. Pero esto enternece aun más a Lorena. “Vitor dice que tengo un corazón de mantequilla, y la niña me ha cogido la baja por el lado del corazón, pero ella es obediente”, comenta la bailarina. “Es supersociable, te obliga a calmarte, inclusive bailando, me ayuda a poner la vida prioritariamente. La responsabilidad más grande que hay es hacer un ballet, y ser mamá y ser bailarina a la vez es un reto. A pesar de eso, es como una madurez, como si te entraras a la tierra, es un ancla; le digo: ‘mira un pajarito, mira la flor’, y es como reenseñarte a ti misma, es vivir a través de los ojitos de ella, tienen cosas tan cándidas e inesperadas”.

¿Entre la carrera de bailarina y la maternidad qué es lo principal? “La diferencia es que cuando tienes una función y es una velada maravillosa, te despiertas con ese sabor bonito de lo logrado, pero se va difuminando y se va yendo, pero con los niños es a diario, es una cosita más cada día”.

Ya a la niña le encanta bailar ballet. “Todos la adoran cuando la ven. Las expresiones, son un non-stop joy. La cosa más banal del mundo puede suceder, estoy fregando y limpiando, y con una frase te subiste al paraíso en un segundo, cuando dice: ‘mamá, te quiero mucho’ ”, cuenta Lorena, cuya hija, como se ve, la tiene arrebatada.

Le pusieron Luciana, porque tiene que ver con Luz, nombre brasileño. “Mi familia toda lleva la ‘ele’ al principio del nombre, como Lola, Liria, mi papá Lorenzo, mi hermana Lorna, y a mí me gusta mucho Lucía, pero yo le di ese nombre a mi hermana [Lorna Feijóo del Ballet de Boston] para su hija. Porque no sabía si yo iba a tener hijos”, explica.

“Cada vez que me iba de Boston a San Francisco me entraba la ansiedad de la separación de mi sobrina Lucía”, relata la bailarina. Su mamá Lupe Calzadilla era bailarina y maestra de los alumnos de la escuela del Ballet Nacional de Cuba en el Vedado, y ahora está reviviendo la niñez de sus hijas que no pudo disfrutar plenamente, y se pasa el tiempo con las nietas.

“El cordón umbilical postpartum es una realidad, los hijos y los nietos son una continuación biológica, son un pedacito tuyo”, concuerda Lorena.• 

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