Artes y Letras

El mundo elástico: tierno y de un humor feroz

Julio Matas (La Habana, 1931) es bien conocido como uno de los más destacados dramaturgos cubanos, con una obra que comenzó en Cuba con La crónica y el suceso y que continuó, con éxito, a partir de su exilio en 1965. Graduado del Seminario de Arte Dramático y de la Facultad de Derecho, en los años 1950, trabajó como actor en diversas piezas; y, más tarde, como director: Recuerdos de Berta, de Williams (1953); Medea, de Eurípides (1954); La soprano calva, de Ionesco (1956). Le siguieron, Falsa alarma, de Piñera (1957), La lección, de Ionesco (1957), Nuestro pueblo, de Wilder (1960), entre otras. Pero Matas es también poeta, ensayista y narrador. Catálogo de imprevistos (1963) fue su primer libro de relatos publicado, donde se movía en la corriente del absurdo. Ya en el exilio publicó otros dos volúmenes de relatos, Erinia (1971) y Transiciones, migraciones (1993), que tuvieron muy buena acogida entre el público y la crítica especializada.

El mundo elástico (Alexandria, 2013) es su más reciente libro de relatos. Son 11 narraciones de estilo muy variado, pero unificadas por una prosa culta, serena, en ocasiones erudita sin caer jamás en la pedantería, y un humor finísimo, que se disfruta a plenitud. El título del conjunto, “el mundo elástico”, quizás de entrada, desconcierte, porque el primer “mundo” que al menos a mí me vino a la cabeza, fue nuestro mundo que habitamos, nuestro planeta; ya se sabe, una esfera achatada por los polos que a pesar del magma interior, no es nada “elástico”, sino más bien rígido. Pero de ahí pasamos a la metáfora y recordamos “un mundo” de cosas, de recuerdos; y claro, “el mundo” físico, espiritual, de las ideas, “el mundo” sobrenatural y, enseguida, la elasticidad de estos y otros factores que no nombro por obvios se hace evidente, porque la propia vida de sus personajes ejerce una fuerza sobre lo que los rodea, sobre “sus mundos”, capaz de estirar o deformar, de avanzar o retroceder, de metamorfosear.

En varios de los cuentos, curiosamente incluidos el que abre y el que cierra el volumen, algún tipo de metamorfosis juega un papel clave. En Margarita una muchacha regresa de la playa y en la misma puerta del apartamento se transforma en pez. Su compañero la introduce en la bañera y la alimenta y cuida durante un tiempo. No voy a revelar lo que ocurre después, pero sí apuntar que termina disecada en un marco, colgada en la pared. En el cuento que cierra el libro, Cuidado con los ángeles, un ser angelical se transforma en un animal feroz. Hay, como ya apunté, otras curiosas metamorfosis en el libro, algunas parciales, como ocurre en El olor de la santidad, una narración deliciosa, ubicada en mitad del siglo XVIII, magistralmente escrita, salvajemente tierna y de un humor feroz.

Así que la elasticidad de su mundo, de nuestro mundo, se torna tangible. El escritor Luis F. González Cruz lo resume de una manera muy precisa: “En El mundo elástico, tan relativa es la apreciación personal de lo que mira cada individuo como la naturaleza de aquello que es mirado; razón por la cual toda visión del mundo circundante resultará elástica, según muestra la gran mayoría de estos relatos, ubicados en el Continente Americano, la Cuba revolucionaria, España o lugares imaginados”.

Matas adereza, viste, sus historias con una hechura impecable que se diversifica siempre de una manera sorprendente. Así, por ejemplo, en El finfín de Carlos Cuevas se vale, en parte, de la técnica teatral; en Cronología del autor cuenta la vida de su personaje utilizando entradas fechadas como en un diccionario enciclopédico; o en Monólogo de un sobreviviente, dando una vuelta de tuerca insólita, retuerce el lenguaje en el mismo borde de la navaja, para lograr uno de los monólogos más impresionantes de las letras cubanas. Historias cuidadas con esmero, pulcras, sostenidas por una cultura vivida, de las que ya, lamentablemente, quedan pocas.

Matas, aparte de los textos mencionados, es autor de dos tomos de poesía: Homenaje (1958) y Retrato de tiempo (1959) y de una novela, Entre dos luces (2003). Su producción dramática está recogida en cuatro volúmenes: La crónica y el suceso (1964); Teatro (1990), que reúne tres piezas; Juegos y rejuegos (1992); y El rapto de La Habana (2002); un total de 17 obras, algunas de las cuales se han presentado en inglés, español y portugués, en Estados Unidos, Costa Rica, Venezuela y Brasil. • 

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