Artes y Letras

‘Zilia Sánchez: Soy Isla’, retrospectiva

‘Amazonas (Amazons)’, de la serie ‘Topologías eróticas’ (Erotic Topologies), 1978. Ocrílico sobre lienzo,43 x 70 x 11 pulgadas. Princeton University Art Museum, NJ, Museum purchase, Fowler McCormick, Class of 1921, Fund, 2014-53.
‘Amazonas (Amazons)’, de la serie ‘Topologías eróticas’ (Erotic Topologies), 1978. Ocrílico sobre lienzo,43 x 70 x 11 pulgadas. Princeton University Art Museum, NJ, Museum purchase, Fowler McCormick, Class of 1921, Fund, 2014-53. The Phillips Collection

Recuérdese la etimología de isla, vocablo que viene de ínsula. La raíz sul significa -como sal- la idea de brincar, saltar. Así ín-sula es el trozo de tierra, el peñasco que ha saltado en medio del mar.

Ortega y Gasset.

Una isla es un capricho antagónico cimbrado por su dualidad. Peñasco arrojado en medio del mar. Una isla existe en tanto tierra puesto que es agua. Una isla es un conjuro.

Zilia Sánchez: Soy Isla, la primera gran muestra retrospectiva de la obra de la artista cubana afincada en San Juan, Puerto Rico y expuesta al público en The Phillips Collection, Washington DC, comprende una revisión exhaustiva de la persistente y particularísima obra desarrollada por Zilia Sánchez desde principios de los años cincuenta y hasta la actualidad.

Zilia Sánchez (La Habana, 1926) estudia en la escuela Nacional de Bellas Artes San Alejandro de La Habana donde se gradúa en 1957. Activa durante la efervescente década de los anos cincuenta, Zilia es miembro del icónico grupo Los Once (1953-1955). A su salida de Cuba en 1960, vivió en Madrid y Nueva York -donde residió durante ocho años entre 1964-1972, antes definitivamente radicarse en Puerto Rico.

Compuesta por más de 60 obras icónicas, Soy Isla incluye obras tempranas como Azul, azul (1956); Afrocubano (1957) donde la influencia informalista se hace sentir para luego sumergirnos en el peculiarísimo universo que distingue la obra de esta artista.

La obra de Zilia Sánchez gusta de las antípodas. Asistimos a cuadros que desafían lo bidimensional. Promontorios que reclaman lo escultórico. Montado sobre ingeniosas armazones, el lienzo protuberante se proyecta en el espacio en caprichosas ondulaciones que sugieren paisajes cartográficos, elevaciones de terreno que son reafirmadas por las hondas de colores secundando el peñón (Soy Isla: Compréndelo y retírate, 1990) o caprichosas constelaciones ignotas (Lunar con tatuaje, 1968/96 y Lunar negro con tatuaje, 1975).

Y aún, nos queda por descubrir el cuerpo.

En las abstracciones biomorfas de Zilia Sánchez, de economía de recursos remarcable, copulan lo erógeno y lo colérico. El seno es a un tiempo ombligo del mundo, cráter de volcán y punta de lanza. Muchos de los títulos (Amazonas, de la serie Topologías eróticas, 1978 y Troyanas, 1984) parten de la mitología reafirmando el sentido de resistencia donde lo eréctil, tradicionalmente reservado a la masculinidad, es devuelto al sexo femenino. En algunas obras el canto a los genitales femeninos ocupa el centro de la obra. Tales son los casos de Topología erótica, 1960–71 y Juana de Arco, 1987, donde vulva, clítoris y ano reafirman ese ciclo perenne entre lo micro y lo macro, lo personal y lo universal que tipifica a la obra de la artista para la que la problemática de género, en medio de la heteronormatividad preponderante que habitamos, es tema omnipresente.

Si bien la reducida paleta, simplicidad de la composición, y la noción de serialidad en el cuadro pudieran acercar a primera vista la obra de esta artista con la corriente minimalista, el componente conceptual tan caro a la misma actúa como zancadilla contra esta tendencia predominantemente masculina y ascética.

En conjunción con la sobria paleta de reducidos colores pasteles y los pujantes lienzos de formas híbridas, el dibujo a línea presente desde la etapa temprana, asoma como filigrana –tatuajes al decir de la artista- que van dejando trazo de la existencia sobre el cuadro.

Regresemos de nuevo a la isla. No solo geográficamente Zilia Sánchez ha estado circundada siempre por el agua, artísticamente también ha estado aislada, relegada en esa ínsula por más de siete décadas. Pero, al decir de Gasset, el peñasco ha saltado en medio del mar y las ondas expansivas, magníficas, esas mismas que secundan su obra, ahora se acrecientan definitivamente en el mundo del arte, dándole su lugar merecido.

Zilia Sánchez: Soy Isla es, sin duda, la punta del iceberg, el comienzo del camino hacia el necesario reconocimiento de esta figura insoslayable dentro del arte cubano, el arte feminista y el arte contemporáneo.

‘Zilia Sánchez: Soy Isla (I am an Island)‘ en The Phillips Collection, 1600 21st Street, NW, Washington, DC., hasta el 19 de mayo.

Janet Batet es escritora, curadora y crítica de arte. Escribe para diferentes publicaciones, galerías y museos.

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