Artes y Letras

Penúltimos diarios de Ernesto Hernández Busto

El escritor Ernesto Hernández Busto.
El escritor Ernesto Hernández Busto. Ernesto Hernández Busto

Conocido como fundador y administrador del portal Penúltimos Días, Ernesto Hernández Busto está sacando a la luz este verano su otro yo: un escritor de narración fluida y elegante, amanerada y elocuente, íntima e introspectiva, alejada del periodista, traductor y analista de temas cubanos al que había acostumbrado a los miles de lectores diarios de PD.

La ruta natural y Diario de Kioto, editado el primero por la selecta Vaso Roto y el segundo por la editorial Cuadrivio, son de esos libros que se leen de un tirón, dejando la sensación de haber viajado con el escritor cubano residente en Barcelona, no solo a los lugares tangibles sino también al proceso intelectual mismo y la creación. Ambos títulos marcan el regreso campante de Hernández Busto a la literatura cubana. ¡Chapeau!

Tanto La ruta natural como Diario de Kioto, se presentan en forma de diario. ¿Por qué esta narración autobiográfica e íntima, susurrando secretos de tu vida física, intelectual y emotiva? “Pese a las apariencias, son libros diferentes. El primero es un libro anfibio que ensambla fragmentos de distinto género; una suerte de ensayo fragmentario sobre el fragmento, que "canibaliza" recursos de la ficción y la poesía. El segundo está más apegado a la forma clásica del dietario. Además, tuvieron tiempos distintos de escritura. La ruta… fue pensada, y la fui "recorriendo", digamos, a lo largo de varios años; el Diario... me salió de un tirón tras ese viaje que cuenta. Pero sí, ambos son libros colocados en lo autobiográfico, en una zona donde se entrecruzan lo intelectual y lo vital, o más bien, donde ambos aspiran a confundirse.

Hay en la escritura de diarios literarios una ambivalencia constitutiva: uno habla con uno mismo para que lo oigan los demás. Es la “insincera sinceridad” de la que habla Gombrowicz. Una especie de susurro, sí: ni demasiado bajo para resultar inaudible, ni demasiado alto para ser declarativo. Me interesa ese tono, que no está muy explorado en la literatura cubana”.

¿Qué te hizo llevar y, publicar luego, un Diario de Kioto y no, por ejemplo, uno de Tokio? “Tokio y Kioto son ciudades muy diferentes; complementarias. La primera tiene la fascinación de la gran metrópoli ultramoderna, su ruido, su gigantismo. Es una ciudad para perderse. Kioto, en cambio, es una ciudad para encontrarse, hecha a la medida del paseante. “A veces se viaja –digo en el libro– para poder estar realmente a solas con uno mismo”. Kioto es un reducto budista y escuela de percepción para muchos artistas y escritores, así que resultaba más apropiada para este viaje, que es también huida y purga sentimental. Pero es importante advertir que el “Kioto” de mi libro es escenario de otra búsqueda más profunda. Aurelio Asiain, poeta, traductor y estudioso de la cultura japonesa, lo dice en la nota que escribió para la contraportada: la verdadera pregunta del Diario es “¿Cómo estar de veras aquí y ahora?”. El lugar siempre es relativo. O como dice aquel haikú de Basho: “Aún en Kioto/¡qué nostalgia de Kioto!”.

Tu blog Penúltimos Días llegó a ser durante casi 6 años el sitio referencial diario sobre temas de Cuba, un portal dinámico, periodísticamente confiable y de gran retroalimentación. ¿Qué representó PD para ti? “Fue una web de referencia en temas cubanos. No sólo tuvo un tráfico enorme, sino que también fue uno de los pocos sitios capaces de sobrevivir sin subvenciones, con la ayuda de sus lectores. Tuvo, quiero pensar, cierta influencia, no tanto en la política como en el diálogo entre el exilio y la isla. Pero la verdad es que editarlo me llevaba demasiado tiempo. Los blogs tienen su propio ciclo: después de 3 o 4 años, empiezan a decaer. No fui capaz de reinventarlo. Un día descubrí que me había pasado demasiado tiempo dando forma a una obsesión casi enfermiza, que excluía cualquier posibilidad de carrera literaria. También mis expectativas iniciales sobre la relación entre política, periodismo y nuevas tecnologías se desinflaron un poco a medida que fui profundizando en esos temas. PD fue importante, sobre todo, por la gente que consiguió reunir: colaboradores y lectores a los que nunca agradeceré lo suficiente su inteligencia, su irreverencia y su fervor.

Las circunstancias del tema cubano han cambiado radicalmente en los últimos meses. Creo que los cubanos hemos dejado pasar una oportunidad, y que ahora nos acomodaremos a un futuro previsible, controlado, cínico. Por suerte, el castrismo se inmoló a sí mismo pero ganó el oportunismo, ganó el dinero, y en esa mutación aún falta lo que mucha gente pedía y sigue pidiendo: libertad. Penúltimos Días bien podría ser el archivo de esa derrota”.

¿Cómo ves la literatura cubana en la actualidad, tanto la creada dentro de la isla como la que se hace en el exterior? “Hay todavía buenos escritores de mi generación en activo, aunque no veo que los nuevos tengan la misma curiosidad ni un peso definitivo. Me gusta la irreverencia de algunos jóvenes, pero en términos generales creo que la literatura que se hace en la isla tiene una carga tremenda de provincianismo. Y el exilio, que empieza a ser reconocido (y manipulado) como parte del canon, es un cajón de sastre donde conviven buenos y malos escritores. Cuba es un país sin mercado literario propio: los que están en la isla quieren ser reconocidos fuera, y los que están afuera sienten que nadie les hace caso. Un cruce de malentendidos, que coincide con una crítica literaria cada vez más rebajada y complaciente. Sin embargo, creo que la buena literatura, sea de donde sea, acaba por abrirse su propio camino”.

Ahora que La ruta natural y Diario de Kioto se te van de las manos como todo libro que debe enfrentar su destino, ¿qué proyectos tienes? “Soy un escritor lento. O más bien, perezoso. Llevo años metido en una biografía “a la inglesa” de Lezama Lima. He hecho un montón de entrevistas, y consultado mucha bibliografía, pero aún ando por la mitad de lo previsto. Tuve hace poco un fellowship de 3 meses en el archivo cubano de la biblioteca de la Universidad de Miami, y pude retomar ese viejo proyecto. En ese archivo hay maravillas, y fueron meses muy estimulantes, en condiciones envidiables. A ver qué sale de eso”.

yorkville43@yahoo.com

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