Artes y Letras

‘Iconocracia’, la mirada punzante

‘El revolucionario’. Obra de Arturo Cuenca.
‘El revolucionario’. Obra de Arturo Cuenca. Centro-Museo Vasco de Arte Contemporáneo (Artium)

Son muchas y muy variadas las miradas críticas vertidas sobre el fascinante tema de la fotografía cubana de las últimas décadas, en particular en lo tocante a su enfoque ideológico. Sin embargo, solo algunas aproximaciones resultan audaces a la hora de interrogar su objeto de estudio y advierten otras maneras de “entender”, “escribir” y “presentar” esa imagen fotográfica y su historia.

Sin duda alguna, la muestra Iconocracia. Imagen del poder y poder de las imágenes en la fotografía cubana contemporánea –comisariada por el ensayista cubano Iván de la Nuez, y que ahora mismo se exhibe en el museo ARTIUM de Vitoria-Gasteiz, en España– es una de las apuestas más inteligentes y soberbias dentro de ese panorama de lecturas críticas que intenta satisfacer, desde nuevos enfoques conceptuales e interpretativos, las demandas del signo fotográfico en una era de absoluta promiscuidad visual.

Iconocracia reflexiona sobre la capacidad de expansión (e impacto) de las “iconografías” oficiales y acerca de la rentabilidad mediática de esos relatos que, construidos desde una instancia de poder, “penetran” e “invaden” todas las estructuras y tramas sociales y culturales de un país. No es necesariamente una exposición sobre fotografía sino más bien, y ante todo, una puesta en escena brillante que cuestiona los límites entre visualidad e ideología, pulsando una mirada menos canónica y alejada de sus mitos fundacionales.

Indagando sobre toda esa maniobra que llevó a cabo la revolución cubana y sus líderes, tanto como sus fanáticos en el mundo; registrando en una fotografía de acento épico y trascendentalista, es lo que, en palabras de su comisario “podríamos llamar la iconocracia, un modelo de gobierno que, entre sus muchos poderes, ha incluido el enaltecimiento de su imaginario a través de la fotografía. Todavía hoy, cuando los guerrilleros supervivientes son ancianos, la impronta de esta fotografía de gesta persiste, medio siglo más tarde, como el marchamo estético de una revolución que hace tiempo dejó de serlo. Esa ha sido La Fotografía Cubana (…) No hay que olvidar que la cubana fue la primera revolución de su tipo en el uso extendido de la televisión y que, a diferencia de otros países comunistas, no precisó de estatuas gigantescas para expandir la iconografía oficial. Para eso sirvió la fotografía, mucho más moderna, portátil… e imposible de derribar, llegado el caso”.

Sin embargo, para suerte de esa misma historia de la fotografía y del arte en Cuba, luego de la hipérbole heroica y del abuso excesivo de una visualidad que solo miraba a su líder como a un faraón, otras hornadas más recientes de creadores reunidos aquí, han sabido gestionar ese carácter “consagratorio de la imagen” en diálogo punzante con una perspectiva insurreccional y de declarada desobediencia. De ahí las palabras de Iván cuando aclara que “ha habido una fotografía y un arte posteriores que no solo se han visto obligados a lidiar con esa tradición fotográfica mayúscula, sino también con su mitología y con la necesidad de gestionar y traspasar tanto su discurso estético como sus mitos”. Lo que igualmente le lleva a afirmar que “por eso, y a pesar de su diversidad biográfica, estética o directamente política, los artistas participantes en esta exposición coinciden en su desafío hacia lo que se ha asimilado, y extendido, como Fotografía Cubana”.

La muestra se organiza sobre la urdimbre de cinco capítulos enunciados por su comisario y que revelan su propias tensiones y paradojas, poniendo a prueba la propia tesis de De la Nuez. La jaula de agua; Del Nosotros al Yo; No hay tal lugar; Iconofagia y Apoteosis recorren los entresijos y contradicciones que propone su relato, dejando claro que no se trata de una “exposición académica” de orden cronológico, ni de una rancia organización de artistas por décadas en un diseño estéril. Se trata de potenciar la especulación, la interrogación y el rompecabezas. “Tampoco –subraya De la Nuez– es un proyecto político en términos vulgares, sino en los términos que solo pueden aportar la mirada y los procedimientos artísticos. De ahí su intento de apuntar a la solidez, a una idea de trascendencia, a una validación sin concesiones del poder de la crítica y de la crítica del poder desde las imágenes”.

La exposición reúne una amplia y enjundiosa nómina de artistas de distintas generaciones y disciplinas entre los que se encuentran: Gustavo Acosta, Juan Carlos Alom, Pedro Álvarez, Alexandre Arrechea, Juan Pablo Ballester, José Bedia, Tania Bruguera, María Magdalena Campos Pons, Carlos R. Cárdenas, Raúl Cordero, Luis Cruz Azaceta, Arturo Cuenca, Rafael Domenech, Leandro Feal, Claudio Fuentes, Carlos Garaicoa, Jesús Hdez-Güero, Tony Labat, Hamlet Lavastida, Reynier Leyva Novo, Rogelio López Marín (Gory), Los Carpinteros, María Martínez Cañas, Ana Mendieta, Abelardo Morell, Ernesto Oroza, Geandy Pavón, René Peña, Marta María Pérez Bravo, Manuel Piña, Ernesto Pujol, Lázaro Saavedra, José A. Toirac, Rubén Torres-Llorca y José Ángel Vincench.

Todos los artistas aquí reunidos han debido lidiar con un legado mayúsculo entendido en términos autoritarios y hegemónicos. De modo que para subvertir la regencia de esa iconografía, “han optado por practicar otras estrategias –desde la iconoclastia hasta la iconofagia– para digerir y reciclar esos mitos colectivos y buscar nuevos imaginarios, acordes a los requerimientos de los nuevos tiempos”. En un alarde de interpretación fuera de serie, Iván de la Nuez concluye que “las obras que han alimentado estos argumentos son toda intención en la tensión. Intención en la sospecha hacia la representación –ese mirar por los demás que suele rozar la demagogia–, e intención en el propio posicionamiento de la mirada. Tensión en su preferencia de la ruptura frente a la tradición, la diferencia ante la homogeneidad, la verdad sobre la realidad”.

Iconocracia certifica, entonces, esa voluntad crítica del arte y los artistas cubanos que algunos creen extraviada. Pero también, la audacia y agudeza de una zona de la crítica y del pensamiento teórico sobre las prácticas artísticas, que de la misma manera desautoriza, cuestiona y subvierte no solo los sistemas de representación al uso, sino también sus plataformas ideológicas y discursivas.

Iconocracia. Imagen del poder y poder de las imágenes en la fotografía cubana contemporánea’. Hasta el 4 de octubre en el Centro-Museo Vasco de Arte Contemporáneo (Artium), en Vitoria-Gasteiz, País Vasco. www.artium.org

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