Artes y Letras

Todo para una sombra

Hay varios aspectos que sorprenden en Todo para una sombra, el primer cuaderno de poesía –publicado–, de Zoé Valdés (La Habana, 1959). Ante todo, su madurez. No parece escrito por alguien de poco más de 20 años. Hay una seguridad en el manejo del idioma poco común, que se alimenta de una mirada inquisidora, fresca, lúdica; por momentos provocativa y no exenta de ironía. Prácticamente todas las claves de la posterior literatura de la autora de La nada cotidiana, ya se encuentran en embrión en este libro. La primera edición de Todo para una sombra vio la luz en 1986, por la Editorial Taifa, al cuidado de José Batlló; un año antes había ganado el Accésit Premio “Carlos Ortiz” en España. Ahora acaba de aparecer una nueva edición (ZV Lunáticas y Ars Atelier City, USA 2014). “Esta segunda edición ha sido además revisada por mí y se le han añadido fotos de la época en la que escribí el poemario. Es una edición corregida y la valoro como un libro de juventud que todavía define mi escritura y mi pensamiento, lo miro con cierta nostalgia de mis sentimientos de la época, no puedo evitarlo. Cuando salí de Cuba pude ver mi libro en una vitrina de una librería en Barcelona, junto a la Correspondencia entre Gala y Dalí, y fue muy emocionante. Es una emoción que nunca me ha abandonado”, me comenta la autora.

Un segundo aspecto que me llama la atención es la atracción que ejerce el maestro José Lezama Lima sobre la joven poeta, una atracción que se manifiesta, no en una aproximación al estilo erudito, barroco o hermético del autor de Paradiso, sino en la utilización de la imagen y el símbolo como asideros –la palabra “sombra” se repite en tres citas de Lezama y en el propio título del poemario, por ejemplo–. Quizás sea oportuno recordar ahora que los últimos años de la vida de Lezama, al igual que le sucedió a Virgilio Piñera, los vivió el poeta de Trocadero 162, en completo ostracismo, acosado por la dictadura y sin que se le publicara ni una sola línea, por lo que su influjo sobre la juventud resulta, además de un reconocimiento, un desafío.

Un tercer aspecto a considerar podría ser la sensualidad, que también recorre gran parte de la obra del maestro, pero que en Valdés adquiere una frescura, una forma de ver, melodiosamente física, carnal, y hasta voluptuosa: Tu voz sobre el silencio de mi cuerpo/ hoja en blanco/ escribes caricias… O exigente, impositiva: Hazte simple que será más difícil... Una mirada que también sabe volverse hacia afuera sin dejar de ser personal, íntima: Y en las tardes la lluvia caerá sin arañarme… O rebelde, con un toque cáustico, sazonado, para sorpresa nuestra, con elementos que van más allá de lo coloquial, tan de moda en los años 80, para asomarse a lo que en la actualidad llamaríamos género urbano: Qué triste es ser la inconforme/ amuleto perdido de guerreros medievales./ Qué triste que se me ha enfriado el café/ y me queda menos tiempo para el diseño de la vida

Todo para una sombra es un libro que, a veces, provoca una sonrisa cómplice –No hay más edad que la ciudad en invierno– y en otras, teje una cadena de sensaciones, como en el bellísimo Crece: Crece el sueño/ te has convertido en árbol/ de las ramas gotea miel.// Crece el silencio/ el poema es la noche/ que te brinda un portal.// Crece la lluvia/ apenas me mojo/ dentro de tu cuerpo.// Crece la luz/ tú eres su reflejo/ sobre mi vestido.// Crece la respiración/ y nos volteamos desnudos/ en la sombra. En fin, un libro hermoso por el que no ha pasado el tiempo, lleno de recovecos por los que perderse y donde es posible husmear, a un ritmo frenético, en ese estallido pletórico de vitalidad, de instinto y energía, que suele ser la juventud.

Desde 1995, Zoé Valdés vive exiliada en Francia. Ha publicado, cinco poemarios, varios libros de relatos –algunos de ellos dirigidos a los niños– y más de 20 novelas, entre las que destacan, La nada cotidiana, 1996; Te di la vida entera, finalista del Premio Planeta, 1996; Lobas de mar, Premio de novela Fernando Lara, 2003; La eternidad del instante, Premio Ciudad de Torrevieja, 2004; Bailar con la vida, 2006; La cazadora de astros, 2007; La ficción Fidel, 2008; El todo cotidiano, 2010; y La mujer que llora, Premio Azorín, 2013. Su obra ha sido traducida a más 30 idiomas.

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