Artes y Letras

Cuando la ética importa más que la estética

‘Lamento’, 2010. Obra de Gonzalo Lebrija.
‘Lamento’, 2010. Obra de Gonzalo Lebrija. Aluna Art Foundation

Arquitecturas afectivas es el título de la más reciente exposición que exhibe Aluna Art Foundation desde el pasado diciembre, y que podrá ser visitada hasta el 21 de febrero. Integrada por 24 artistas procedentes de México, El Caribe, América Latina y España, y comisariada por Adriana Herrera y Willy Castellanos, la muestra aborda, como tema central, problemáticas relacionadas con la arquitectura, el urbanismo y su representación en el arte.

Pero la mirada no se enfoca en el aspecto físico, y mucho menos descriptivo, sino más bien en las derivaciones emotivo espirituales que definen a las ciudades y sus construcciones como entes vivos, como reservorios de historias pasadas y presentes, donde se acumulan sueños y desvanecen esperanzas.

Los creadores implicados en el proyecto se valen de la memoria afectiva como recurso para dialogar con aquellos núcleos arquitectónicos o urbanos de donde proceden, por donde han transitado, o adonde han arribado. La mayoría de las obras evidencia un interés común: la crítica o deconstrucción de los grandes paradigmas de la arquitectura moderna, especialmente en relación con el fracaso de sus narrativas y gestos utópicos.

Un primer elemento a favor de la muestra es su enorme variedad, ya sea en cuanto a geografías, edades, técnicas, estilos, formatos o manifestaciones artísticas. En lo que respecta a estas últimas, hay de todo en la exposición: pintura, dibujo, fotografía, grabado, escultura, instalación, videoarte, en todos los casos hilvanados desde una museografía de altos quilates, que apuesta por la experimentación, la fragmentación y descentramiento del montaje, el predominio de fuertes diagonales en la visualidad, con su consecuente desestabilización de los esquemas ortogonales.

Asimismo, resulta bien significativa la presencia de nombres frescos, caras bien jóvenes, en muchos casos de artistas emergentes recién llegados a Miami, y que intentan comenzar una vida nueva por estos lares. A Aluna... no parecen interesarle los grandes nombres, las firmas consagradas, legitimadas. Es en este sentido una institución antihegemónica, que apuesta por el riesgo, por la aventura de lo ignoto. En su trayectoria como fundación, nos podemos percatar de que su interés no es solo estético, sino también filantrópico, profundamente humano. Lo cual es una razón más que suficiente para el agasajo, en estos tiempos de tanta mezquindad y egoísmo.

Me gustaría comentar todas las obras, una por una. Pero el espacio es un enemigo inclemente así que jerarquizaré. Debo admitir que una de las obras que más me atrajo, por su pericia técnica y de sentido, es aquella titulada Paradiso Nº 1, del dúo de creación Atelier Morales. Aquí se presenta un fragmento del malecón de La Habana, con una alteración morfológica fundamental: su superficie de cara al mar ha sido trocada en los célebres Acantilados de Normandía, del norte de Francia. El espacio de lo real es transformado en el sendero de la quimera, en la plaza del ensueño y la fantasía. El arte es empleado acá como vehículo de redención simbólica, ficcional, esa que cree que un mundo mejor es posible (aunque no sé si probable).

También reveladora la escultura Lamento, del mexicano Gonzalo Lebrija. En ella, una figura masculina, cabizbaja y recostada contra una pared blanca, delata aflicción, pena. ¿A qué se debe el desconsuelo de este personaje? La respuesta parece ser muy clara, según los testimonios del autor: se trata de una actitud de protesta, un llamado de atención sobre su ciudad, Guadalajara, y en lo que esta se ha convertido, debido a la acción irresponsable de los seres humanos. Bella pieza, en definitiva, portadora de una dimensión ética bien recia.

El resto, amigo lector, se lo dejo de tarea. Créanme, hay muchas obras meritorias, tremendamente hermosas. Un recorrido que les cambiará la vida.

  Comentarios