Artes y Letras

Legna Rodríguez Iglesias: la literatura es un monstruo que se alimenta de lo que sea

Legna Rodríguez Iglesias ha publicado más de diez libros y ha sido reconocida con el premio Casa de las Américas 2016, en la categoría de teatro.
Legna Rodríguez Iglesias ha publicado más de diez libros y ha sido reconocida con el premio Casa de las Américas 2016, en la categoría de teatro. Foto de cortesía

La escritora Legna Rodríguez Iglesias (Camagüey, Cuba, 1984) es joven y talentosa, alterna su creación entre la poesía, la narrativa y la dramaturgia; tiene publicados más de diez libros y ha sido reconocida con el premio Casa de las Américas 2016, en la categoría de teatro, por su obra Si esto es una tragedia yo soy una bicicleta; pero antes de que le fuera otorgado ese premio, Rodríguez había barrido con casi todos los lauros literarios de su provincia, muchos nacionales, y de una vez cruzó la línea del horizonte ganando significativos concursos internacionales, como el Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar 2011. Eso nos aclara que esta escritora no es una improvisada. Ahora Legna reside en Miami y como no muchos la conocen, aprovechando que el viernes 22 de julio presenta su libro de cuentos No sabe/ No contesta (Editorial Caja China, 2015) en el CCEMiami, hacemos un acercamiento para los lectores de el Nuevo Herald.

¿Cómo empezó todo contigo, qué recorrido hiciste para convertirte en escritora?

Hice un recorrido infantil y mágico. Si tienes un papá como el mío, que me leía cuentos de animales y se quedaba dormido leyéndome, o una abuela como la mía, que no sabía leer pero inventaba fábulas para mí mientras me daba la comida con una cuchara, o una profesora de talleres literarios, que me ponía a escribir en la yerba y en vez de literatura para niños me leía cuentos de Juan Rulfo y poemas de Vallejo, y me invitaba a su casa a oír música y me prestaba libros terribles como aquel Camino del tabaco, entonces seguramente vas querer escribir, en el futuro, lo que sea, a toda hora. El resto es inquietante, trágico, pero igualmente encantador.

Sobre la llamada “Generación 0” ¿Te sientes parte de ella? ¿Existen realmente razones comunes en la nueva generación de escritores? ¿Hay algo que los distancie de la tradición y los diferencie de las anteriores?

Deja ver, porque esta pregunta no es acerca de mí, y entonces es complicada. En base a la cuestión temporal, por supuesto que nos une, o debiera unir, un tipo de inquietud común, que va más allá de nuestros principios, o nuestros intereses. Como movimiento poético, no sé si exista tal cosa. Lo otro es la masividad, enseguida que se forma un grupo, muchos otros se suman, y la cochambre es atroz, y la uniformidad es atroz, y se trata de literatura, un respeto. Ahora mismo estoy tan atolondrada, escritural y hormonalmente, que hablar de generación me hace pensar en Aristóteles.

Eres muy joven, sin embargo la aceptación de tu estética, sobre todo por parte de tus afines y la crítica, ha sido muy rápida. ¿No temes a esa velocidad? ¿Te exiges más por ello?

Una de las personas que más quise en mi vida falleció sin mi presencia. Otra de las personas que más quiero en mi vida tiene leucemia y se está muriendo. Y así continuará. Temo perder la renta sin poder terminar lo que he empezado, temo no poder terminar. Esa aceptación de la que hablas, esa velocidad que manifiestas, y fíjate que las pongo en cursiva, son solo más de lo subjetivo. El mundo va rápido. Las enfermedades y las atrocidades, la violencia y la explotación, las elecciones políticas y la tecnología, todo va tan rápido que unos cuantos poemas y unos cuantos libros escritos, se quedan en el limbo de una obsesión particular. Soy obsesiva compulsiva con mis libros. Los escribo pensando en una arquitectura, cada uno de ellos, siempre, lo escribo pensando en cada una de las páginas que lo conformarán. Es aberrante y escrupuloso. Es como llegar a un lugar y pedir permiso para ir al baño, y lavarte los pies, y darte cepillo en los pies, aunque todos crean que solo fuiste a orinar.

Según Antoine Artaud, Toda la escritura es una porquería…, sin embargo, a ti te ha abierto muchas puertas, ¿Qué me dices?

¿Sabes que Artaud fue una de mis primeras lecturas teatrales? Después de eso el estómago dio petate y ya no quiso croqueta frita, lo cual es muy comprensible. La escritura te abre una puerta de hierro, maravillosa y pesada, que a veces no da a un paisaje sereno. No creo que Artaud creyera en verdad que la escritura es una porquería, sin embargo, hay mucha porquería en la escritura que pudiera ser su causa, o su consecuencia. Y no olvides que las puertas solo se abren para cerrarse, después, estrepitosamente. Yo en particular, prefiero puertas cerradas, que paredes de cartón abiertas.

Es evidente que existe una insuficiencia en el teatro, muchas contradicciones con el tiempo que vivimos, también un escaso interés en los espectadores. ¿Crees que está en crisis el teatro actual?

¿El teatro actual de dónde? ¿De aquí de Miami? Definitivamente. Hace poco tuve el honor de participar en el proyecto de Microteatro que auspicia el Centro Cultural Español aquí en Miami, mi proyecto incipiente e inocente (Artaud diría lo mismo) bastó para incomodar, es curioso. Ni siquiera los actores y directores de las otras obras, entendían más o menos, de qué se trataba el cuento. Nada. Un problema de oferta y demanda. Un problema de estructura. Decir que el teatro está en crisis en un lugar donde escasea el teatro es un eufemismo.

¿Crees que el teatro debe ser transformador, reivindicativo, o un divertimento? ¿Crees en su utilidad?

El teatro es una forma de pensamiento. No es un divertimento, no es una novela mexicana, no es Caso Cerrado, no es un libro de autoayuda. Pregúntale a Brecht, a mí no, pregúntale a Brecht.

Tienes razón, fue mi error, el divertimento es una forma musical que fue muy popular durante el siglo XVIII, compuesta para un reducido número de instrumentos… debí ser más docta y decir “entretenimiento”, como también los son “Caso cerrado” y las novelas mexicanas —que no desmerecen al espectador—. ¿Acaso crees que los que van a ver obras de teatro, no ven a la Doctora Ana María Polo, o a Kate del Castillo? Además, te pregunto a ti, porque esta es tu entrevista ¿Serías tan amable de responder? Aunque también puedes no hacerlo: “No sabe/ no contesta”.

La idea de una transformación del espectador me seduciría, si no estuviera tan desesperanzada. José Martí creía en el mejoramiento. Yo no sé/ no puedo saber/ no sé que no sé/ no puedo poder. La estructura y la fuga, famosas premisas filosóficas, indican esa transformación. Nuestros presidentes, al ganar las elecciones después de subirse a un podio, proscenio trágico/patético, transforman el pensamiento común de una masa. Así que, contra mi desesperanza, necesito creer en la utilidad del teatro. Necesito creer en la utilidad de la poesía. Es como único creería en mí.

en la utilidad de la virtud, y en ti. ¿De dónde sale tu teatro? ¿Cuáles son tus temas?

Ni siquiera considero que lo que he escrito sea teatro, al menos en un sentido estéticamente puro. Lo cual me alegra. Me interesa eso, la porquería no es pura. Los sentimientos nunca son puros, las corrientes filosóficas y políticas jamás lo han sido. Y ese supuesto teatro, por suerte, sale de donde mismo salen los poemas, las novelas, los cuentos y los textos parásitos del día a día. Salen de un introito cada vez más estresado.

¿Sucede igual con la poesía?

Igual, igual, igual. Sucede tan igual que más iguales, ni mis dos labios.

¿Hay frases o temas que evitas cuando escribes?

No. No evito nada. Escribo lo que me da la gana, como me da la gana y cuando me da la gana. Si hay un tema que no toco es porque aún no me interesa. Porque aún no he pensado en eso. Porque aún no me ha dolido. Porque estoy buscando trabajo y lo olvidé en el camino. La libertad de mi escritura es obvia y concreta. Soy libre, aunque solo sea ahí.

¿Usas el humor para escribir temas serios y no sentir timidez o vergüenza?

La escritura es lo más serio de mi vida. No me interesa el humor pero sí la ironía, y eso a veces se confunde. Hasta yo los confundo, y pierdo. Se trata de no confundirte. Se trata de perspicacia, eficacia y gracia. Se trata de pen-sa-mien-to. No soy tímida en la escritura. Mi dedo índice no tiene vergüenza.

¿Te divierte o sufres cuando estás armando un libro?

Escribir un libro, no armarlo sino escribirlo, sea poesía o novela, es una forma de vida que debes fundamentar, desarrollar, violentar y matar. La realidad pasa a un nivel en el que no logro identificarme. Algo en mí se ha tergiversado. Sin lugar a dudas, después de cada libro, quien soy es mejor.

¿Cómo corriges?

Corrijo con el pánico de no saber barrer. De no ser, suficientemente, rigurosa y exclusiva.

En tus cuentos -la mayoría de ellos- destrozas todas las leyes establecidas para su concepción, y al armarlos, la base sobre la que se apoyan es totalmente minimalista. ¿Cómo trabajas el cuento?

Las leyes son buenas. Significan orden. Pero a veces son absurdas. Y uno es un delincuente que no acata la ley. Y uno es un ladrón de tumbas. Y uno es un asesino nato. Y uno es un veterano de guerra. Y uno es un niño. Bajo esos términos, escribo un cuento.

La ficción inevitablemente muestra parte de la psicología del escritor ¿Crees que se puede escribir sobre lo que no se alcanza, sobre lo que no somos?

Si me interesa, sí. En efecto, lo que escribo es más hermoso que yo.

Muchos creen que eres transgresora, ¿Lo eres en verdad?

Pregunta equivocada. Pregunta para los críticos, para los lectores.

¿Cómo afecta el horror económico a tu literatura?

La literatura es el único monstruo que se alimenta de lo que sea. Así que tal vez, mientras a mí se me cae el pelo bajo el sol de Miami, buscando un restaurante donde trabajar, o un hotel donde limpiar, o algún cuchitril donde no pidan inglés y me paguen el mínimo, como a cualquiera, ella, la literatura, dora sus cuerpos, se hace inteligente, juguetea, mejora, empeora, vaya a saber!

¿Qué situaciones o elementos de la realidad funcionan en ti como detonantes para la inspiración?

Todo, querida Ena Columbié, todo lo que mis ojos vean ensimismados.

¿Crees que el arte y la literatura deben ser siempre entretenimiento, deleite, o una convulsión que nos saque del atontamiento en donde nos mete la sociedad?

Cuando leo a Thomas Bernhard yo me deleito y convulsiono a la par. Miro alrededor y me pregunto a dónde he ido a parar, sea donde sea que me encuentre.

El libro No sabe/ No contesta”, de Legna Rodríguez Iglesias, se presentará en el Centro Cultural Español este viernes 22 de julio a las 7:00 p.m. Entrada Gratis.

  Comentarios