Feria del Libro de Miami

Ana María Shua, la gran maestra del microrrelato

El nombre de Ana María Shua se asocia con un género en el que es todo un paradigma: el microrrelato.
El nombre de Ana María Shua se asocia con un género en el que es todo un paradigma: el microrrelato. Foto de cortesía

Aunque haya dado a conocer novelas como Los amores de Laurita (1984), La muerte como efecto secundario (1997), El peso de la tentación (2007) e Hijo (2016); libros de cuentos como Los días de pesca (1981) y Que tengas una vida interesante (2009) y numerosas obras para niños y jóvenes, el nombre de Ana María Shua se asocia, de inmediato, con un género en el que es todo un paradigma: el microrrelato.

La sueñera (1984), Casa de geishas (1992), Botánica del caos (2000), Temporada de fantasmas (2009) y Fenómenos de circo (2011) han convertido a esta autora argentina en un referente de culto para los amantes y estudiosos de la narrativa más breve. De ahí que en los últimos años haya sido invitada a impartir talleres y conferencias sobre esta modalidad literaria en prestigiosas universidades e instituciones culturales de Estados Unidos, España y distintos países de América Latina (“el talento no se enseña, pero el oficio sí”, comenta Shua).

A propósito de la presentación en la Feria del Libro de Miami de Todos los universos posibles, volumen que reúne sus cinco libros de microrrelatos, conversamos con esta destacada figura de las letras iberoamericanas.

¿Cómo llevas el título de “reina del microrrelato” que ya es usual adicionarle a tu nombre?

Así es, me coronaron en España y me encanta. Lo malo es que allí tengo una curiosa fama exclusiva como microrrelatista y me gustaría que me conocieran como escritora. En España ignoran mis otras actividades literarias. Quisiera poder publicar alguna vez allá una de mis novelas.

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El microrrelato tiene una larga historia literaria; sin embargo, en los últimos años este género pareciera despertar un creciente interés tanto para los lectores como para los creadores. ¿Estás de acuerdo?

Descreo del auge de lectores: las editoriales no quieren libros de microrrelatos, porque no venden. Sí hay cierto auge entre creadores e investigadores. Hace unos treinta años, los críticos académicos “descubrieron” al microrrelato como género. Hasta entonces era una variante del cuento. Definirlo como un género distinto fue como descubrir América: se encontraron con un territorio vasto, inexplorado. Y comenzaron a aparecer muchos ensayos. Por efecto de derrame, las cátedras de las universidades crearon elites de lectores del género. Por otra parte, Internet resultó ser un medio ideal para difundir un género que, por su brevedad, se lee muy bien en pantalla. Respecto al auge de autores, debo decir, con cierta maldad, que escribir un pésimo microrrelato es muchísimo más fácil que escribir una mala novela.

¿Qué le pides a un buen microrrelato?

Los microrrelatos son criaturas pequeñas y feroces, como las pirañas. Si se consigue atraparlo, no es bueno. Un buen micro resulta tan inasible y resbaladizo como cualquier pez, como cualquier buen texto literario. Eso le pido: que no se deje atrapar fácilmente, que imponga dudas, que muerda.

¿Existen “reglas de oro” para un texto de este tipo?

No las hay. Como siempre, apenas creemos haber establecido un código preciso, aparece un genio que se saltea todas las reglas y sin embargo logra perfección y maravilla.

¿De dónde nacen tus microrrelatos, de qué te alimentas como creadora de esas ficciones?

Los micros se construyen con bloques mínimos y precisos de realidad. La imaginación es un arte combinatorio, que sirve para organizar en un cosmos una ínfima parte de la infinita y caótica realidad. A veces me ayuda mucha leer microrrelatos de otros autores, buenos y malos. Otras veces, cuando me interesa un tema, investigo.

¿Cómo suele ser tu proceso creativo?

Cuando era jovencita creía que las Musas revoloteaban, aladas y capri­chosas, junto a la cabeza del autor, cuando se les daba la gana. Con el tiempo y el esfuerzo fui descubriendo que las Musas son caprichosas pero el oficio también existe. La Inspiración viene cuando quiere, pero para aprovechar su visita hay que estar trabajando. Hoy escribo solo de mañana. (O lo intento: en este oficio no todo depende de la voluntad). Necesito café con leche, me gusta el silencio y me molesta un poco la música.

La sueñera, Casa de geishas, Botánica del caos, Temporada de fantasmas, Fenómenos de circo... Vistos a la distancia, ¿qué distingue a cada uno de estos libros?

Escribí La sueñera con la libertad de quien no sabe si alguna vez será publicado. Como no pensé que esos textos iban a figurar en antologías, los numeré en vez de ponerles títulos. Como no pensé que iban a ser traducidos, me permití intraducibles juegos de palabras. Quise escribir sobre el sueño, los sueños y el insomnio, pero finalmente entraron otros temas.

Algo parecido me pasó con los otros libros: quería hacer algo como Las ciudades invisibles, de Italo Calvino, pero ninguna idea me alcanzaba para todo un libro. Recién con Fenómenos de circo logré centrarme en un universo cerrado. Nunca había encontrado un tema que me ofreciera tantos elementos; dar con el circo fue una sorpresa linda y grande.

¿Y qué conexiones existen entre ellos?

Mi estilo personal, supongo. La influencia de los autores que admiro, como Kafka o Henri Michaux. Una cierta idea de la literatura que fluctúa entre lo ingenuo y lo perverso.

¿Hay alguno por el que sientas una predilección especial?

Me gusta especialmente La sueñera. Tenía veintitrés años cuando empecé a escribirlo, no tenía otros libros publicados que necesitara superar, ni el problema de no repetirme, de evitar el autoplagio.

¿Qué autores de microrrelatos recomendarías a los interesados en este género?

Los clásicos. En mi país, Borges, Bioy, Cortázar, Denevi. El más grande microrrelatista de la historia es Kafka, por supuesto. América Latina tiene muchos grandes autores, como Arreola y Monterroso. Italo Calvino con Las ciudades invisibles o Cocteau con Opium son maravillas europeas. Hoy en Estados Unidos tenemos a Lydia Davis, por ejemplo.

¿Qué sentiste al recibir el primer ejemplar de Todos los universos posibles?

¡Me impresionó ver un libro tan gordo! ¿Todo esto escribí yo?

Presentaciones de Ana María Shua en la Feria del Libro de Miami, Wolfson Campus del Miami Dade College: Sábado 17 de noviembre, 4:15 p.m., Salón 7106 (Edificio 7, primer piso): Panel “¿Qué amo y qué odio de los libros para niños?” Domingo 18 de noviembre, 1:15 p.m., Salón 8525 (Edificio 8, quinto piso): presentación de “Todos los universos posibles”.

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