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Sobrevivir al ataque de un tiburón

La poderosa mordida del escualo podía hacer que John Emory perdiera la pierna izquierda o incluso la vida.

Aveces los milagros en el campo médico tienen nombre y apellido. Este fue el caso de John Emory, quien estuvo a punto de perder una pierna o incluso morir desangrado tras ser atacado por un tiburón. En situaciones tan difíciles como ésta salvar una vida requiere no sólo de gran pericia por parte de los cirujanos sino, también, de la intervención divina, según afirman el paciente y el médico que lo atendió.

El doctor Martin Grossman, cirujano que operó a Emory de emergencia, asegura que ``es un milagro que tenga la pierna, un milagro que haya sanado sin infección, y un milagro que tenga movimiento y pueda usar la pierna sin dificultad o limitación de movimiento''.

El especialista, afiliado al Aventura Hospital and Medical Center, explica que el paciente perdió una arteria, pero fue posible preservarle los músculos y los tendones. ``Reparamos los músculos internos en lo profundo de su pierna, los pegamos de nuevo al hueso, arreglamos un par de tendones y suturamos la piel. Fue como armar un rompecabezas''.

Emory, un contratista civil que trabaja con el Gobierno, estaba practicando pesca submarina en aguas de la bahía de Guantánamo, Cuba, con un amigo suyo, ex buzo de la armada, cuando vio venir gran cantidad de agua en el momento en que se encontraba parado a sólo tres pies de profundidad. De repente, sintió los dientes del tiburón clavados en su pierna izquierda, y él atinó sólo a darle puñetazos con todas sus fuerzas al animal hasta lograr que éste lo soltara. Su amigo le aplicó un torniquete y con su asistencia y la de otras personas fue sacado del agua y trasladado en una lancha rápida al hospital militar local.

''Allí me estabilizaron, pero creí que perdería la pierna. Era una herida muy profunda, me estaba de-sangrando y la presión sanguínea me bajó mucho, pensé que iba a morir, sentía como si estuviera soñando, como si aquello fuera una pesadilla. Me dijeron después que se me veía el hueso'', recuerda Emory.

''Por fortuna me pusieron en un jet y me trasladaron a Fort Lauderdale, donde una ambulancia me llevó al hospital Aventura. Allí me salvaron milagrosamente'', agrega.

Según los zoólogos, la única forma en que los tiburones pueden explorar un objeto o un organismo es mordiéndolo. Por lo general, la mordedura de tiburón es exploratoria, y el animal se aleja después de una mordida. Los tiburones suelen realizar un ataque rápido, se retiran y esperan a que la víctima muera o esté exhausta, para entonces regresar a alimentarse. Esto protege al tiburón de heridas que pueda propinarle una víctima herida y agresiva y, felizmente, es algo que le puede dar al ser humano la oportunidad de salir del agua y sobrevivir.

Emory cuenta que en su caso había mucha sangre en el agua y, en efecto, el animal se retiró a cierta distancia a esperar. Su amigo vino en su ayuda, pasando cerca del tiburón sin que éste lo atacara.

Para que otras personas no pasen por la trágica experiencia de ser atacado por un tiburón, Emory recomienda que antes de entrar al mar se informen y conozcan bien el área. Asegura que su error fue no haber estado familiarizado con la zona. ''Cerca de donde fui atacado desemboca un río y los tiburones van allí a buscar alimento. De haberlo sabido, nunca hubiera entrado al agua en ese lugar'', dice.

Según el proyecto International Shark Attack File, ``el número de interacciones entre tiburones y humanos que ocurren en un año está directamente relacionado con el tiempo que éstos pasan en el agua. En tanto la población mundial continúa su crecimiento, consecuentemente aumenta el interés en la recreación acuática; así que, siendo realistas, deberíamos esperar que aumente el número de ataques de tiburón y otras heridas relacionadas con la recreación en el mar. Si la población de tiburones permanece igual o incrementa su tamaño, uno puede predecir que tendrá que haber más ataques cada año con relación al año anterior, porque más gente estará en el agua''.

De acuerdo con datos estadísticos de esta organización, disponibles en el Museo de Historia Natural de la Florida ``en el 2008, los grupos recreativos que más a menudo estuvieron involucrados en ataques de tiburón fueron los que practican tabla hawaiana [surfing] y surf de cometa (56.6 por ciento), así como los que practican natación y pesca (35.8). Menos afectados resultaron quienes practican natación con máscara de buceo (snorkeling o esnórquel, 7.6 por ciento)''. 

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