En Familia

Colegios comunitarios apoyan el espíritu empresarial de sus alumnos

Brizeyda Constantiny.
Brizeyda Constantiny. Foto de cortesía

Mientras se criaba, Brizeyda Constantiny no tocaba un manual de instrucciones.

Ella prefería arreglar televisores y reproductores de casetes fundidos, determinando por sí misma cuáles cables iban dónde.

Constantiny quería inventar. Pero sus padres, que migraron de Nicaragua en 1979, dependían de su hija para una entrada fija de ingreso. El salario inestable de una aspirante a empresaria no iba a alcanzar. Constantiny, eventualmente, se fue a estudiar supervisión en gerencia.

Aun así, luego de horas, Constantiny siguió esbozando prototipos y viendo Shark Tank.

Ella dice que, en su hogar en Kendall, “me ven como una demente”.

“Cuando hay un problema, mi cabeza comienza a inflarse.”

En 2009, Constantiny sintonizó las noticias y vio una situación que no es raro ver en el sur de Florida, un bebé había muerto de insolación luego de que la mamá lo dejara en el automóvil en un extenuante día de verano. Solo que esta vez, la cara en la pantalla era una familiar, la veterinaria de su perro.

No tenía sentido que la misma responsable veterinaria que cuidó de su terrier enfermo pudiera haber olvidado un bebé en el asiento trasero.

Ella temía “que le pudiera pasar a cualquiera”. Se preguntó, ¿por qué estaban los autos programados para advertir cuando uno olvida sus llaves, pero no cuando un infante de seis meses se mantiene con el cinturón, en el asiento trasero de un auto estacionado?

Ella esbozó un prototipo, un Volkswagen Beetle con un sensor de peso en forma de caja, incrustado en cada asiento. Si el conductor apaga el motor mientras un niño está aún en el asiento trasero, la caja chillaría “Bebé aún a bordo.”

Impaciente por tener su creación en el mercado, Constantiny fue estafada por $1,000 por una compañía que le ofreció asistirla para obtener una patente. Se encontró con el mismo obstáculo de siempre. “¿El obstáculo que siempre tengo? Dinero”, comenta. “El dinero es lo que hace que tu sueño se convierta en realidad”.

Unos años más tarde, recibió un correo electrónico. Su alma mater, Miami-Dade College (MDC), estaba ofreciendo un premio en dinero para estudiantes o exalumnos recientes, con una solución a un problema que estuviera afectando el condado. Constantiny sometió un video casero mostrando su idea, con tres Barbies agitadas, que olvidaban a su niño en un Buggy caliente color rosado.

Fue un éxito. “Baby Still on Board” empató en el tercer lugar, recibiendo un cheque por $5,000 en una ceremonia de premiación en julio.

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“Baby Still on Board” empató en el tercer lugar, recibiendo un cheque por $5,000 en una ceremonia de premiación en julio. Miami

El inesperado premio ha hecho que el producto de Constantiny sea tangible, que el diseño se levante del papel y sea catapultado hacia una patente legítima. Ahora, respaldada por MDC, la mujer de 50 años, asistente de Servicios Estudiantiles Internacionales del colegio, dice que ha comenzado a verse a sí misma como “una inventora y una empresaria”, preparada para “pisar el mundo de los negocios”.

“Esto me está dando el incentivo de que mi idea cuenta”, dice. “Te hace pensar que eres valiosa”.

Si no fuera por Miami Dade, comenta, “Ni siquiera hubiese tratado”.

Constantiny es una de miles cuyo espíritu empresarial ha sido despertado por los colegios comunitarios (centros preuniversitarios) del sur de Florida, que están incrementando su apoyo, ofreciendo a los residentes una entrada al mundo tecnológico dominado por hombres blancos, generalmente ricos.

En los pasados años, tanto Broward College como Miami Dade College han ubicado centros de iniciativa empresarial en sus campus en expansión. En 2014, Miami Dade creó el Idea Center en el octavo piso de su nuevo y reluciente edificio del centro de la ciudad. Broward siguió sus pasos un año más tarde, abriendo el Innovation Hub en el piso 11 de su centro en Fort Lauderdale.

Broward y Miami Dade no son los únicos que han visto una generación de residentes determinada a convertirse en el próximo Mark Zuckerberg. Colegios y universidades alrededor del país se desarrollan también como incubadoras tecnológicas, canalizando fondos en centros de empresarismo con estructuras de cristal.

Pero los directores de Innovation Hub y de Idea Center dicen que los colegios comunitarios están invirtiendo activos muy necesarios en el impulso inicial para personas innovadoras diversas.

De acuerdo con un estudio reciente del Proyecto de Igualdad de Oportunidades (Equality of Opportunity Project), su habilidad de convertirse en inventor en Estados Unidos depende de dos cosas; “excelencia en matemática y ciencias y tener una familia rica”.

Si las minorías, las mujeres y aquellas personas que proceden de ambientes de bajos ingresos inventaran al mismo ritmo que los hombres blancos, dice el informe, “la tasa de innovación se cuadruplicaría” en Estados Unidos.

Romi Bhatia, director ejecutivo de Idea Center de Miami Dade, dice que los gigantes tecnológicos como Apple, Google y Facebook están conscientes de que el campo carece de diversidad y han comenzado a tomar más seriamente a Miami Dade como un canal para talento joven.

“Realmente están acudiendo a los colegios comunitarios”, dice Bhatia, en parte porque “ven la demografía a la que servimos”.

Miami Dade College (MDC) asegura que matricula más estudiantes de minoría que ningún otro colegio o universidad en Estados Unidos, con 73 por ciento de los estudiantes matriculados de origen hispano y 15 por ciento afroamericanos. Dos tercios de los estudiantes de MDC provienen de familias de bajo ingreso.

Bhatia explica que, manteniendo muy baja la barrera para entrar, el Idea Center puede reclutar a esos estudiantes que tradicionalmente se enfrentan a la barrera del mundo tecnológico blanco y rico.



Para aquellos locos por programar, pero con problema de efectivo,

añade Bhatia, “los espacios son limitados” en Miami. Las organizaciones comparables pueden ser costosas; un curso introductorio para desarrollo de redes cuesta $4,000 en Wyncode Academy, un campamento de programación en Miami. Miami Dade ofrece un curso similar a sus estudiantes y a residentes por $399 y $599, respectivamente.

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Graduados del Startup NOW Accelerator de Broward College. Miami

Bhatia dice que el colegio está determinado a seguir apoyando a cualquiera y a todos los empresarios del condado. “Mi mandato es asegurarnos de que estamos cultivando aquí al talento local”, comenta. “No hay examen de entrada”.

Pero le preocupa que el impacto se mantenga en el centro, donde se agrupan muchas de las incubadoras más populares de la ciudad, cerca de Idea Center.

“El acceso a la tecnología y el acceso a las oportunidades no deben tener un resultado inevitable solo porque hay una organización nueva en el centro de la ciudad”, comenta. Overtown, Liberty City y Homestead siguen siendo desiertos de aceleradores empresariales comparados con áreas altamente tecnológicas como Wynwood y Brickell.

Doral también ha quedado rezagado en el furor, por lo que Miami Dade está expandiendo CS50X Miami, su curso introductorio de ciencias de computadora, al West Campus.

Broward College está también buscando expandir su programa de empresarismo para atraer a los innovadores del condado, alejándolos del trabajo en madera.

“Para nosotros se trata de acceso”, dice Enrique Triay, director de Innovation Hub del colegio. Los dos aceleradores que provienen del centro son libres de costo, uno está dirigido a los residentes de Broward con grado de escuela secundaria, el otro a cualquier estudiante que quiera obtener un grado.

Aún con estos programas gratuitos, el costo puede seguir siendo una barrera para los empresarios jóvenes buscando mercadear su “Gatorade para perros” y “Alibabas para América Latina”.

“Muchos de ellos no tienen transportación”, comenta Triay, por lo tanto, es difícil llegar al centro para reuniones semanales donde pueden llamar la atención de altos ejecutivos y promover prototipos. Dice que el programa busca expandir uno de sus aceleradores a Davie’s Central Campus, cerca de las áreas residenciales donde viven los estudiantes.

Aun cuando el acceso físico se facilite, lograr el tiempo para el empresarismo sigue siendo un obstáculo para los estudiantes de Broward. El grupo de este año hacía malabares para mantener empleos como agentes de bienes raíces, gerentes de propiedad, fotógrafos y enfermeras.

Triay dice que es esta determinación la que hace que sus estudiantes estén tan preparados para el acelerado mundo de nuevas empresas.

Los estudiantes de Broward “tienen un espíritu de luchador”, comenta. “Saben cómo buscárselas y cómo valorar las cosas”.

“Eso es lo que deseas si vas a poner algo en marcha.”

El presidente David Jackson dice a sus estudiantes, un tercio de los cuales nacieron fuera de Estados Unidos, “que persigan el sueño americano con pasión.”

“Tienen determinación,”, dice. “Tienen persistencia”.

El 30 por ciento de los estudiantes que pasan por el acelerador de Triay, que éste describe como “Sobreviviente encuentra el ‘Shark Tank’”, son las personas más dinámicas dentro del grupo amplio de emprendedores dinámicos del colegio. Triay les llama “los expertos”.

Tangy Frederick, con dos meses en el programa, confía en ser una de esas expertas.

Interesada en la seguridad cibernética, Frederick buscó primero una universidad de cuatro años, más costosa, en Florida. Pero, relata, que obtener el grado la estaba drenando de efectivo, así que abandonó dicha universidad luego de un año y fue a Broward, empeñada en convertirse en “una programadora experta”.

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Entrega del premio Innovation de $5,000 que otorgó Miami Dade College a Brizeyda Constantiny por su invención llamada “Baby Still on Board”. Liliana Mora Miami

“El hecho de que no sea realmente costosa no significa que la educación sea malísima”, dice. Frederick le da el crédito al colegio comunitario por proveerle una educación más práctica que la de la universidad de cuatro años, una educación que le permite entrar sin tropiezo al mundo empresarial.

Frederick comenta que, actualmente, luego de fundar su propia compañía de programación, el 95 por ciento del personal que recluta proviene de colegios comunitarios.

Comenta que, los estudiantes de centros preuniversitarios son “más prácticos, están listos para seguir”. En el sur de Florida, donde pequeñas y valientes empresas de nueva creación van en aumento, “necesitamos personas que puedan llegar y comenzar de inmediato.” dice Frederick.

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