Estilo

¡Feliz cumple, bikini!

Con la llegada del verano, los trajes de baños –y el régimen a seguir para lucirlos mejor– se apodera de la siquis de las mujeres. La culpa la tiene el bikini, que todos los cinco de julio celebra un aniversario más de su existencia. Símbolo de sexualidad y también de la liberación de la mujer desde que en 1946 lo puso en la palestra de la historia el ingeniero francés, Louis Réard como “el bañador más pequeño de todos los otros hasta el momento”. Desde entonces, a pesar de estar compuesto por cuatro diminutos triángulos de tejido, el bikini es el protagonista de todas las revistas de moda en el verano; es la causa de innumerable dietas que prometen conseguir el cuerpo perfecto, y la pieza de vestir que más atormenta a las mujeres que no creen tener ni la figura ideal, ni la piel impecable, ni el ombligo bonito para lucirlo.

El bikini es quizás la primera prenda femenina de vestir inventada por el homo sapiens. El mérito de su creación debía pertenecerle a la mujer cavernícola quien lo llevaba en aquel entonces para cubrirse, según las imágenes que recogen los libros de historia. También –según los historiadores– el bikini existía en Sicilia alrededor del año 300 AD. Sin embargo, para los efectos de la moda, Michelle Bernardine, la bailarina erótica que contrató Réard para lucir su osado diseño en sociedad, ha quedado registrado como la primera heroína.

De este lado del mundo el bikini no fue recibido con el mismo entusiasmo que en el viejo continente. Ni las imágenes de Brigitte Bardot, mito erótico de los 1950-1960, mostrando su esculpida figura en el film And God Created Women (Y dios creó a la mujer), ni las fotos que llegaban de las playas de St. Tropez, abarrotadas de mujeres luciendo bikinis a diestra y siniestra convencieron a la sociedad norteamericana de sus “inmorales” encantos. El pequeño seductor tuvo que esperar casi 20 años por la revolución sexual de los 1960 para ser aceptado como una prenda apropiada para las mujeres americanas decentes.

No obstante, la televisión se encargó de popularizar al seductor con los shows de Iris Chacón, estremeciendo las pronunciadas curvas de su cuerpo al ritmo de la rumba en diminutos bikinis cubiertos con flecos y plumas. Hollywood, por su parte, lo inmortalizó con una selección de mujeres sex simbols entre las que figuran Raquel Welch, llevando un bikini de estampado de leopardo en One Million Years B.C., (Hace un millón de años), Bo Derek en uno de inspiración safari en Tarzan, the Ape Man y Ursula Andress en Dr. No, emergiendo del mar como una diosa aparecida con el icónico bikini blanco, subastado por el valor de $61,500 años después.

En la actualidad el bikini compite con sus parientes más reveladores como la osada tanga y el minimalista hilo dental, invenciones responsables por la fama internacional que tienen a nivel internacional las curvas de la mujeres en las playas de Ipanema y Copacabana en Brasil, Miami Beach, St. Tropez e Ibiza.

El septuagenario más sexy del mundo sigue siendo la prenda más codiciada de la temporada. Aun en nuestros días, un bikini de marca de última moda puede costar una fortuna, robarle una mirada lujuriosa a cualquier hombre y ser motivo de enconada envidia; la línea de bronceado que imprime en el cuerpo al exponerse al sol es otro objeto de deseo en el verano. Y lo mismo para los voyeristas que para los expertos en sexualidad humana, las bañistas en bikinis resultan más provocativas que las nudistas.• 

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