Estilo

Epoca dorada del cine argentino: elegancia y glamour

Camisón de gasa bordada que Lannes hizo para que Lolita Torres usara en ‘Joven, viuda y estanciera’ (1970).
Camisón de gasa bordada que Lannes hizo para que Lolita Torres usara en ‘Joven, viuda y estanciera’ (1970). Verónica Boix

Vestidos deslumbrantes, bocetos y fotografías cuentan la historia dorada del cine Argentino y son el merecido homenaje a Horace Lannes en la muestras sobre la trayectoria de este diseñador que consiguió hacer brillar a las divas argentinas.

Era la década del 1950 y Horace Lannes con 21 años ganaba un concurso para alcanzar su sueño: vestir a Zully Moreno y sus 44 centímetros de cintura, en La mujer de las Camelias, la primer película argentina en ganar un Globo de Oro.

Fascinado con las divas de Hollywood, el ojo de este creativo captó la esencia y capturó su glamour, adaptándolo a las curvilíneas formas de las actrices argentinas. Gracias a su creatividad superó las limitaciones del Código Hays que en esa época imponía al cine en Estados Unidos y prohibía los escotes y la ropa que exaltaba los cuerpos.

Una vez descubierto su talento fue parte de la imagen de todos los mitos argentinos: desde Susana Giménez y Mirtha Legrand, hasta Sandro, Isabel Sarli y Tita Merello. Hoy con 82 años este diseñador se ha ganado el reconocimiento en la exposición “Elegancia y glamour en el cine argentino” que recorre medio siglo de ese vestuario.

El conjunto de estos diseños demuestra lo que fue la época de oro del cine argentino. Lannes llegó en un momento de grandes presupuestos, quizás en el mejor periodo cuando el cine clásico argentino competía con el mexicano para conquistar el mercado hispanohablante. Las salas de cine eran la mejor opción para el entretenimiento.

La muestra abarca desde los inicios hasta el vestuario del filme histórico Ay, Juancito! (de Héctor Olivera, 2004), que es su último trabajo. Un dato curioso de este vestuario es que Lannes recreó los cambios del estilo de toda la década del 1940 en lugar de limitarse a copiar la moda convencional. Así consiguió darle vitalidad al retrato y a la vida de Juan Duarte y el tiempo del primer peronismo.

Abre el espacio un maniquí que posa el vestido enteramente dorado que Susana Giménez usó en La inhundible Molly Brown (1991). Justo al lado en el majestuoso Salón de Madame, está el vestido de brocado de seda natural que Libertad Lamarque usó en La sonrisa de mamá (1972), el camisón de gasa bordada que Lannes hizo para que Lolita Torres usara en Joven, viuda y estanciera (1970) y otro que usó Tita Merello en Viva la vida con una regia boa de plumas de avestruz.

La compleja belleza de los diseños, de trama barroca, muestra el estilo personal de Lannes que atrapa al mismo tiempo la historia de la película y hace brillar a la estrella que lo luce. Tal vez esta capacidad de síntesis sea el talento más grande de Lannes.

Es interesante el diálogo entre el vestuario de las distintas épocas, tan expresivo como deslumbrante. Reflejan un estilo lleno de calados y tramas barrocas que son la firma del diseñador. Estos detalles evocan los diseños de Travis Banton para Marlene Dietrich en películas como El Expreso de Shanghai o Capricho Imperial. En todos ellos la funcionalidad y modernidad de las líneas llevan a pensar en Edith Head, la diseñadora favorita de Alfred Hitchcock, en especial en los vestidos que llevaron estrellas como Grace Kelly o Indrid Bergman.

Imperdible el vestido que lució Mirtha Legrand en Sábado a la noche, cine (1960, Fernando Ayala) y, obvio, el primer vestido que hizo para La mujer de las camelias, quince años antes y que demuestra su capacidad inagotable de navegar los universos expresivos de cada realizador.

Entre vestidos y trajes aparecen como perlas preciosas los figurines para estrellas como Zully Moreno, Graciela Borges e Isabel Sarli, modelos realizados para filmes de Sandro –como el barroco y fantasioso vestuario de Tú me enloqueces.

Hay un curiosa exhibición de de joyas y sombreros que formaron parte de aquellos vestuarios. Si el glamour argentino tiene un artífice es Horace Lannes, cuya obra es un recorrido por lo clásico y lo moderno.

El espacio de la muestra es perfecto: una mansión neoclásica hoy sede del Museo de Arte Decorativo de Buenos Aires. Dos plantas y varias salas decoradas estilo Regencia, Luis XIV y Luis XVI destacan mejor que ningún otro ambiente el halo majestuoso del vestuario en un acertado recorrido que atraviesa una sala dedicada a los vestidos rosados, con diseños más modernos, en general de la década de los 1970; otra dedicada al período en blanco y negro; una exclusiva para las creaciones de Ay, Juancito! y finalmente un espacio con diseños dispuestos en orden cronológico desde los años 1960 hasta 1970.

Sin dudas, los más osados de la muestra son los bodies de encaje blanco y negro que Susana Giménez usó en Donde duermen dos, duermen tres y en Yo también tengo fiaca (1978).

“En el cine de esa época, el personaje proyectaba en el público más por su vestuario que por cinco líneas de diálogo”, dice Horace Lannes y es precisamente esa idea la que aporta magia al cine y funde la imagen de la persona a la ropa que viste.

Mas información: Museo Nacional de Arte Decorativo de Buenos Aires, Avda. del Libertador 1902 CABA, www.mnad.org.

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