Estilo

Las tendencias de primavera/verano se exhiben en París

Una creación del diseñador libanés Elie Saab durante la Semana de la Moda de Alta Costura de París.
Una creación del diseñador libanés Elie Saab durante la Semana de la Moda de Alta Costura de París. EFE

La plaza de Vendôme, famosa por sus tiendas de alta joyería, alberga el opulento Hôtel d’Evreux. Dentro de una de sus lujosas salas, una primera fila llena de celebridades y una pasarela, más lujosa todavía logran, temporada tras temporada, que París reciba de forma sistemática el sobrenombre de “la capital de la moda”.

A la ciudad francesa acudió, una temporada más, la firma italiana Versace para lucir sus mejores galas e inaugurar la pasarela más exquisita, la Alta Costura de París, donde se expusieron las tendencias para la primavera/verano del 2016.

Antes de que la firma italiana sacase a desfilar a su legión de supermodelos –como Lara Stone, Irina Shyak o Gigi Hadid– el “front-row” ya estaba plagado de rostros de igual fama, como la cantante Rita Ora y los diseñadores Anthony Vaccarello, Alexander Wang y Riccardo Tisci.

La directora creativa de la firma, Donatella Versace, optó por imprimir el espíritu deportivo en unas piezas en tonos neón y colores cítricos, como el naranja o el amarillo, que complementaban a los clásicos blanco y negro, en un desfile donde los cut-out, la tela que faltaba, era, precisamente, la protagonista.

Desde los vestidos a los trajes de dos piezas, las prendas de Versace conformaban una especie de patchwork, suturado con cuerdas o con tiras de Swarovski, que se abrían para que la piel asomase.

BANQUETE DE MODA

Al día siguiente, la firma Schiaparelli, que desfila únicamente en Alta Costura, abrió boca al inicio de la jornada con una pasarela con espíritu de banquete, con invitadas como Olivia Palermo o Carla Bruni.

Bertrand Guyon, nombrado director de estilismo de la firma el pasado mes de abril, jugó con los productos de la mesa en telas y accesorios: vestidos largos de cola impregnados con langostas, legumbres y frutas; y accesorios a juego en forma de corazones, atravesados por gambas, o zapatos con guisantes.

El desfile de Dior se trasladó a una sala de espejos, instalada expresamente en los jardines del Museo Rodin, en un desfile con muchas cabezas detrás, ya que fue el equipo de diseño de la marca el encargado de llevar a cabo la colección, después de que el belga Raf Simons dejara la casa el pasado mes de octubre.

Sobre la pasarela, jerséis de lana combinados con faldas brocadas en lana y crêpé de seda. Los vestidos, muy escotados, muy transparentes o mostrando mucha espalda, pero siempre con un estilo muy parisino.

El traje femenino se modernizó mediante detalles brillantes cosidos en el pecho y un pequeño volante péplum, que vuelve ahora en los laterales de la chaqueta.

EL NORTE EN PARÍS

Dentro de la ruta de la moda, siempre por lugares lujosos, Chanel llevó su Alta Costura al Grand Palais de París, reconvertido en una casa nórdica de madera, en un homenaje a la naturaleza que se trasladó también a las prendas, con tejidos naturales, bordados de virutas de madera y broches en forma de insectos, en un trabajo de diseño con intención ecológica.

Los zapatos de Chanel para la próxima temporada primavera/verano tendrán la suela de corcho, siempre en dos colores y con la puntera redondeada en negro, como las clásicas bailarinas de la maison.

En la exclusiva avenida de George V, el francés Stéphane Rolland sacó a desfilar vestidos con faldas plisadas, asimétricas y con detalles esculturales en torno al torso y los hombros, unos conjuntos en negro, beige y rojo, junto con el siempre presente blanco.

LUJO ASIÁTICO

La Alta Costura también homenajeó a lugares lejanos. Dos libaneses, maestros de las alfombras rojas, abrieron boca para las actrices de Hollywood.

Elie Saab evocó un romántico viaje a la India de principios del siglo XX, con vestidos largos y cortos, de cintura marcada, elaborados con bordados, transparencias y pedrería, en una colección suave, en tonos pastel, que viajaba del gris al malva, alcanzando el azul.

Mientras que Zuhaid Murad eligió el blanco, el rosa y el color agua mar, con flores y hojas estampadas, para construir vestidos con polisones y corsés, retrotrayendo la pasarela a una época decimonónica rota por los cortes sensuales, las espaldas al aire y las piernas descubiertas.

Jean Paul Gaultier también viajó al pasado, pero a uno más cercano: a una fiesta de los años 80 en la discoteca más famosa de París, con la fallecida cantante Edwige Belmore como estrella homenajeada.

Belmore, que murió el pasado mes de septiembre, fue una conocida figura de la escena parisina en los años 80 gracias a su estética andrógina, su pelo rubio y su look punk, que volvió a la vida sobre la pasarela gracias a los peinados de las modelos.

Gaultier mostró prendas de hombre adaptadas a la silueta femenina, con chaquetas masculinas que se convierten en vestidos, o que se posan en los hombros, sobre vestidos lenceros.

Los pantalones se llevan con camisas, tirantes y corbata y amplias chaquetas atadas a la cintura con estampados de rayas o de pañuelos adornados con lentejuelas, todo ello combinado con la actitud punk de las modelos, que reían, hablaban entre ellas o llevaban bebidas en la mano.

DOS CLASES DE LUJO

Guo Pei –una celebridad en China, desconocida en Occidente hasta que la cantante Rihanna vistió un diseño suyo en la gala del Met de 2015– exploró su estilo habitual, que mezcla la artesanía china con la suntuosidad de la corte francesa.

Vestidos en azul celeste, rosa pálido, blanco, beige, dorado y amarillo mostaza que marcaron la silueta femenina sobre la pasarela parisina, salpicada con brocados, pedrería y cristales.

El dúo Viktor&Rolf mostró el lado más moderno de la Alta Costura en el ambiente industrial del Palais de Tokyo, donde pusieron a desfilar diseños imbuidos de la estética cubista de Picasso, con vestidos “deconstruidos”, volantes y apostando todo al blanco.

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