Salud

'Nadie piensa que soy sobreviviente'. El cáncer de mama en la juventud

Estoy haciendo todas estas cosas para estar segura de que podré ver a mi hija casarse, y terminar una carrera, verla graduarse’, dijo Bunt.
Estoy haciendo todas estas cosas para estar segura de que podré ver a mi hija casarse, y terminar una carrera, verla graduarse’, dijo Bunt. cjuste@miamiherald.com

Valerie Bunt no parece una superviviente típica del cáncer de pecho.

Madre de una saludable niña de 8 años de edad, Bunt trabaja en una empresa familiar que busca talentos y, además cuida de su hija. Su cabello es largo y castaño, y no parece evidenciar el deterioro de la quimioterapia. Y quienes la ven no intuyen nada de las cicatrices que se extienden por su pecho, y detrás de su hombro derecho, a consecuencia de una cirugía.

Pero lo más sorprendente de todo es su edad.

A los 33 años, Bunt vuela muy por debajo del radar de supervivencia en eventos de cáncer de mama y citas en el hospital. Una mujer incluso la elogió por utilizar una camisa de cáncer de mama y “por su gran apoyo”.

“Eso ocurre”, dijo ella ese día, contando el largo camino recorrido desde que recibió el diagnóstico, en 2011, y su actual estatus de sobreviviente. “Nadie piensa que soy yo. Y preguntan: “¿Qué edad tienes?” No conocen a nadie que haya pasado por ese escenario”.

El cáncer de mama es una enfermedad cada vez más palpable, especialmente en octubre, cuando “todos asumimos el color de rosa” por el mes de la concienciación del cáncer de mama, dijo la madrastra de la joven, Abbe Bunt. Pero los sobrevivientes menores de 40 años –una pequeña pero creciente fracción de los diagnosticados con la enfermedad–, dicen que están combatiendo la percepción de que el cáncer de mama es una enfermedad de mujeres de más edad.

Muchas de ellas no esperaban un diagnóstico en su primera o segunda década de la adultez, antes de que se les recomendaran mamografías para su detección. Ni tampoco lo esperaban algunos de sus primeros médicos, que inicialmente descartaron la posibilidad de que sus bultos pudieran ser cancerosos.

“Yo era una de esas personas que creían que los niños pequeños tenían cáncer o que las personas mayores tenían cáncer. Pensé que en aquella todo estaría bien”, dijo Valerie Bunt, quien vive en Davie.

Alrededor del 7 por ciento de las mujeres que son diagnosticadas con cáncer de mama son menores de 40 años, aunque el número de nuevos casos ha aumentado lentamente desde mediados de la década de 1990, de acuerdo con la American Cancer Society. En parte, la razón es –dijo la doctora Carmen Calfa, oncóloga de Bunt en el campus Plantation del Sylvester Cancer Center de la Universidad de Miami– que ciertos factores que pudieran proteger, como tener hijos antes y lactarlos, están disminuyendo. Otros factores que implican cambios hormonales también pueden desempeñar un papel decisivo, dijo.

“Cuando el cáncer aparece en pacientes más jóvenes, tiende a ser más agresivo y más avanzado”, dijo. “Es un proceso biológico diferente cuando el cáncer aparece a una edad más temprana”.

Los ataques tempranos y más agresivos significan que los pacientes más jóvenes también enfrentan desafíos diferentes. Tienen que determinar cómo equilibrar las carreras en ciernes y los problemas de fertilidad y, dada su esperanza de vida, cómo manejar la atención a largo plazo después del diagnóstico.

“Ser diagnosticado cuando se es más joven también puede afectar más a sus amigos y familiares, aunque solo sea porque es raro”, dijo Gladys Giron, oncóloga quirúrgica en el Miami Cancer Institute. “¿Quién espera que una joven en su veintena o treintena tenga un diagnóstico de cáncer de seno? Son más jóvenes y no esperan que eso ocurra”.

Bunt tenía 25 años cuando sintió por primera vez un bulto del tamaño de un guisante en el seno derecho y fue a un cirujano oncólogo. Su madre había tenido quistes en los senos y, como resultado, “siempre había miedo del cáncer de mama”, dijo.

Pero aquel médico le dijo: “Eres demasiado joven para tener cáncer de mama”, recordó. Ella había estado tratando de amamantar a su hija pequeña, Alyssa, en ese momento. Alyssa había nacido de un parto prematuro, y el médico sugirió que el bulto era solo un conducto de leche obstruido.

Bunt siguió con la preocupación. Había empezado a perder peso, tanto que pronto su peso estuvo por debajo del que tenía antes de quedar embarazada.

Unos meses más tarde, el bulto se había extendido tanto que parecía un camino de grava, con “pequeños guijarros” diseminados por debajo y hacia el centro del pecho. Bunt dijo que recordaba haber entrado en la oficina de su madrastra; se quitó la blusa y se acostó en la alfombra para mostrar los bultos que sentía bajo la piel.

“Encuéntrame a alguien que tome esto en serio”, le pidió Bunt. “Algo anda mal”.

Bunt regresó al hospital para consultar a otro médico. Y este le ordenó un sonograma, luego una mamografía y también una biopsia. Ella fue diagnosticada con cáncer de mama en enero de 2011, unos cinco meses después de haber encontrado su primer bulto. Era etapa 2.

Rápidamente Blunt comenzó un plan de tratamiento agresivo, comenzando con una mastectomía bilateral, quimioterapia y radiación.

“Fue un bombardeo”, dijo su madrastra, Abbe Bunt.

Valerie Bunt también se dio cuenta de que tenía que lidiar con problemas que no se les presentan a pacientes mayores, incluida la menopausia inducida médicamente y la posibilidad de que la quimioterapia podría acabar con su fertilidad. Bunt, que es hija única, no quería que su hija creciera sin un hermano y optó por congelar sus óvulos, con alguna ayuda financiera de la Fundación Livestrong y un médico especialista en fertilidad que aceptaron realizar el procedimiento solo por el costo de anestesia.

‘MUCHO PEOR QUE EL DIAGNÓSTICO’

Dafne Morales Pogoda, de 35 años, se encontró en situación similar el año pasado, cuando le diagnosticaron cáncer de mama en etapa 2. Ella no tenía hijos, pero tampoco quería descartar la posibilidad.

Ya estaba lidiando con el diagnóstico, cuando pensó: “Y ahora me van a decir que quizás ni siquiera pueda tener bebés. Eso fue peor aún que el diagnóstico”.

Congelar sus óvulos, dijo, era como contar con un seguro: “Son como 28 bebés que te esperan en el congelador, esperando a que te cures”, dijo.

Pogoda, de Miramar, también había comenzado un trabajo como asistente del gerente en una compañía farmacéutica, y se encontró equilibrando su trabajo –literalmente, con una laptop mientras recibía quimioterapia– y las citas en el hospital, dijo.

“Siempre he sido muy trabajadora”, dijo. No perdió ningún trabajo mientras recibía tratamiento.

UN CAMINO DIFÍCIL

“El rango de edades entre las pacientes más jóvenes con cáncer de mama coincide casi perfectamente con el período cambiante en el que estas suelen dedicarse al cuidado de múltiples generaciones”, dijo Eileen Tome de Miami Lakes, que fue diagnosticada con cáncer de mama poco después de que su hijo menor cumpliera tres años. “Ese es el momento en que todo está sucediendo en nuestras vidas: carreras, relaciones, relaciones a largo plazo, hijos”.

Tome, que tiene cinco hijos, fue diagnosticada el verano pasado cuando tenía 46 años, solo un año después de que los médicos recomendaran a las mujeres que se hicieran mamografías para detectar el cáncer de mama. Pero no se había sometido a una mamografía en cuatro años.

“Seguía aplazándola y la colocaba al final de la lista”, en medio de otras responsabilidades, dijo Tome, quien recibió tratatamiento en Baptist Health South Florida.

Bunt, que ya hacía malabares para atender a su hija pequeña, descubrió lo mismo. En algunas partes de su tratamiento, dijo, tenía programadas dos o tres citas médicas al día. Después de la cirugía, ella pasó por casi un año de quimioterapia y radiaciones, antes de ir a terapia hormonal, de vez en cuando, para mitigar el riesgo.

Ahora, cinco años después de su último tratamiento de radiación, Bunt está consciente de que su cáncer podría regresar. Las pruebas indican que está en alto riesgo de una recurrencia del cáncer en un rango de 5 a 10 años.

Pero, dijo, se ha vuelto más consciente de su cuerpo; y de las señales de que algo podría andar mal.

“Estoy haciendo todas estas cosas para estar segura de que podré ver a mi hija casarse, y terminar una carrera, verla graduarse”, dijo. “He hecho literalmente todo lo que estaba en mis manos”.

Ella planea asegurarse de que su hija también aprenda a ser consciente de las señales y abogar por su propio tratamiento, en caso de que esto le sucediera.

“Ella va a ser monitoreada más de cerca de lo que sería si esto no hubiera ocurrido”.

Si va

Qué: Susan G. Komen Race for the Cure

Dónde: Bayfront Park, 301 Biscayne Blvd., Miami

Cuándo: Sábado 14 de octubre, 6 a.m.

Informes: 305-383-7116

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