Salud

Panorama de la lucha contra el Alzheimer

The Miami Herald

En algún momento no muy lejano, tal vez antes que pasen muchos años, un paciente podrá someterse a un examen que identificará los indicadores biológicos del Alzheimer, como el colesterol sirve de biomarcador para las enfermedades cardiacas. El tratamiento será en forma de vacuna.

Esas novedades serán un avance enorme en el tratamiento de una enfermedad que por ahora no tiene cura y sólo puede diagnosticarse con precisión después de la muerte, cuando se hace la autopsia del cerebro. Lo que es más, esos exámenes y tratamientos no son cosa de ciencia ficción.

"Se está trabajando mucho en ese campo'', dijo la Dra. María Carrillo, directora de Relaciones Médicas y Científicas de la Asociación del Mal de Alzheimer. "Estamos tratando de crear pruebas para detectar el Alzheimer en sus primeras fases y administrarlas en la consulta de un médico general. En materia de medicamentos, las perspectivas son excelentes''.

El mal de Alzheimer, la forma más común de demencia senil, afecta a 5.2 millones de personas en Estados Unidos. Y a medida que la población envejece la Asociación del Mal de Alzheimer espera medio millón de casos nuevos por año, y que 10 millones de personas nacidas durante el auge demográfico de la posguerra acabarán padenciendo de esta enfermedad degenerativa y letal.

Contar con un examen para identificar la enfermedad antes de que los pacientes muestren síntomas clínicos significa que su progresión, y la preservación de las funciones normales, son posibles con medicamentos.

"No puedo subrayar lo suficiente la importancia del diagnóstico en las primeras etapas del mal'', afirma el Dr. Richard Isaacson, director de la División del Mal de Alzheimer de la Universidad de Miami en la Facultad Miller de Medicina. "Mientras más temprano lo detectemos mejores son las perspectivas del paciente''.

Isaacson y su equipo comenzaron recientemente una prueba clínica sobre el aminoácido BMAA en muestras de cabello de pacientes de Alzheimer, así como en un grupo de control. El grupo tiene la esperanza de determinar si la presencia de este aminoácido es una señal que pronostica la enfermedad o resultado del proceso degenerativo.

También se habla con esperanza de una vacuna. "En las pruebas de vacunas nos preguntamos si hay alguna forma de inmunización que prevenga la acumulación de placas amieloides'', dijo el Dr. Ralph Sacco, jefe del Departamento de Neurología de UM. "¿Hasta qué punto se puede prevenir la pérdida de la memoria?"

Estos son algunos de los experimentos más prometedores para pruebas de diagnóstico y para terapias:

* Exámenes de sangre: aunque los investigadores de numerosos laboratorios se concentran en exámenes de sangre para detectar la enfermedad, la Asociación del Mal de Alzheimer señala que uno en particular está en un estado más avanzado de investigación. Es un examen que se centra en los linfocitos, un tipo de glóbulo blanco.

La prueba mide el nivel de CD-69, una proteína vinculada con el crecimiento y la producción de glóbulos blancos y tuvo un índice de identificación de 91 por ciento en pacientes de Alzheimer, sin importar el grado de severidad, lo que lo convierte en una posibilidad de detección durante los estadíos tempranos de la enfermedad.

* Tomografía por emisión de positrones (PET): La tomografía PET permite crear imágenes de las placas amieloides dañinas en el cerebro de pacientes vivos de Alzheimer, pero el colorante que se usa en la prueba no dura mucho tiempo. Debido a que la mitad de su radioactividad se pierde cada 20 minutos, tiene que fabricarse en el lugar, lo que a su vez requiere un ciclotrón que raras veces puede encontrarse en hospitales comunes. Esto limita su accesibilidad.

No obstante, hace poco los investigadores crearon un nuevo agente radioactivo que se puede inyectar. Ese agente, 18F-AV-45, dura más y permite que se tomen imágenes de alta calidad durante más tiempo.

* Líquido cefalorraquídeo. Investigadores de la Iniciativa de Neuroimágenes del Mal de Alzheimer (ADNI), un proyecto que ayuda a investigadores y clínicas a crear tratamientos y supervisar su efectividad, han creado una prueba para diagnosticar los estadíos tempranos del Alzheimer con la medición de dos marcadores biológicos --proteínas amieloides tau y beta-- en el líquido cefalorraquídeo. (Los amieloides forman las peligrosas placas cerebrales que atacan las células e impide que las neuronas se comuniquen entre sí.)

Por otra parte, investigadores del Centro Médico Mt. Sinai en Miami Beach han creado un programa informático que los radiólogos usan con la tomografía para medir visualmente la severidad de la atrofia del lóbulo medial temporal. Las medidas son útiles para diagnosticar si una persona con dificultades cognitivas leves podría desarrollar el mal de Alzheimer. El uso de este programa podría llevar a diagnósticos más precisos de la enfermedad en estadíos tempranos.

Gran parte de las investigaciones sobre terapias se centran en tratamientos antiamieloides. Los científicos creen que esta proteína interrumpe la comunicación intercelular, causa inflamación en el cerebro y termina causando la muerte de las células. No se sabe si la proteína es causa o resultado del mal de Alzheimer.

En este momento se está probando un medicamento que tiene la capacidad de inhibir la formación de placas amieloides.

Los investigadores también han experimentado la vacuna activa ACC-001, que estimula la producción de anticuerpos para atacar la proteína beta-amieloide.

Otros prueban vacunas pasivas diseñadas para extraer directamente del cerebro la proteína beta-amieloide. La más prometedora, AAB-001, es objeto de un estudio acelerado por parte de la Dirección de Alimentos y Medicamentos (FDA).

Otras investigaciones han identificado vínculos entre el alto consumo de ácidos grasos omega-3 --un tipo de ácido asociado normalmente con la salud cardiaca-- y una posible reducción de la demencia senil o la declinación cognitiva.

"Hay tanta gente trabajando en esto que no puedo imaginar un fracaso'', dijo Chad Dickey, profesor adjunto del Departamento de Medicina Molecular de la Universidad de South Florida.

Mientras tanto, en espera de que estas investigaciones rindan fruto, los científicos afirman que hacer ejercicio cuatro o cinco veces a la semana y mantenerse activos social e intelectualmente es la mejor maneras de retrasar el progreso de la enfermedad.

"El ejercicio físico es absolutamente esencial'', dice Isaacson. "Pero además hay que mantenerse activo mentalmente. Aprendan cosas nuevas. No tenemos una panacea, pero hay buenos tratamientos. Los pacientes pueden tener esperanza''.

aveciana@MiamiHerald.com

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