Salud

El empeño de una madre impulsa tratamiento con delfines

Curacao Dolphin Therapy and Research Center es una empresa privada que ofrece a niños con necesidades especiales de cualquier nacionalidad la posibilidad de participar en una terapia personalizada con delfines. La terapia dura al menos dos semanas, dos horas cada día. En esta foto, Jurre Bruinsma abraza a Papito, su delfín, mientras es asistida por su terapista Steffi Ruhfuss durante su sesión de nado con delfines de la mañana.
Curacao Dolphin Therapy and Research Center es una empresa privada que ofrece a niños con necesidades especiales de cualquier nacionalidad la posibilidad de participar en una terapia personalizada con delfines. La terapia dura al menos dos semanas, dos horas cada día. En esta foto, Jurre Bruinsma abraza a Papito, su delfín, mientras es asistida por su terapista Steffi Ruhfuss durante su sesión de nado con delfines de la mañana.

La niña discapacitada da un paseo en la barriga de Matteo mientras los felices padres no paran de tomar fotografías. El enorme mamífero expulsa agua a través de su espiráculo y descansa amablemente su cabeza en el hombro de la niña, mientras sus padres esperan que ocurra un milagro.

Es una escena que Kirsten Kuhnert ha visto repetirse miles de veces.

"He visto a niños decir su primera palabra, a madres llorar porque su hijo autista la miró a los ojos y la besó'', dijo Kuhnert. "Todos los días ocurre un pequeño milagro. Un milagro que puede ser algo muy grande''.

Kuhnert, de Key Biscayne, ha dedicado los últimos 15 años de su vida a recaudar fondos para las terapias con ayuda de delfines, un polémico tratamiento para modificar el comportamiento de niños con graves problemas de discapacidad. Tras ser golpeada por la tragedia siendo una joven madre de un niño de dos años, la mujer nacida en Alemania se ha entregado por completo a lo que es la razón de su vida.

Convencida de que nadar con animales junto a una terapia del habla o terapia física es algo que ayuda a los niños autistas, con Síndrome de Down, parálisis cerebral y otras enfermedades, Kuhnert pasa los días dándo órdenes a los terapeutas y atendiendo emergencias en el centro de terapia del Acuario de Willemstad, Curazao. Kuhnert hace una llamada tras otra con el objetivo de recaudar dinero para que los niños reciban tratamiento, que cuesta $7,000 o más por dos semanas de cuidados.

Pero en estos días Kuhnert pasa pocos días en la piscina, y es raro verla junto a los niños. Los recuerdos del hijo que perdió le resultanmuy dolorosos.

Fue el 18 de junio de 1994. Kuhnert era una mujer casada con dos hijos, de una familia alemana de clase alta que trabajaba en el mercadeo de eventos deportivos.

Ese día de junio, la familia se había reunido en un club para celebrar el bautizo de su hija Kira, cuando se dieron cuenta de que habían perdido de vista a Tim, de dos años.

"Buscamos durante 15 minutos'', recuerda. "Se había caído en una piscina sin protección. Fue allí donde lo encontraron''.

Tim sufrió daños que lo dejaron en coma y con parálisis cerebral. Kuhnert se volvió obsesiva, dice, el tipo de madre que sería capaz de cualquier cosa por que sus hijos se sintieran bien.

Viajó por hospitales alrededor del mundo, peleó con los neurólogos, perdió su matrimonio.

En 1995, Kuhnert voló desde Alemania a los Cayos, donde su pequeño hijo nadó junto a delfines en una instalación que después cerró. Tras cuatro días de nadar con los delfines, y de 16 meses en coma, Tim despertó.

"Me puse muy feliz. Y pensé que todos los niños que tuvieran un problema similar deberían poder hacer esto'', dijo. "Se me ocurrió que alguien debía crear una especie de fundación''.

Y eso fue lo que hizo.

"Estaba tan entusiasmada con la idea, que comenzó una cruzada para ayudar a que los niños vinieran'', dijo David Nathanson, psicólogo del sur de Miami-Dade, que se considera el fundador de la terapia con ayuda de delfines. "Es una persona muy dedicada y aspasionada. La llamaría un poco excéntrica, pero en el buen sentido''.

Nathanson fue dueño de una compañia llamada Dolphin Human Therapy que tenía lugares en varias partes, desde el Miami Seaquarium hasta Key Largo y México. La empresa funcionó desde 1995 hasta el 2006, y durante ese tiempo Kuhnert llevó a cabo rifas, organizó cenas e hizo incontables llamadas para enviar a la terapia a por lo menos 1,000 niños. De igual modo, logró que muchas aerolíneas regalaran boletos y que corporaciones donaran dinero.

Hace 10 años decidió mudarse al sur de la Florida, para que su hijo pudiera estar cerca de los delfines.

Tim permaneció incapacitado por el resto de su vida y murió súbitamente en el 2008, a los 17 años.

"Era la persona más graciosa y encantadora del mundo'', dijo Kuhnert. ‘Fue un ángel desde el mismo día en que nació''.

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