¿Citas por internet? ¿Y con esos nombres?
Lo que una lectora me contaba el otro día era espeluznante. Le sucedió con un hombre que había conocido por los sitios de buscar pareja por internet, que cada día cobran más y más auge.
“Era un hombre maravilloso que me escribía a cada momento. Después, las cosas fueron tomando el rumbo normal en una relación que se había iniciado en lo que es la forma moderna de conocer personas. Nos citamos en un lugar, tuvimos una primera cita, nos gustamos mutuamente. Era un hombre pulcro, de lo más simpático, bien vestido. Hubo una segunda donde el caballero era la perfecta definición de acuerdo con esa palabra. No intentó nunca sobrepasarse, todo lo contrario. Y después de aquella maravillosa segunda cita, pues sin lugar a dudas que acepté que llegara una tercera cita”.
Me cuenta la lectora que todo pintaba para que fuera el inicio de un noviazgo con bases bien sentadas entre dos personas adultas que se estaban conociendo. Es más, como ya tenían un par de salidas previas, la lectora aceptó que su “Romeo” la fuera a buscar a su casa en su auto tal y como él le pidiera.
“La tercera cita fue en un restaurante famoso para cenar. Él bebió un par de tragos. Estuvo muy simpático y, por supuesto, que él me llevaría de regreso a mi casa. Pero mi gran sorpresa llegó cuando se encaminó hacia una calle oscura, se parqueó y, sin más, se me lanzó encima. Comencé a pedirle que se calmara y, lejos de hacer caso, intentó violarme. Me bajé del auto y comencé a correr y, para mi terror, me alcanzó solo para gritarme: ‘¿Y creías que ‘te iba a invitar una cena tan cara sin que tuvieras que pagar nada por eso?’”
La mujer quedó “curada de espanto” para no volver a aceptar ninguna invitación cibernética. Habló con otra mujer que le contó que, por medio de estos buscadores de parejas por internet, conoció a un hombre con el que tuvo contacto por correo electrónico durante dos semanas; y este la invitó a cenar en un restaurante de comida brasileña.
“Llegué y me llevaron directa a la mesa del hombre que antes siquiera de saludar me reviso de arriba hacia abajo, a pesar de las fotos que habíamos compartido previamente. Vino el mesero a ofrecernos algo para tomar y el hombre le dijo que nos diera unos minutos para pensarlo. De pronto, el hombre me dijo: “Me voy. No voy a tomar nada ni a cenar nada contigo; no eres el tipo de persona que pienso para mi vida; no vale la pena ni gastar en pagar la cuenta de lo que comamos aquí. No me gustas, no eres como te veías en las fotos y no vine a perder tiempo ni dinero. No tiene caso”.
La mujer quedó en estado de shock. Comento esto con la periodista Diana Montano, quien lanzó una pregunta básica: “¿Qué se puede esperar de estos hombres que se anuncian en los buscadores de pareja por internet comenzando con los nombres que utilizan que son más que sugerentes?”
Pica mi curiosidad y busco en un par de ellos, los más populares. Tiene razón. Una gran mayoría de esos aspirantes a una pareja, se anuncian con nombres provocativos, pero coherentes con lo que quieren lograr de la mujer que les escriba llamándose así: “La pildorita milagrosa”, “El oso sabrosón”. Quedé impresionada con más nombres que anticipan lo que son quienes los usan: “El tesorito escondido”, “La turbina caliente”, “Puro sexo1234”, “Querendon69”, estos, entre montones que leí. Y esto es suficiente para anticipar lo que se puede esperar en una cita. Y ni quejarse es bueno.
Esta historia fue publicada originalmente el 2 de noviembre de 2015, 8:11 p. m. with the headline "¿Citas por internet? ¿Y con esos nombres?."