Sobrevivientes

Historias de coraje y esperanzas

Shirley Ravachi, junto a sus compañeras de equipo.
Shirley Ravachi, junto a sus compañeras de equipo.

Marsha Wheatley se casó por segunda vez como lo había planeado: una ceremonia a la caída del crepúsculo en una playa de Cayo Hueso, un colorido traje de novia que reflejaba su alegría, un fin de semana en un romántico hotel. Pero mientras se vestía para la ceremonia, Marsha sintió una pequeña protuberancia en su seno izquierdo.

Menos de una semana más tarde, en agosto del 2008, Wheatley, que entonces tenía 38 años, supo que tenía un carcinoma ductal invasivo. Poco después fue operada y comenzó a recibir radiaciones de quimioterapia. "Mi vida cambió; nuestros planes cambiaron'', dice esta ama de casa que tiene un hijo de 17 años. "Enseguida mi esposo y yo nos acordamos de esa parte en la ceremonia que dice: juntos en el bien y en el mal''.

Wheatley, que vive en Davie, es una de las miles de sobrevivientes de cáncer de seno que conmemora el Mes de la Lucha contra el Cáncer en el Seno. Este año, se estima que se diagnosticarán unos 254,650 casos, convirtiendo el cáncer del seno en el segundo más común entre las mujeres, luego del cáncer de la piel.

Pero hay buenas noticias: una disminución estable en la tasa de muertes del cáncer de seno desde principios de los años 90 --atribuida a una detección temprana y a mejoras en el tratamiento-- significa que más de 130,000 mujeres que de otra forma habrían muerto por culpa de la enfermedad en la actualidad están vivas.

Aunque la incidencia de cáncer de seno aumenta a medida que la mujer envejece, la edad promedio del diagnóstico es 61 años, lo que significa que la mitad de las pacientes son mayores que esa edad, pero la otra mitad son menores.

"El doctor me dijo que yo era demasiado joven para estar pasando por esto, pero la edad no parece ser un factor'', dijo Wheatley, cuya abuela murió de cáncer de seno a los 54 años.

Cada sobreviviente tiene su propia historia, pero todas comparten rasgos comunes de sabiduría, cuidado y gratitud. Cada día que pasa es una victoria, cada evento familiar una celebración.

"Tomo muchas fotografías y paso mucho tiempo con mi hijo'', dijo Wheatley. "Trato de no preocuparme por cosas pequeñas''.

Otra sobreviviente, Fermina Martínez debió enfrentar en diciembre de 1997 la prueba más dura de toda su vida al ser diagnosticada con cáncer de seno. Fue un golpe que amenazó no sólo con robar el entusiasmo personal de seguir con vida a sus 78 años de edad, sino que también la llenó de miedo ante la incertidumbre de no saber qué podía ocurrirle.

Su voz no es la de cualquier mujer. Es el testimonio de una sobreviviente de cáncer que no se amilanó ante la adversidad.

"Cuando me dijeron que tenía que hacer la prueba, me impresionó mucho'', afirmó la anciana, ahora de 90 años. ‘‘He sido muy saludable toda la vida y pensé que no pasaría de una bobería. Y no. Me dijeron: ‘tienes que operarte'. Pero Dios me dio valor y aprendí a tenerlo''.

Fermina repasa los hechos de su vida con determinación para que otras aprendan de su experiencia y no terminen en las redes de la depresión.

"Tuve la suerte de sobreponerme a ese impacto con una actitud positiva, fe en el Creador, confiada en el apoyo de mis seres queridos y en la atención profesional con la que contaba. Así recorrimos juntos la recuperación física y mental de la mastectomía, las sesiones de quimoterapia, y una segunda cirugía seguida de sesiones de radiación'', contó.

"Es muy importante que las mujeres vayan al médico, se hagan la mamografía y se atiendan a tiempo. Eso alarga la vida'', agregó.

Shirley Ravachi, de 47 años, detectó una bolita en su seno derecho en octubre del 2006, apenas meses después de haberse hecho un mamograma que salió bien. Resultó que estaba en la Etapa 3 de un carcinoma lobular invasivo.

"Uno escucha algo así y se asusta mucho'', dice Ravachi. "Uno piensa enseguida que es una sentencia de muerte''.

Pero no lo es. Después de meses de tratamiento, entre ellos quimioterapia, cirugía, radiación, una histerectomía, reconstrucción del seno y terapia física para recuperar el movimiento en el brazo, la productora de televisión nacida en Colombia se unió a un equipo de remeras, Save our Sisters (Salvar a nuestras hermanas), integrado por sobrevivientes de cáncer.

Dos veces a la semana, bajo la dirección de un ex infante de marina, Ravachi y sus compañeras practican en el Miami Rowing Club, en Key Biscayne. Compiten a nivel estatal, y han recaudado fondos para pagar mamogramas a las mujeres que no tienen dinero para hacérselo.

"Lo llamo mi grupo de apoyo'', dice Ravachi. "Tenemos una camaradería increíble''.

Ravachi se inspiró tanto en sus compañeras que produjo un documental de media hora sobre cuatro de ellas, All in the Same Boat: Stories of Breast Cancer Survivors, que se estrena el miércoles en WLRN-PBS 17.

Por su parte, a Marlene V. Clarke, de 56 años, le diagnosticaron cáncer de seno en noviembre del 2006. La mujer, residente de Palmetto Bay, se sometió a 16 meses de quimioterapia, fue ingresada tres veces cuando los pulmones se le llenaron de líquido, y tuvo que llevar puesto un soporte en el cuello durante varias semanas.

"Me tenían que hacer todo. No podía manejar, no podía cocinar. Dependía esencialmente de mis hijos'', recuerda Clarke.

"Siempre confié en Dios, y fortalecí mi fe en él'', dice Clarke. "Aprendí a valorar mi vida. Cada día lo veo como un regalo. Ya no me preocupan las pequeñas cosas que antes me irritaban''.

A otras mujeres, el cáncer de seno les ha abierto nuevos caminos. Después de su diagnóstico y tratamiento, Cindy Papale-Hammontree, asistente administrativa del Centro de Servicios Psicológicos de la Universidad de Miami (UM), coescribió y publicó un libro, The Empty Cup Runneth Over: Answers about Breast Cancer from the Experts (Dorrance, cuyo precio es de $26).

De igual modo, Papale-Hammontree es directora y portavoz de What's Next For My Life, una serie de seminarios que fundó su amiga y también sobreviviente de cáncer Paula Holland de Long, cuyo fin es reducir la ansiedad y el estrés de las pacientes.

Papale-Hammontree, dice que le habla sobre la enfermedad a decenas de miles de mujeres jóvenes en secundarias y universidades, y que está escribiendo un segundo libro autobiográfico, al tiempo que trabaja en un guión para una película.

"Para mí el cáncer de seno es un regalo sin el lacito encima'', dice la mujer de 55 años residente de Kendall. ‘‘Perdí los dos senos, pero el cáncer me ha hecho hacer cosas de otro modo no hubiera hecho. He tenido la oportunidad de conocer a otras guerreras, y tengo que escribir un libro. Estas cosas no habrían ocurrido''.

Papale-Hammontree trabajaba para un cirujano de cáncer de seno en el centro Sylvester Comprehensive Cancer Center, de modo que cuando recibió los resultados de su propia biopsia en julio del 2000 le parecía increíble. "Era algo muy surrealista. Empecé a recordar cuando le decía a otras mujeres que la biopsia les había dado positiva''.

Tres meses después de una mastectomía, Papale-Hammontree decidió extirparse el otro seno. Temorosa de que el cáncer pudiera regresar, esperó cinco años antes de someterse a cirugía reconstructiva.

"Le digo a todas las mujeres que se rodeen de gente positiva, y que mantengan una actitud también positiva'', dice Papale-Hammontree. "Si el cáncer se detecta temprano, es completamente tratable''.

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