La Dra. Isabel

Mi hijita murió y yo no pude estar con ella. Siento que le fallé como madre

Hola, doctora Isabel:

Mi hija falleció hace seis años. Se llamaba Isabel. Fui madre a los 13 años. Mis padres estaban separados. Mi mamá nos había abandonado. No sé la razón, pero me fui de la casa con mi novio y quedé embarazada. Cuando fui a mi primera cita prenatal me hicieron la amniocentesis. El médico me confirmó que la niña venía con un problema en el cerebro. Tenía agenesia del cuerpo calloso; siempre se enfermaba y la ingresaban en el hospital con frecuencia. No hablaba, no caminaba; tenía problemas con la alimentación; la alimentaban por un tubo.

A pesar de las limitaciones era muy inteligente. Le gustaba bailar: le poníamos música y movía la cabeza, reía y aplaudía. Ella fue amada por toda mi familia. En el 2012 los médicos me dijeron que estaba muy mal y que no mejoraría; me preguntaron si quería quitarla de la máquina para respirar. Decidí no quitarla, pero después de llevarla a casa su cuerpo no mantenía la temperatura normal. A veces estaba muy fría. La llevé al médico y le dije que a veces en mi apartamento el dueño no ponía calefacción. En menos de cinco minutos él llamó a Child Services y, desde ese día, perdí a mi hija. Hubo una investigación y no me hallaron culpable; pero de todas fomas me la quitaron. La trabajadora social me dijo que, si a ella le pasaba algo, yo era responsable, porque ella necesitaba una máquina. Y que, en un nursing home ella tendría enfermeras y médicos cuidándola. Y que eso era lo mejor, porque estaba muy mal. No quería separarme de ella. Siento que le fallé como madre y la abandoné. Siento que ellos no fueron justos conmigo porque yo era buena madre. En ese momento yo vivía en New York y, el nursing home en que pudieron ponerla estaba muy lejos. La visitaba una vez a la semana, porque no tenía auto. Un día me llamaron porque se puso malita y la trasladaron a emergencias, pero me dijeron que esperara. No obstante, corrí en un autobús y, cuando llegué, ya había muerto; le pedí que me perdonara por no estar con ella. Pero yo misma no me perdono. Desde que ella falleció, tengo sueños horribles: que intento ayudarla porque no puede respirar o la veo inerte en una cama del hospital. ¿Por qué me pasa esto, doctora Isabel? Por favor, ayúdeme. ¡Muchas gracias!

Hola, amiga:

Al leer tu carta mi corazón se conmueve por ti. Tu hija fue un ángel que vino a darte lecciones de amor, compasión y empatía por los demás, no para que sufras tanto por no haber estado a su lado cuando murió. Hiciste lo que pudiste mientras vivía, pero, al ponerse tan mal, no hubo otra solución que ponerla en un lugar donde podían ofrecerle los servicios que necesitaba.

La primera lección fue que la amaras antes, durante y después de que nació, aun sabiendo que estaba tan enfermita. La cuidaste, la amaste, y aceptaste su condición y es obvio que aun con sus limitaciones ella reía y bailaba. Tienes que reconocer y aceptar que sí la amaste e hiciste todo lo mejor que pudiste.

Lo segundo es la aceptacion de que es mejor que fuese cuidada en un lugar apropiado para ella. Tú no la abandonaste, solo reconociste que era mejor dejarla en manos de quienes podían darle la atención que necesitaba. Lloraste pues uno como madre quiere a sus hijos, perfectos o imperfectos. La extrañas porque tu amor por ella es grande. Te pareció injusto lo sucedido, pero ¿qué habría sucedido si no le dabas la atención apropiada? Se hubiera muerto mucho antes y te hubieras sentido más culpable aún.

No llegaste a tiempo; sí, eso duele, y es muy difícil de borrar pero no imposible. He aprendido que una de las mejores formas de calmar un sentimiento de culpabilidad es primero reconocer que durante su vida, de una forma u otra, estuviste ahí. Este es el momento de ayudar a aquellos que tienes cerca en su nombre, en nombre de tu hija Isabel. Puede ser una persona mayor, que no tiene quien la visite, puede ser un enfermo cerca de tu casa al cual le lleves un plato de comida, pero cuando lo hagas, piensa en tu hija, y di: “Isabel, estos alimentos los llevo en tu nombre”. Puedes hacer esto muchas veces; llegará el momento en que te perdonarás, pero más que todo, habrá gozo en tu corazón, al ver cuánta alegría llevas a otros. Tu corazón sanará y se llenará de amor hacia otros y hacia ti misma. Gracias por tu carta.

Doctora Isabel.

La Dra. Isabel Gómez-Bassols es pedagoga y psicóloga. Su programa se puede escuchar de lunes a viernes, a la 1 p.m., Este, 10 a.m., Pacífico y a las 12 m., Centro, a través del sitio La Red Hispana.org Escriba sus cartas a su sitio web www.doctoraisabel.net

  Comentarios