María Antonieta Collins

‘Amar la lectura es trocar horas de hastío por horas de inefable y deliciosa compañía’, John F. Kennedy

De mujer a mujer

María Antonieta Collins

Crecí respetando los libros y amándolos. Por eso la imagen que tenía frente a los ojos mientras esperaba circular por la 32 Avenida me impactó. Fue tal el golpe emocional que, aunque había pasado ya la imagen, decidí regresarme para tomarle fotos.

¡Se trataba de un cúmulo de libros viejos tirados en plena calle! De seguro que quien los dejó pensó que eran equivalentes a la basura que no le sirve ni le interesa a nadie. ¡Qué horror! Bajé a verlos como si se tratara de un herido en plena calle. Había libros de religión, de motivación personal, para aprender fotografía, un compendio de la Biblia, de temas financieros, de salud, unas cuantas novelas, de recetas de cocina. Una buena cantidad que quizás su dueño creyó que el mejor destino sería la calle.

De repente pensé en la enseñanza que quien hizo tal acto le estaba dando a sus hijos o nietos. ¡Qué tiempos tan diferentes a aquellos en que nos enseñaron que los libros son para leerse y quererse! Recordé aquello de que “no se presta un libro porque muchos no te lo devuelven”. Sin lugar a dudas para esta persona eso no fue parte de su crianza.

En eso me vino a la mente mi compañero, el periodista Jorge Ramos y lo que él hace con los libros. Salí disparada hacia su oficina que es siempre para decenas una antesala, o suya o del Presidente de Noticias Univisión Daniel Coronell, que está justo al lado de él. Por una buena razón Andrés Echevarría, su asistente, siempre tiene en su escritorio por lo menos una docena de libros de todos los temas.

“Uno de los grandes amores de Jorge son los libros y es una cosa que él quiere compartir con sus compañeros de trabajo y, como en las salas de espera hay revistas, aquí él tiene libros en los que la gente se interesa. A veces quieren llevarse uno que les llamó la atención, otras veces dejan libros de su propia casa, es como un punto de encuentro entre lectores que intercambian libros”, comentó Echevarría.

“A Jorge –continuó– le llegan libros de muchas casas editoriales, también de gente que ha entrevistado y él lee todo y una vez que lo lee todo lo pone aquí, para seguir el ciclo de lectura y que no se desperdicien y para que la gente lea, que es algo que se está perdiendo. La gente lee más textos y tweets que libros”.

Los libros que están ahí para que quien quiera los tome, están bajo un signo de reciclaje poco común: es el mismo símbolo internacional, pero que en vez de flechas tiene libros.

“Aquí le llamamos reciclaje, que es en realidad un intercambio de libros –dijo Echevarría–. La gente trae también los suyos y todas las semanas tenemos títulos nuevos, pero hay que destacar algo; todas las oficinas muestran la personalidad de la gente que ahí trabaja, y la de Jorge no tiene ni trofeos ni diplomas, solo fotos de familia y un librero en una esquina, que creo que muestra mucho de él”. Llega Jorge y le cuento la historia que me motivó a escribir esta columna.

“Lo triste –dijo–, es que cada día más y más se ha ido perdiendo esa capacidad de hojear un libro, de pasar una página, de sostenerlo mientras se lee. Mi hija Paola sí lee libros, pero Nicolás que es un joven, yo creo que todo lo que lee ya es en i-pad, computadoras, no libros materialmente”.

Y regreso a los libros tirados en la calle, un par de cuadras adelante el remordimiento me atacó y me di la vuelta para ir a su rescate. No los encontré. Un vecino me dijo que alguien que pasó se apiadó de ellos y que se los había llevado. Sin duda alguna: ¡Por alguien que tira siempre hay alguien que recoge!

mariaantonietacollins@yahoo.com

@CollinsOficial

q

  Comentarios