María Antonieta Collins

La ‘Barbie’ del Medicare

María Antonieta celebra su 65 cumpleaños feliz de lo que ha logrado en su vida y en compañía de su amiga Angélica Artiles.
María Antonieta celebra su 65 cumpleaños feliz de lo que ha logrado en su vida y en compañía de su amiga Angélica Artiles. María A. Collins

De jovencita fui pobre y flaca, muy flaca, malísima combinación para lograr un “buen partido”. Luego de lidiar con aquella situación comprendí que ser bonita en los años mozos era muy fácil. Era difícil mantenerse así toda la vida y, al ver a mis amigas –aquellas que conquistaban con su sola presencia–, me preguntaba: ¿Cómo serán ellas cuando envejezcan?

Con los años, la vida ha puesto a muchas en otro sitio, no necesariamente el que tenían. Soy de las que a menudo aclara a otras. ¿Fulanita? Ahora luce descuidada, con arrugas y pasada de peso, pero en su tiempo era una escultura. Todos enloquecían por estar con ellas y decir que eran sus novios. ¡Ese era su sueño! Pero ninguna planeó el resto de su vida y pensaron que aquello le iba a durar por siempre

¿Y yo? ¿Qué pasaba conmigo? La flaca, fea y pobre para lucir vestidos bonitos, tenía que suplir la carencia con cosas que no estaban de moda; pero eso me hizo diferente: estudiaba mucho y me destaqué en los concursos de Oratoria. Llegué a ser campeona de Coatzacoalcos, mi ciudad; después campeona por Veracruz, mi estado. Y, a los 18 años de edad era tercer lugar nacional entre oradores mucho mayores que yo y con gran experiencia. ¿Quién me iba a decir entonces que algún día trabajaría en la televisión y que aquella experiencia para improvisar sobre un tema sería la clave de mi trabajo décadas más tarde?

Pero yo, aquella muchachita que no tenía invitaciones para salir, dedicaba todo el tiempo a estudiar. Decidí invertir fuerzas en mi carrera y esta me trajo a Estados Unidos donde un día me prometí algo. Era algo que pensé que estaba muuuy lejos de suceder. Me prometí que, cuando estuviera en los 65 años (es decir, cuando llegara a la vejez), yo sería la “Barbie” del Medicare. Y me programé con antelación para llegar a esa edad “en forma”.

Me cuido de las arrugas, me he hecho cirugías estéticas de las que no me avergüenzo; y critico a quienes las niegan y, cuando les preguntan, dicen: “¡Ah, no! Cuando tenga que hacerme una, te pregunto. Yo nací así, protegida por la madre naturaleza”. Se me cae la cara de vergüenza al escuchar esas respuestas, porque creo que cada mujer que me pregunta merece la mejor explicación: “Bonitas hay unas cuantas. Las demás nos hemos hecho a base de sacrificios. Porque cuando repartieron la belleza, llegué tarde y todo me ha costado mucho más”.

Bien dice el dicho: “Para ser bellas hay que ver estrellas”. Y a mí que me pregunten. La cirugía bariatrica me devolvió años y salud; y volver a ser como era hace cuatro décadas hizo del ejercicio mi constante diaria. ¿El resultado? Me he convertido en la persona que quiero ser por el resto de mi vida.

El tiempo pasó más rápido de lo que pensé, y acabo de estrenar en mi cartera, la inevitable tarjeta del Medicare, justo a partir del cumpleaños 65. “No digas la edad que tienes”, dicen mis amistades. Luces de 45 o 50, muchas de esa edad quisieran lucir como tú y, además, al saber esa edad los pretendientes huyen, así que cállate la boca”.

Mi respuesta es la misma: “¡No, no callo mi edad, porque con eso ayudo a otras a entender que 60 y más no son sinónimo de vejez, ni el final de nada. Todo lo contrario. He llegado a mi cumpleaños 65 con más energía que cuando tenía 30. Digo mi edad a los cuatro vientos, porque el ejercicio diario, el prepararme para hacer cosas reservadas para los jóvenes, y el amar con pasión lo que hago, son los mejores logros de mi vida. Esa que siempre quise vivir para esta fecha. Y el que huya por mi edad, que con Dios vaya, que yo soy feliz, ahora sí que soy: ¡la Barbie del Medicare!

mariaantonietacollins@yahoo.com

@CollinsOficial

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