María Antonieta Collins

¿Por qué ‘Kiry’ se ha quedado sin su hogar?

La bella Kiry.
La bella Kiry.

La llamada me sorprendió porque hacía años que no sabía de Nereida Cairo, quien, durante años fue mi fiel modista hasta que se mudó de Miami hacia Broward con su hija. Ahora me llamaba angustiada.

“Mi amiga Olga, que vive con su hijo, está desesperada. El hijo no quiere gatos en su casa y ella, que durante siete años ha tenido a Kiry, en realidad su único tesoro, tiene que deshacerse de ella porque el hijo se lo exige. A él no le importa que para su madre el animalito es parte importantísima de su vida ni que la adore; y no solo botar a la gata, sino que ha amenazado con más”.

Le pregunté que por qué el hijo actuaba así. “No lo sé –respondió–. Desde que ella se mudó allí ha vivido con la gatita. Duele escucharla decir que su gata era el ser viviente con el que tenía mayor comunicación. Pero las cosas han empeorado al ver que la pobre madre no ha hecho nada por botar al animalito; y le ha dicho que, como no le ha hecho caso, derribará la puerta del dormitorio y para sacar a la gata y que la botará donde no la pueda volver a encontrar”.

Le digo que no puedo hacer mucho y comienzo a escribir esta nota mientras Lucy García, quien no puede tener un solo animal más, salió al rescate de Kiry para buscarle un hogar.

“Era eso o arriesgarse a que el desalmado hijo cumpliera su palabra y aun matara a la pobre gatita –dice Lucy–. No entiendo cómo puede haber personas así”.

Y yo furiosa, veo que es un problema con dos aristas. Por un lado, está este hijo, a todas luces un “jijo del mal”, como dirían en mi pueblo. Porque me pregunto: ¿Qué de malo le puede hacer un indefenso animal que, además, ha vivido encerrada en un cuarto siete largos años? Esos son los mismos que Olga lleva viviendo con él; pero paga su estancia y lo ayuda en todo como si fuera empleada de servicio doméstico. Corrijo. Si fuera empleada de servicio doméstico él no podría tratarla de esa manera, porque lo hubieran demandado por abuso y maltrato de ancianos.

La pobre Olga ayuda en todo lo que puede como lo hacen decenas de abuelas y madres con sus hijos y nietos. Y no recibe ni un beneficio a cambio. ¿Qué clase de corazón tiene, no solo el hijo, sino también la esposa de ese hombre que no ha tenido la mínima consideración para la anciana?

“No entiendo –me dice indignada Lucy–. No comprendo esa sumisión. Yo le dije a la mujer que, si ella alquilara un efficiency y estuviera sola viviría mejor”. Le pedí que me explicara mejor.

“Ella tiene su retiro del seguro social, le llega de seguro su dinerito cada mes, dinero que no sé, pero que me imagino ella usa para cooperar en los gastos de la casa. En todo caso, si ella rentara un cuarto, le quedaría el dinero para vivir en paz como quisiera y con el animalito que deseara tener. Pero palabras caen al vacío”.

Lucy tiene razón. No entiendo esa dureza de alma para con una anciana que, dicho sea de paso, si como abuela es buena para aguantar a un hijo así, como madre no debe de haber sido menos. Conclusión, ahora Kiry está sola y no entiende por qué ya su dueña no está con ella.

mariaantonietacollins@yahoo.com

@CollinsOficial

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