María Antonieta Collins

¿Siente afinidad con los villanos de las telenovelas?

Las carcajadas de Carmela, mi mano derecha en la casa, me llaman la atención por lo estrepitosas. Desde cualquier parte de la casa se pueden escuchar en toda su magnitud porque las acompaña de sus comentarios.

“Jajajajaja! ¡Eso, que no se metan contigo! ¡Muéstrales quién eres!” –decía enojada–. La otra noche, intrigada por todo aquello que escuchaba y no le veía sentido, fui hasta donde se encontraba viendo televisión.

“Es que adoro al malo de la telenovela”. Le pregunté: “¿Por qué? “Ahhh, porque con él no hay quien pueda”.

Le dije que no me gustaba la violencia para verla antes de irme a dormir. “Ah, pues esa será usted, pero a mí me gusta. Por nada del mundo me pierdo un capítulo de lo que más me divierte”.

La veo gozar verdaderamente con las situaciones y no únicamente en las novelas violentas. Tiene predilección por una de las novelas principales de la cadena Unimas: Totalmente diva. Esta es la historia de una muchacha pobre que se va a la gran ciudad para entrar en un concurso donde se convertirá en una gran modelo; para eso tiene que enfrentarse con los malos que hacen de todo para que la brasilera heroína triunfe en su cometido.

Las carcajadas de Carmela en ese caso me llamaron la atención; tanto, que no quise interrumpirla y me puse a observarla en silencio. Me volvió a picar la curiosidad porque su personaje favorito en la telenovela ausente de violencia es la villana.

Le pregunté si no se daba cuenta de que, a ella, que es una mujer muy buena, le encantan los villanos.

“Ah, porque son los más divertidos. Los villanos me gustan. Bueno, no me gustan las matazones esas no, pero, por ejemplo, Carolina, la “mala” de la noticia me cae muy bien, es muy bonita y sabe como defenderse”.

Pero también Carmela enloquece de felicidad con otros personajes que son perversamente blancos: una suegra que hace lo que puede para alejar del hijo lo que ella no cree bueno y atraer, sin importar los medios, a quienes a ella le gustan para nueras. “Es que al lado de Doña Estelita está la empleada doméstica que es chismosísima y divertidísima”.

Estos personajes provocan en la Carmela una felicidad sin límites. Grita, aplaude a rabiar, se enoja cuando las cosas no les salen bien y yo francamente no sé que hacer: o me pongo a ver la novela o me pongo tapones en los oídos. Debo confesar que ganó la curiosidad al grado de que estoy grabando dos telenovelas que me divierten: El bienamado y Totalmente diva, la favorita de Carmela.

“Es que uno se divierte con las maldades que hacen –me explicó Carmela–. Me encanta Carolina, como diva, porque ella que no se detiene ante nada, además es preciosa. Aunque me he dado cuenta de que siempre usa los mismos colores de ropa y siempre tiene el mismo brazalete en la mano”.

Semejantes reflexiones me hacen ver que en cada telenovela usted y yo, los televidentes, podemos escoger el papel que en la vida diaria podemos tener. Le dije a Carmela que a ella solo le gustan los malos, mientras que yo voy donde los buenos.

“Ah, claro que sí me gustan, pero es porque tampoco en la vida real uno puede hacer esas cosas, y entonces una se divierte con lo que otros hacen y que no nos atreveríamos a realizar”.

Las “carmelescas” deducciones me dan paz, porque me he dado cuenta de algo: no estoy con los malos, ¡no qué va! Apenas empiezan las maldades en el capítulo de cualquier telenovela que vea, la cambio por una sencilla razón: malos tenemos más que suficientes; montones en la vida diaria. Más claro: escojo estar del lado de los buenos, que esos al fin del día, siempre van a ganar. ¿Y usted? ¿De qué lado está?

mariaantonietacollins@yahoo.com

@CollinsOficial

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