María Antonieta Collins

El baño, reflejo de su educación

El baño para animalitos de servicio del aeropuerto JFK, de Nueva York. Esos animalitos tienen mucha más educación que algunos.
El baño para animalitos de servicio del aeropuerto JFK, de Nueva York. Esos animalitos tienen mucha más educación que algunos. AP

Como decía aquella canción que cantaba en la década de los 80 Manuel Mijares: “Salió del baño de mujeres, y mi reputación cambió”…

La letra aquella hablaba claramente de los chismes que se escuchan en un baño femenino, pero lo que hoy tengo que contarles dista mucho de ser un chisme; es solo una triste (y sucia) realidad. Con pena he entrado no a uno, sino a varios años baños de mujeres y no he dejado de dar gritos de terror y asco… ¡Uggggg!!! porque las impúdicas usuarias que me antecedieron no solo no conocían el aseo y la limpieza que debe observarse al utilizar un servicio sanitario donde quiera que sea, sino la consideración con los demás que vengan después a usarlo.

Mi grito fue tal que lo escuchó todo el mundo ahí dentro, pero peor aun lo que siguió.

Tuve que ir, puerta a puerta abriéndolas con el pie, para encontrar una peor que la otra, hasta hallar el que pudiera utilizar. Parecía que todas las mujeres sin la mínima educación y pudor se habían juntado para entrar ese día en aquel sitio, sucio a más no poder, a pesar de que la sufrida empleada de la limpieza de inmediato llegó.

“Nadie sabe las veces que tengo que venir a asear este baño porque la gerencia recibe llamadas de queja como no creo que exista en otro lugar aquí. Lo peor es que, si alguien me pregunta cuál de los baños es el más cochino, desgraciadamente tengo que decir que es el de las mujeres porque los hombres parecen tener más pudor que muchas de ellas”.

No quiero entrar en detalles escatológicos, pero eso es un atentado a la higiene en toda su expresión. No entiendo por qué muchas mujeres entran a un baño público y pueden ser tan extremadamente egoístas y faltas de limpieza con ellas mismas.

Alguien que me escucha dice: “Seguramente porque en sus casas nadie les enseñó lo que se debe hacer al utilizar un sanitario lo mismo en la casa que fuera de ella, y que el respeto a una y a quien venga después, debe ser grande”.

Hablando del mismo tema con Jacquie Guerrido, presentadora del programa Primer Impacto me deja reflexionando. “Independientemente de lo desagradable que es encontrar un baño sucio, está algo en lo que estas mujeres no piensan: son desconsideradas y sucias con las personas que hacen las labores de limpieza. ¿Cómo es posible que no les dé vergüenza que tenga que venir otra persona a levantar la inmundicia que dejan sin pena? Esas pobres empleadas sufren lo indecible porque es el único trabajo que pueden tener. Eso es no tener compasión con los demás”.

Jacquie trajo a colación algo que también he pensado, y una cosa más: ¿Cómo serán en su casa todas estas mujeres que usan un baño y lo dejan sucio sin pudor alguno?

Alguien me cuenta del baño para mascotas del aeropuerto JFK, de New York, y me manda foto del higiénico lugar… desafortunadamente más limpio que el de cualquiera de estas “damiselas” sin vergüenza alguna. ¡Las mascotas tienen más sentido del pudor y la higiene!

Por lo pronto, creo firmemente que el baño es el reflejo de cada una y así educo a los míos. Es la conducta aprendida que nos diferencia de los demás. Así que recuerde que cualquier fechoría que haga en un baño publico únicamente hará que los demás digan: si eso hace aquí, ¿cómo estará el de su casa?

mariaantonietacollins@yahoo.com

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