María Antonieta Collins

María Antonieta Collins: La calle está mala... y los casados peor, segunda parte

A veces las columnas producen en los lectores una reacción que me encanta: me llaman para contarme su punto de vista, y este ha sido tan bueno que tengo que hacer una segunda columna para aclarar algunas cosas.

La columna La calle está mala... y los casados peor de la semana pasada hizo a lectores como Carla Rues escribir de inmediato.

“Creo que debió haberla titulado: La calle está mala, pero las mujeres peor”, me dijo. “Sus amigas dicen conocer los mejores sitios para el Happy Hour. Entonces, ¿por qué les es tan difícil encontrar un hombre que valga la pena? Muy sencillo, esos lugares están llenos de hombres que además de buscar pasar un rato agradable entre amigos van a ver qué pescan. ¿Cómo entonces quieren hallar una pareja estable buscándola en un sitio donde ellos escapan de sus casas o aprovechan para la infidelidad y la mentira? ¿No se dan cuenta sus amigas de que buscan un hombre que mañana las dejará en su casa porque se irá a buscar ‘su espacio’ en esos sitios? Qué ingenuas”.

Le pedí a Carla permiso para usar su nombre y rápida me dijo que sí, y me dijo más.

“Por no seguir el consejo de mi madre y abuela de que ‘matrimonio y mortaja del cielo bajan’, me apresuré a casarme y tiempo después me divorcié, pero aprendí la lección y, llegado el momento, conocí a mi esposo, con el que tengo 10 años de matrimonio y una nena, y somos felices. Pero no lo busqué, llegó y estamos juntos”.

La carta me hizo pensar en la parte en la que tiene razón, cuando se encuentra un hombre casado o comprometido en un Happy Hour y la relación se convierte en algo más duradero, en algún momento también a esa mujer le podrá suceder que la dejen en casa cuando el cazador se vaya por otra presa. Pero también el punto de vista del lector Raúl Romero me impacta.

“Tiene usted razón en cuanto la competencia injusta porque hay pocos hombres y muchas mujeres en el mismo sitio. Pero todo es causa y efecto. Recuerdo cuando las mujeres en los Happy Hours eran las que ponían las pautas. ¿Qué carro manejas?, ¿dónde trabajas? ¿cuánto dinero tienes? Además iban a quitarse el estrés y decían que no estaban para relaciones serias. No incluyo a todas sino al común denominador que iba al Mistyque”.

Me cuenta que hoy está divorciado y que todo ha cambiado. “Hoy visito poco los Happy Hours por las razones que sus amigas cuentan, pero a la inversa: mujeres plásticas, vacías de sentimiento, necesitadas de papeles para residencia y otras más que son ‘rápidas’. Todo esto, tarde o temprano, hace difícil convivir o llegar a una relación centrada en ambos sentidos”.

Le cuento esto a las fuentes anónimas que me inspiraron la columna y me preguntan: ¿entonces a dónde ir? Carla sugiere que vayan a museos o a una iglesia de la denominación que quieran, que siempre encontrarán hombres de buenos sentimientos. Romero dice lo suyo: “Hoy voy a lugares donde disfrutar de un vino y una conversación y no voy con ojos de águila, que lo que está pa’ti nadie te lo quita”.

No soy nadie para dar consejos, pero aquí aplico lo que es una regla en mi vida diaria y que me diera mi adorado hermano Raymundo Collins: “Si es para ti, aunque te quites... si no es para ti, aunque te pongas”.• 

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