María Antonieta Collins

Todos nuestros estudiantes deben estar protegidos

Un hombre escribe en la valla ‘No more guns: este es el momento’, mientras rinde tributo a las víctimas de la masacre de Marjory Stoneman Douglas High School.
Un hombre escribe en la valla ‘No more guns: este es el momento’, mientras rinde tributo a las víctimas de la masacre de Marjory Stoneman Douglas High School. dsantiago@miamiherald.com

La entrevista de Jorge Ramos a los padres de Joaquín Olivares, víctima de la masacre de Parkland, Florida, narrando la agonía de buscarlo hasta que les dieron la aterradora noticia de que se encontraba entre las 17 víctimas de Nikolas Cruz nos lleva a la pregunta: ¿Hasta cuándo tenemos que seguir soportando que masacren a los nuestros, tan indefensos, en los pasillos y salones de clase de una escuela, solo porque los políticos no se atreven a poner un alto, y nadie atiende las señales de tragedia alrededor de un demente como este, o como el de la escuela Sandy Hook, o como el de Las Vegas, o los de Columbine?

Mientras realizo una larga travesía de Miami a Los Ángeles la plática con una asistente de vuelo con base en la Florida me hace hallar la respuesta insólita en la comparación. “¿Qué hicimos todos –se pregunta ella– al subirnos a un avión inmediatamente después de la tragedia de los cuatro aviones del 11 de septiembre de 2001?”

Estar todos alerta y alertar a la tripulación de un avión de cualquier conducta sospechosa de un pasajero –le respondo–: “¿Acaso no debiera ser lo mismo?” Me dice y le vuelvo a responder que sí. Y ella sigue con sus explicaciones: “A partir de entonces no hubo una sola opción que no se contemplara meticulosamente para que no volviera a suceder una tragedia por falta de precaución. Todo se puso en práctica y de inmediato, no hubo una alerta que se ignorara. Todas fueron atendidas”.

Recuerdo que los pasajeros íbamos recelosos y efectivos para impedir el secuestro de un avión. Abordábamos un vuelo adonde fuera y mirábamos a todas partes. Al vecino de al lado, al de adelante y, al de atrás. Aprendimos a identificar a quien actuara de forma errática y si no, que se lo pregunten a los pasajeros del vuelo de American, el 062, de París a Miami. Ellos saltaron sobre un hombre que quería hacer explotar pólvora que traía escondida en un zapato, encendiendo un fosforo. Los pasajeros sentados a su lado saltaron sobre él y lo sometieron a la fuerza y lo controlaron para quitarle el artefacto. Y ya ni hablamos de las prohibiciones que cambiaron nuestra vida al viajar, medidas que, a diario, una tras otra, fueron efectivas de inmediato y que las siguen mejorando para evitar a toda costa otra tragedia.

“El gobierno cortó toda posibilidad –me dice la asistente de vuelo– de que hechos tan dramáticos vuelvan a tomarnos por sorpresa. Todo se ha perfeccionado al grado de que hoy, por ejemplo, es casi imposible que alguien entre a la cabina de los pilotos, como sucediera con los aviones derribados aquel terrible 11 de septiembre”.

Me pregunto por qué los políticos no trabajan copiando ese modelo efectivo para poner un alto no solo a los jóvenes armados, sino a las señales de alerta que lanzan los pistoleros y a las que nadie parece prestar atención sino hasta después que una tragedia ha sucedido?

¿Por qué no hacerle el mismo caso a estos potenciales asesinos como el de Parkland que incluso llamó al 911? ¿Por qué no se hizo caso a padres, vecinos y estudiantes que vieron las señales de desequilibrio de un potencial asesino? ¿Por qué no son investigados en vez de ignorar esas señales como sucedió con el FBI? ¿Por qué no se implementan medidas preventivas como las de los aviones?

No hacerlo es inconcebible, pero ahí está la experiencia y el éxito para copiarlo. ¿Por qué no hacer lo mismo con los que atacan nuestras escuelas y matan a los nuestros? ¡Que alguien nos diga por qué no puede hacerse lo mismo!

mariaantonietacollins@yahoo.com

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