María Antonieta Collins

María Antonieta Collins: ¿Recuerda desde cuándo no lo hace?

Estoy sentada en el restaurante del hotel en Recife, Brasil, el día antes de un crucial partido de la selección mexicana en el Mundial de Fútbol. Por todos lados pululan los aficionados mexicanos, cada uno con una mejor historia que contar de cómo hicieron para poder venir a este Brasil 2014.

Los ve uno con las banderas a la espalda como capas. Se les ve también luciendo con orgullo las camisetas, franelas, pulóvers –cómo quiera llamarle usted– qué muestran a que país pertenecen. Son la carta de presentación que dice a los demás “yo soy de....”

Pero volviendo a lo que quiero contarle, estaba sentada en el restaurante del hotel observando todo a mi alrededor –porque generalmente la hora del desayuno es la que me provee temas para mis columnas. De pronto, mi vista se fija en una pareja de mexicanos, que seguramente pasaban los 50 años de edad. Lucían como marido y mujer.

Comenzaron haciendo lo que pocos en un buffet: servirse un plato bastante discreto, tanto, que eso fue lo que llamó mi atención.

Después, mientras literalmente yo devoraba mi comida, aquella pareja se tomó de la mano y comenzó a rezar en silencio. Los tenía frente a mí y no pude sino dejar de comer y observarlos, y admirarlos. El esposo, con gran fervor, era quien dirigía aquella plegaria, y ella lo seguía.

Me pregunté entonces: ¿Recuerdas Collins desde cuándo no haces eso? Y aunque no me fui muy lejos en el tiempo, me di cuenta de que esa es una costumbre que hemos perdido en nuestra vida diaria.

Me dice alguien aquí en Brasil, “Esa es una costumbre de católicos y el mundo de la fe ha cambiado, ya no son los más importantes”, pero tengo que rebatirle el dato porque he comido con cristianos es israelíes, y todos acostumbran dar las gracias ante los alimentos.

“Sin ir más allá, quizá es asunto de educación en las casas”, tercia alguien en la conversación. “Los padres están muy ocupados en el trabajo, muchos tienen dos empleos para poder sobrevivir, así que en realidad les queda poquísimo tiempo para enseñar a sus hijos buenas costumbres, como aquella, que sin importar la religión, enseñaba que antes de poner un alimento en la boca, por lo menos un minuto en recogimiento bastaba para dar gracias a Dios por la comida cuando otros tienen poco o, peor aún, nada”.

Me quedo pensando en eso y me siguen viniendo a mi mente las imágenes de aquel matrimonio vestidos todos de verde la mañana del partido de México contra Croacia. Se me olvidaba contarle que, al fin reportera, no pude evitar la tentación de ir a hablar con ellos y ver el por qué de cuidar una tradición casi extinta. Aceptaron hablar con la condición de que sus nombres no aparecieran.

Llegaron desde el remoto estado de Tabasco en México siguiendo a la selección de su país. “¿Cómo dejar de dar gracias si estamos en un viaje increíble que solo por un milagro hemos podido realizar? ¿Cómo no hacerlo? El estado de donde venimos es muy lejano inclusive para la Ciudad de México y ¿dónde estamos?, en el también lejano Recife. Cuando nosotros nos llevamos un alimento a la boca, agradecemos a Dios que nos permita hacerlo cuando son miles los que en este mismo momento no tienen nada que comer”.

Eso sirve de reflexión y nos lleva a la pregunta: ¿Recuerda usted lector o lectora, hace cuanto que no lo hace?• 

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