María Antonieta Collins

El juez y la jurado número 16

El juez Alberto Milian en 2015.
El juez Alberto Milian en 2015. El Nuevo Herald

Cuando se dirigía a la corte de Miami a cumplir puntual con su cita, la jurado no sabía que sería conocida -al menos por ese día- con un número y que le tocaría el 16.

Iba armada de paciencia, como si fuera Job para esperar a ver si le tocaba en suerte ser escogida y formar parte de un jurado. Como todos ahí refunfuñaba lo mismo: el tiempo perdido por estar ahí sentada.

Cuatro horas después escuchó su número y partió rápidamente en un numeroso grupo de 40 personas hacia la sala de la corte del juez cubanoamericano Alberto Milian.

La jurado número 16 nada más de ver la sala cambió su perspectiva. Estaba en las hileras del jurado que de frente ven a la fiscal, al acusado y sus abogados y por supuesto a la figura más importante en un juicio: el juez.

Apenas abrir la boca, el magistrado dio una clase de civismo donde hizo saber a todos que era un día importante en sus vidas.

“Gracias por aceptar esta obligación con la que hay que cumplir tal y como nuestras leyes ordenan. Ustedes no tienen que pensar en la condena. Solo decidir si el acusado es culpable o inocente. Lo demás es mi trabajo. Esto también es cumplir con la patria”.

Milian mismo un miembro retirado de las Fuerzas Armadas sabe lo que la palabra patriotismo y cumplir con la patria significan. Indescriptiblemente así hizo sentir a aquel grupo de hombres y mujeres que en aquellos momentos ocupaban su cámara y que olvidaron la anterior retahíla de quejas por el tiempo que creían desperdiciado mientras estaban a la espera.

“Cada uno de ustedes es un jurado potencial, alguien muy importante aquí, y por esto, les pido honestidad en las respuestas a lo que les pregunte”.

De pronto, la crucial plática fue interrumpida por uno de los jurados que faltaba y quien fue buscado por todas partes, mientras parecía haber desaparecido a pesar de la orden de no alejarse. A causa de él todo se había retrasado. El hombre entró en la sala ignorando flagrantemente al juez Milian. Era una clara actitud de falta de respeto, viendo a los demás sin dar una disculpa, hasta que la voz del magistrado se escuchó directa.

“¿Sabe usted que desobedeció instrucciones y que todo en esta corte puede ser sancionado incluso con arresto?”

“Si” le respondió sin prestarle atención mientras se sentaba. Hasta ahí llegó la indolencia que el juez no permitió en su sala. “Por principio se responde “Si señor” –dijo Milian.

El maleducado supo que no podría jugar con él como seguramente lo hace con cualquiera, “Si Señor” le respondió de mala gana, pero aprendiendo la lección -que la jurado 16 y el resto agradecieron a Milian.

El juez después preguntó a todos su opinión sobre las armas de fuego, además dando una clase sobre estas y mostrando que difícilmente podrían envolverlo con trucos. Hizo más preguntas clave al grupo. La jurado 16 dijo lo que sentía: estaba totalmente en contra de las armas de fuego y peor aún automáticas y semiautomáticas que tantas tragedias han provocado. ¿Qué pensaban de testigos de la defensa que hubiesen sido convictos de delitos? Las manos volvieron a levantarse.

Milian estaba en lo suyo: asegurando la imparcialidad hacia el acusado de un crimen que costó dos vidas. Era estricto en seleccionar un jurado justo sin ningún prejuicio en contra del hombre. En eso reflexionaba la jurado 16 cuando se dio el receso antes de dar a conocer a los escogidos. Después agradeció a todos haber estado un día en su cámara y entregó un diploma que era como un 10 de calificación para los que no fueron escogidos.

Yo fui la jurado número16, y salí de aquella corte donde finalmente no me escogieron, sintiendo -gracias al Juez Milian- que hice algo por mi país, algo pequeño, sí, pero que da la satisfacción y el orgullo del buen ciudadano.

@CollinsOficial mariaantonietacollins@yahoo.com

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