María Marín

¡Se acabó, no aguanto más!

No fomento el divorcio ni las seperaciones amorosas pero existen cuatro situaciones destructivas en que motivo a una mujer a exclamar: “¡Se acabó! ¡No aguanto más!”. Estas cuatro conductas hacen casi imposible que un matrimonio sobreviva. Todas comienzan con la letra A: abuso, adicción, amantes y ¡aprovechados!

•  Abuso: Muchas mujeres maltratadas no se divorcian porque piensan que solas no podrán mantenerse y proveer para sus hijos. Otras aguantan por han sido amenazas, mientras que algunas tienen la esperanza que la situación cambiará. Pero los estudios muestran que la violencia doméstica es de naturaleza repetitiva. Te recuerdo que el maltrato físico, emocional o verbal, ¡es inaceptable!



•  Adicción: Si tu pareja tiene un problema de drogas, alcohol, juegos o cualquier vicio y no está dispuesto a buscar ayuda profesional, las posibilidades de salvar la relación son nulas. Algunas sienten culpabilidad y piensan: “Juré que estaría con él en las buenas y en las malas”. Cierto, pero no juraste ponerte en peligro a ti y a tus hijos con su comportamiento impredecible bajo la influencia de sustancias y el impacto financiero que representa su adicción.



•  Amantes: La herida emocional más difícil de sanar es una traición. Pocas parejas logran superar una infidelidad y vivir felices. Y quienes lo logran es porque el engaño sucedió sólo una vez. Repito, ¡una vez! Si le perdonaste una infidelidad y te volvió a engañar… ¡Divórciate! O acepta que te volverá a traicionar.



•  Aprovechado: Hay mujeres que se quejan de que están con un hombre que no aporta económicamente para los gastos del hogar y, para colmo, tampoco coopera con los hijos o las tareas de la casa. Quien actúa así, no te quiere, valora, ni respeta. Mi pregunta para las que aguantan: ¿Qué ven un vago, mantenido y desconsiderado?



Si trataste por todos los medios de salvar tu relación y no resultó, es hora de seguir caminos separados. Estarás triste por un tiempo, ¡pero sobrevivirás! No lo pospongas, como dice el refrán: “¡al mal paso, dale prisa!”.• 

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